LA LITURGIA DE LOS DONES PRESANTIFICADOS

 

Como ya hemos visto, en la Iglesia Ortodoxa no se celebra la Divina Liturgia eucarística los días de semana durante la Gran Cuaresma. Para ayudar a los fieles a sostener su esfuerzo espiritual durante la Cuaresma, se oficia la Liturgia de los Dones Presantificados. Este oficio es muy antiguo. Se sabe de él en forma oficial en los cánones eclesiásticos del siglo séptimo, lo que obviamente indica que su desarrollo fue mucho más temprano.

 

En todos los días de la Gran Cuaresma, excepto en los días sábado, los días domingo, y en la fiesta de la Anunciación, se debe celebrar la Liturgia de los Dones Presantificados. (Canon 52, Concilio Quinisexto, 692)

 

La Liturgia de los Dones Presantificados es un oficio vespertino.  Es la celebración de las Vísperas Solemnes de la Gran Cuaresma, con una seria de oraciones al final durante las cuales se da la Santa Comunión a los fieles. En esta liturgia, no se consagran los dones eucarísticos. La Santa Comunión que se da en la Liturgia de los Dones Presantificados ha sido consagrada el domingo anterior durante la Divina Liturgia; de ahí que este oficio recibe el nombre de Liturgia de los Dones Presantificados.[1]

 

Se celebra la Liturgia de los Dones Presantificados los días miércoles y viernes en la tarde, aunque en algunas parroquias es posible que se celebre sólo en uno de estos días. El día en que se celebra este oficio es de preparación espiritual y abstinencia total. Sin embargo, los fieles que desean participar de los dones eucarísticos en esta liturgia, y no pueden hacer la abstinencia total por razones de salud o de trabajo, normalmente se sirven una comida liviana, de acuerdo a lo que se prescribe comer durante la Cuaresma, temprano en el día.

 

Durante la lectura de los salmos de las Vísperas, se preparan los dones presantificados para la comunión y son solemnemente llevados desde la mesa del santo altar, donde han sido guardados desde la Divina Liturgia, hasta la mesa de la proskomidia. Después del himno vespertino[2] , se leen las lecturas de Génesis y de Proverbios. Entre estas dos lecturas, el sacerdote bendice a la congregación arrodillada con una vela encendida y el incensario, diciendo: “La Luz de Cristo ilumina a todos.” Esto expresa nuestra convicción que toda sabiduría es otorgada por Cristo en la Iglesia mediante las Sagradas Escrituras y los Sacramentos. Originalmente, esta bendición fue dirigida principalmente a los catecúmenos, aquellos que se preparaban a ser bautizados en el día de la Pascua de Resurrección, quienes asistían al oficio solamente hasta el fin de las lecturas.

           

            Después de las mencionadas lecturas, se canta solemnemente el Salmo 140(141), con el ofrecimiento de incienso. Luego, después de las letanías de intercesión y otras en que antiguamente se despedía a los catecúmenos, los Dones eucarísticos presantificados son llevados nuevamente al altar, en completo silencio, en una procesión solemne, pasando por el ambón como en la Gran Entrada de la Liturgia eucarística. El himno de entrada llama a los fieles a recibir la Santa Comunión :

 

Hoy las fuerzas celestiales invisiblemente celebran junto con nosotros. Pues ahora viene el Rey de la Gloria. Ahora se escolta el sacrificio místico ya ofrecido.

 

Con fe y amor, acerquémonos para ser partícipes de la vida eterna. Aleluya, aleluya, aleluya.

 

Después de la letanía y más oraciones, se reza el Padre Nuestro. Luego los fieles reciben la Santa Comunión mientras se canta el versículo del Salmo 34,  Gustad y ved cuan bueno es el Señor, Aleluya. Luego se cantan los himnos después de la comunión, y los fieles son despedidos con una oración a Dios quien “nos ha traído hasta estos santos días para purificar nuestras almas y cuerpos de las pasiones,” a fin de que nos otorgue su bendición para que podamos “luchar la buena lucha, completar el tiempo de ayuno, hasta llegar a  adorar la santa resurrección de Cristo.”

 

Tradicionalmente, se atribuye la Divina Liturgia de los Dones Presantificados a San Gregorio de Roma, Papa del siglo sexto. El oficio actual, sin embargo, lleva la marca evidente de la inspirada creación litúrgica del Bizancio Cristiano.

 


 

[1] Si la fiesta de la Anunciación cae entre el domingo y la celebración de la Liturgia de los Dones Presantificados, se reserva la comunión en la Divina Liturgia celebrada para la fiesta. Asimismo, si la Anunciación cae en un día en que normalmente se celebraría la Liturgia Presantificada, en su lugar se ofrece la Divina Liturgia eucarística (según San Juan Crisóstomo), de acuerdo al canon del siglo séptimo ya citado.

[2] Luz Radiante de la Santa Gloria, del Padre Inmortal y Celestial. Santo Bendito Jesucristo. Habiendo llegado al ocaso del sol y habiendo visto la luz vespertina, adoramos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, un solo Dios. Digno es en todo tiempo celebrarte con voces santas, oh Hijo de Dios, Dador de Vida. Por eso el mundo te glorifica.