Los Oficios durante el tiempo de Navidad

La historia

Los evangelios no mencionan la fecha de la Navidad de Cristo: no intentan recordar estos detalles sino recordar a los creyentes el hecho increíble de Dios mismo hecho hombre naciendo de la Virgen en un pequeño pesebre en la ciudad de Belén.

 La fecha no fue establecida totalmente hasta el año 345 por influencias de San Juan Crisóstomo y de San Gregorio Nacianceno. La iglesia intentó asumir una fiesta pagana, reemplazándola por la fiesta de la Navidad de Cristo. La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal romano, el 19 de diciembre, en honor de Saturno, dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes. Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza.

La celebración litúrgica

En la Iglesia Ortodoxa tenemos una peculiaridad litúrgica muy importante: cada fiesta del año litúrgico tiene su período de preparación y su tiempo de despedida. La razón de esto es la necesidad que, como seres humanos, tenemos de preparar nuestra vida a la celebración litúrgica que se aproxima y la fiesta de la Navidad no es una excepción.

a) El Ciclo Navideño:

La celebración de Navidad comienza cuarenta días antes del 25 de Diciembre. La Iglesia Ortodoxa considera que la Navidad se inicia el 15 de Noviembre. Y esto es así por que la Iglesia inicia ese día el ayuno Navideño: por cuarenta días somos llamados a meditar en la Encarnación del Verbo de Dios, llamados a ver su humildad al nacer en una cueva y llamados a prepararnos para encontrar el real significado de la Navidad. Nos llama a ayunar para purificar tanto nuestras almas como nuestros cuerpos y entrar al misterio de la venida del Señor.

El ayuno de Navidad es un ayuno “ascético”, distinto del ayuno de Pascua, el cual es mucho más litúrgico. Sin embargo durante el tiempo del ayuno de Navidad toda una serie de himnos litúrgicos nos recuerdan la proximidad de la fiesta del Nacimiento de Cristo. Entre los himnos podemos mencionar el cambio que a partir del 15 de Noviembre sucede: el cambio de las Catabasias. Todos los domingos escuchamos “Abro mi boca y se llena del espíritu”, sin embargo el 15 de Noviembre los ortodoxos comenzamos a cantar:

 

 

Cristo ha nacido, glorificadlo!

¡Cristo viene de los cielos, recibidlo!

¡Cristo está sobre la tierra, elévense!

Cantad al Señor toda la tierra y

Alabadle, oh pueblos, con alegría

Porque ha sido glorificado. 

 

 

Esta es solo la primer catabasía de las nueve que cantamos las cuales detallamos a continuación:

 

 

3-

Al Hijo nacido del Padre,

sin cambio, antes de los siglos,

al Encarnado de la Virgen

sin simiente en los últimos tiempos,

a Cristo Dios alabamos diciendo:

“Tú que nos has fortalecido,

Santo eres, oh Señor!”

4-

¡Vara del linaje de Jesé,

 y de ella la Flor brotaste,

oh Cristo alabado, de la Virgen,

el monte sombrío y boscoso;

y encarnaste de la que no conoció varón,

oh Dios inmaterial.

¡Gloria a tu poder oh Señor!

5-

 Oh Amante de la humanidad,

como eres Dios de paz y Padre de misericordias, enviaste a tu “Ángel del gran consejo”

que nos otorga la paz. Por eso nosotros,

guiados ya hacia la luz del conocimiento divino, madrugamos con el alba y te glorificamos.

6-

La ballena arrojó de su vientre a Jonás

así como lo había tragado, ileso como un feto;

en cambio el Verbo habitó en la Virgen,

de ella tomó el cuerpo, 

y nació preservando a su Madre

inmaculada y sin daño.

7-

Los jóvenes que juntos crecieron en la devoción, despreciaron el incrédulo decreto,

sin temer la amenaza del fuego,

y dentro de la lumbre cantaban:

“¡Bendito eres Tú, oh Dios de nuestros padres!"

8-

Alabemos, bendigamos y adoremos al Señor.

El horno rociado prefiguró

el prodigio sobrenatural,

pues no quemó a los jóvenes que recibió,

tal como el fuego de la Divinidad

en el vientre de la Virgen no lo quemaría.

Por eso alabamos, cantando:

¡Que toda la creación alabe al Señor,

exaltándolo por todos los siglos!

 

 

De la misma manera, cuando cambiamos las Catabasías, la novena de éstas se canta al finalizar el llamado “megalinarion” (el canto de “Tu eres más honorable que los querubines” intercalada con versos del “magnificat” de Lucas). La novena Catabasía que cantamos en ésta fiesta reemplaza a lo que acostumbramos a cantar todos los domingos cuando decimos “Todos los seres terrenales que se regocijen en espíritu…” El himno de navidad dice así:

 

 

Engrandece, alma mía,

a quien es más honorable y 

más Gloriosa que los Poderes Celestiales.

Estoy mirando un misterio extraño y milagroso:

La cueva, cielo; la Virgen, trono querúbico;

y el Pesebre, lugar que contiene al incontenible,

 Cristo Dios, a Quien alabamos y magnificamos.

 

 

 Otro cambio importante en los matutinos del “adviento” es el del cambio de los Troparios que cantamos después del Evangelio Matutino (llamado habitualmente “Eotina”). La costumbre es leer el Evangelio y luego rezar el salmo 50. Esto permanece en la fiesta de la Navidad. Sin embargo, después del Salmo 50, acostumbramos cantar “por las intercesiones de los apóstoles…”. A estos los reemplazamos por los siguientes Troparios cantados en tono II:

   

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Hoy toda la creación se llena de gozo,

porque Cristo ha nacido de la Virgen.
Ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.  Amén.
Hoy toda la creación se llena de gozo,

porque Cristo ha nacido de la Virgen.
Apiádate de mí, oh Dios,

según Tu gran misericordia;

según Tu inmensa bondad, borra mi iniquidad.
Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra. 

Hoy Belén

recibe al que está sentado con el Padre por siempre.  Hoy los ángeles glorifican a Dios como merece,

 a Dios Niño nacido, exclamando:

 ¡Gloria a Dios en las alturas,

y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad!
 

 

Los Domingos y las fiestas anteriores a la Navidad

Dentro del período de cuarenta días que nos prepara para la fiesta de la Navidad del señor, encontramos en nuestro camino una serie de conmemoraciones muy importantes para recordar el porque de nuestro ayuno.

Durante los cuarenta días tenemos dos fiestas marianas: la entrada de maría al templo, su consagración al templo de Jerusalén, realizado por sus padres, Joaquín y Ana; así como la fiesta de la concepción de la madre de Dios.

Además del cambio de estos himnos litúrgicos, los dos domingos anteriores a la Navidad, la Iglesia conmemora a los predecesores de Cristo, tanto a sus predecesores directos como a los santos profetas del Antiguo Testamento que prepararon la venida al mundo de Nuestro Señor. El domingo anterior a la navidad es conocido como el “domingo de la Genealogía”: en el recordamos a todos los patriarcas del Antiguo Testamento y a los padres que precedieron la venida de Cristo al mundo. El domingo anterior a éste es conocido como el “Propateron” o domingo de los antepasados de Cristo en el que recordamos a sus padres y abuelos.

A partir del 20 de Diciembre la Iglesia comienza con el período llamado de “la preparación a la Navidad de Nuestro Señor Jesucristo” y, como bien lo dice el Padre Schmemman, la estructura desde ese día y hasta Navidad es similar a la Semana Santa, pues el nacimiento del Hijo de Dios es el inicio de nuestra salvación. Dentro de ésta semana se celebra el famoso oficio del “Paramon” o de la preparación a la Navidad, en el que, además de las horas reales y las Vísperas se celebra la Divina Liturgia de San Basilio el Grande, de la misma manera que lo haríamos un Viernes Santo antes de Pascua, pero con los cambios propios de la Navidad.

El Oficio de la Navidad

El 24 de Diciembre la Iglesia celebra las horas de la fiesta, las Vísperas y finaliza la celebración con la divina Liturgia, que, como ya lo dijimos, corresponde a San Basilio el Grande. Durante la celebración de estos oficios, las lecturas y los himnos que la iglesia canta, recuerdan la venida con poder del Hijo de Dios en la carne. Las Vísperas inician la Navidad de Cristo, en ella leemos ocho profecías del Antiguo Testamento, que atestiguan precisamente que Cristo es el cumplimiento de la promesa del Padre.

La Liturgia de San Basilio celebrada este día todavía recuerda que ésta fiesta era utilizada en un principio para los bautismos de los fieles. Por esto en el momento del “Trisagio” no cantamos “Santo Dios” como lo haríamos en casi todas las liturgias, sino “Vosotros que en Cristo os habéis bautizado”.

La lectura de la Epístola es también especial: el lector, que habitualmente lee el Prokímenon, lee la siguiente frase: “El Señor me ha dicho: Tu eres mi hijo, yo te he engendrado hoy, pídeme y te daré las naciones por herencia y hasta el fin de la tierra como tu posesión”.

Al finalizar la Liturgia el Sacerdote sale del santuario y llevando una vela en su mano derecha, rodeado por los miembros de la comunidad, entona el Tropario de la fiesta diciendo:

 

 

“Tu nacimiento, Cristo nuestro Dios,
ha mostrado al mundo la luz de la sabiduría.
Porque los que adoraban las estrellas

fueron enseñados por una estrella a adorarte,

oh Sol de Justicia,
Y a saber que tu viniste del Oriente de las alturas,
Oh Señor, gloria a Ti”

 

 

El 25 de Diciembre celebramos la culminación de la Fiesta: los cuarenta días de ayuno han llegado a su fin, reveemos nuestros anhelos puestos el 15 de Noviembre y comenzamos a ver los frutos del tiempo de preparación para la fiesta.

Los oficios antes de la Divina Liturgia permiten que se lea todo el Canon navideño: mientras el coro entona las Catabasias, el pueblo se acerca a venerar el icono de la Natividad del Señor.

La Liturgia es festiva y por lo tanto celebramos el oficio de San Juan Crisóstomo.

El Período posterior a la Navidad

El segundo día de la Navidad es dedicado a conmemorar a la Santísima Virgen María: la Iglesia interpreta que la Encarnación del verbo fue posible gracias a su intervención.

Padre Schmemman dice: “Su humanidad, concreta e históricamente, es la humanidad que recibió de María”. Por esto, esta conmemoración a la Madre de Dios es tal vez la más antigua conmemoración a María en la historia de la Iglesia.

Los oficios de Navidad dan término el sexto día de la fiesta, el 31 de Diciembre, cuando terminamos éste período para iniciar el de la Circuncisión y la Epifanía de Cristo.

 

Aporte de la Iglesia de Argentina.