VIRGEN MARIA, SU ENTRADA AL TEMPLO Y ALGUNOS  DETALLES DE SU VIDA (21 de noviembre).

Los que no son de la casa no conocen la vida y la historia de la casa. Lo mismo pasa  con la Iglesia,  los que no son de la Iglesia no conocen la vida y la historia de la Iglesia y con esto el Señor nos  revela quienes son los falsos y quienes son los verdaderos apóstoles y maestros de la Iglesia. Los que somos de la casa conocemos la vida y la historia de nuestra Iglesia en todos los temas con todos los detalles mas en un tema de tanta importancia  como lo es lo de la vida de la Madre del Señor, la Santísima Virgen Maria. En Galilea vivía un descendiente del rey David, San Joaquín, con su esposa la Santa Ana.  Ambos eran devotos y conocidos por su humildad y su misericordia.  Alcanzaron la vejez sin tener hijos.  Esto los apenaba mucho.  A pesar de su avanzada edad no cesaban de pedirle al Señor que les enviara Su bendición de tener un niño e hicieron la promesa de consagrarlo al servicio de Dios si se les concedía esa gracia ya que el no tener hijos y así  no poder tener la gracia de  ser descendiente de Mesías era considerado como un castigo de Dios por pecados cometidos. Por ello a San Joaquín, se  le  hacía  muy   difícil   aceptar  la  falta  de  hijos  porque  según   las profecías, Cristo el Mesías, pertenecería a la casa de David a la que él pertenecía.  Por su paciencia y su fe, Dios les otorgó una gran alegría, engendraron una hija. La llamaron María que significa, Señora, doncella, princesa. Ella no nació inmaculada, nació como todos los hombres con el pecado original,  la hizo inmaculada el Espíritu Santo en el día de la Anunciación del Señor. El único que nació inmaculado fue el Señor Jesús.  Cuando María cumplió tres años, sus piadosos padres se prepararon a cumplir su promesa, la llevaron al Templo de Jerusalén para consagrarla a Dios y el Sumo sacerdote Zacarías por iluminación divina la entrego en el Santo de los Santos la parte del Templo que pondría entrar el Sumo sacerdote una vez al año ya que todo lo que el Antiguo Testamento habla fue  una prefiguración del Mesías de la llegada del Señor nacido de una Virgen. María vivió y creció en el templo.  Allí, junto con otras niñas, estudiaba las Sagradas Escrituras, rezaba y realizaba tareas manuales.  La Santísima Virgen vivió allí doce años y creció con una profunda devoción y obediencia a Dios. Deseando servir solamente a Dios, hizo la promesa de no contraer matrimonio y entregarse al Señor. Sus padres no vivieron mucho tiempo y  Maria quedó huérfana. Cuando cumplió la edad que según la ley no podía permanecer mas en el templo y se vio en la necesidad de casarse.  El Sumo Sacerdote conociendo  su promesa  y  para no violar la ley de matrimonio, la desposó formalmente con su pariente lejano, San José, el anciano viudo quien se comprometió a cuidarla. El vivía en Nazaret y  pertenecía en la casa del Rey y Profeta David.  No era  rico y trabajaba como carpintero.  De su primer matrimonio con Salome, San José tuvo cuatro hijos, San Judas Tadeo, Ocías, Simón y Santiago, quienes se mencionan en los Evangelios como hermanos de Jesús.  La Divina Providencia así  protege la Virgen Madre y al Niño Jesús de la Ley que decía que una mujer soltera embarazada  debería ser apedreada.  La Santísima Virgen María llevó en la casa de José la misma vida humilde que había tenido antes. Según los Santos Padres, la Virgen, es la humanidad y creación misma que realiza su vocación de traer al mundo a su Creador para ser desposada por El y unida a El sin confusión. “Queriendo crear una imagen de la belleza absoluta y manifestar claramente a los ángeles y a los hombres la potencia de Su arte, Dios ha hecho verdaderamente a María totalmente bella. El ha reunido en Ella las bellezas parciales que El ha distribuido a las otras criaturas y la ha hecho como el común ornamento de todos los seres visibles e invisibles; o mejor, ha hecho de ella como una mezcla de todas las perfecciones divinas, angélicas y humanas, una belleza sublime embelleciendo los dos mundos, elevándose de la tierra hasta el cielo y sobrepasando incluso este último” (San Gregorio Palamás) Lo que Dios realiza en María, de una manera única y perfecta,  desea  realizarlo para todos los hombres. Es decir que cada fiel debe ser una pequeña iglesia,  templo de Cristo,  icono de la Madre de Dios.  Cada uno es llamado a seguir a aquella que es la santidad personalizada.