Queridos Hermanos y Hermanas en Cristo:
El Evangelio de hoy, sobre la multiplicación de los panes y los peces, más que ser un hecho increíble, nos enseña sobre el profundo amor de Dios para con la humanidad, ya que así como en el Antiguo Testamento, Dios le dio “Maná”, ese alimento celestial milagroso, mientras el pueblo estaba en el desierto, en el exilio y se los dejó de dar al llegar a la Tierra Prometida, de la misma forma, Cristo, que es Dios, da este alimento, estos panes y peces, que es un símbolo de la comunión, de darse a sí mismo, mientras estamos en este exilio de nuestro verdadero hogar que es el Reino de los Cielos.
Por lo anterior, no vivamos en este mundo como si esto fuera lo único existente, como si no hubiese nada más, estamos aquí como pasajeros en una sala de espera para nuestro destino final, por ello no nos desesperemos tanto ni nos angustiemos, ya que estamos en un mundo caído, corrupto, injusto, luchemos eso si para que sea un mejor lugar, levantemos la voz por los más necesitados y desvalidos, progresemos, demos todo aquí, pero tengamos nuestra mirada y nuestro corazón fijos en nuestro verdadero sentido de la existencia, el cual es Dios, y no otra cosa.
Para que entonces afanarnos y trabajar como locos, o desesperarnos tanto cuando las cosas no resultan como nosotros queremos, entreguémonos más bien a la voluntad de nuestro Padre Celestial, escuchemos la Voz de su Hijo, y vivamos guiados por su Espíritu Santo.
Dios siempre va a querer lo mejor para todos nosotros, pero para disfrutar plenamente la existencia, debemos hacer su voluntad, pregúntate entonces ¿Qué quiere Dios de mi? Que Ame, que Perdone, que me Arrepienta, que Comparta, que ya no seamos muchos sino uno, es que acaso no hay gran alegría en tu corazón cuando te sientes unido a quienes amas, imagina entonces amar a todos los que te rodean, y sentirte que eres uno, ahí entonces sentirás la plenitud del Espíritu Santo fluyendo en ti, y no será necesario el nuevo auto u otro televisor, o viajar, para satisfacerte temporalmente de tu vacio, te liberarás de tus vicios y serás verdaderamente un hijo de Dios.
Te invito a comenzar con pequeños pasos diarios y constantes, comienza hoy mismo, saluda, se amable, generoso, escucha y no juzgues, dale gracias a Dios, ora y empezará el milagro de la vida a enraizarse en ti.
Padre Francisco Salvador