El conocimiento y la fe

“Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas”

Homilía de Monseñor Pablo Yazigi, Arzobispo de Alepo

Hay dos milagros en el texto bíblico que hemos escuchado. Los discípulos estaban solos en el barco con el viento en el mar, y Jesús no estaba con ellos. De repente, Jesús deja la costa y se dirige a ellos caminando sobre las aguas. Este fue el primer milagro. Los discípulos se turbaron, pensando que se trataba de un fantasma, y tuvieron miedo. De inmediato, el Señor les dijo: “Tengan ánimo, soy Yo; no teman”. Pedro respondió: “Señor, si eres tú, mándame que vaya a ti sobre las aguas”. De hecho, Jesús le dijo: “Ven”. Y Pedro bajó del barco y caminó sobre las aguas. Este fue el segundo milagro. El hecho de que Jesús camine sobre las aguas no es extraño, pero que Pedro, u otro, pueda caminar sobre las aguas no es fácil.

¿Cómo Pedro caminó sobre las aguas? En efecto, Pedro no caminó sobre las aguas, sino que caminó (apoyándose) sobre la fe. Mientras miraba a Jesús y creía en Su palabra, -“Ven”-, caminó sobre las aguas. Sin embargo, cuando miró a su alrededor y “pensó” en el mar y la fuerza del viento, comenzó a hundirse.

Este milagro revela la diferencia entre la fe y la ciencia. Pues la ciencia, la razón o la lógica, nos dice que el que camina sobre las aguas se hundirá. Esta es una realidad muy cierta. Sin embargo, la fe nos mostró que el que camina creyendo en la palabra del Señor, puede, con Dios, hacer lo que es imposible para la gente.

El conocimiento tiene dos niveles. El primero es el conocimiento natural y se refiere a la toma de conciencia, comprensión, análisis y utilización de los elementos de la naturaleza. En otras palabras, se trata de los conocimientos científicos, cuyas herramientas son la inteligencia y la lógica. El ámbito de su competencia es la investigación, la invención, el desarrollo, la construcción de las civilizaciones, la buena gestión en los asuntos de la vida humana, el uso de los recursos naturales, y su puesta al servicio del ser humano de la mejor manera. Es el conocimiento que llamamos “ciencia”. Hay un segundo conocimiento, es el conocimiento de la fe, que no está limitado por el primer conocimiento, pero cuyo alcance va más allá del primero. El primer conocimiento utiliza las capacidades racionales del ser humano para servirlo y satisfacer sus necesidades, mientras que el segundo conocimiento, el conocimiento espiritual, se utiliza cuando el primero queda impotente. Este conocimiento comienza a partir de las circunstancias ante las cuales el primer conocimiento llega a un callejón sin salida. Este conocimiento es lo que llamamos “fe”.

La fe no contradice la ciencia, como afirman algunos a veces. Sino que, la fe va más allá de la ciencia. La ciencia utiliza la mente humana mientras que la fe se guía por el pensamiento divino. Pedro no caminó sobre las aguas en base a su lógica y voluntad, sino que caminó conforme a la orden de Cristo y de Su voluntad. Al pensar como todo ser humano, Pedro empezó a hundirse, pero cuando, como hombre creyente, reincorporó el pensamiento del Señor y Su palabra, siguió caminando sobre los aguas.

El primer conocimiento, la ciencia, examina, analiza, argumenta y discute todo asunto de esta vida natural. Mientras que el segundo conocimiento, la fe, pide lo sobrenatural con un corazón creyente y confiado, y espera. El primer conocimiento es limitado en el campo de la cognición racional humana. El segundo conocimiento puede superar las leyes de la naturaleza. Pues, dónde está el Señor de la creación, quien puso el orden natural, allí es posible superar este orden. El hombre no conoce más que el orden creado; sin embargo, el Creador, quien puso este orden natural, es el único que sabe cómo moverlo, interferir en él o cambiarlo a voluntad para la salvación del hombre. La creatura no puede cambiar el orden natural, pero sí, puede explorarlo y utilizarlo. Mientras que el Creador es el único que tiene la capacidad de modificarlo. Nuestro conocimiento (nuestra ciencia) se limita siempre a las leyes de la naturaleza y, de acuerdo a ellas, todo aquel que camina sobre las aguas se hunde. Mientras que el conocimiento de Dios, si nos guiamos por él, es capaz de superar el orden de lo creado, pues es Él quien lo ha creado, instalado y organizado. De acuerdo a este conocimiento, el ser humano camina sobre las aguas.

Pero la pregunta es: si la fe no es la ciencia, y si la mente de Cristo es distinta de la mente humana, ¿acaso la fe elimina la ciencia? La fe utiliza el conocimiento divino porque cree en él y, cuando es necesario - según la voluntad de Dios - puede superar lo posible según el orden natural. Sin embargo, la fe, si bien supera la ciencia, no la elimina ni la contradice. El ser humano tiene la facultad de Dios de poder vivir solo por la fe, y no sólo en forma racional y culta.

El hecho de que la fe supere la ciencia no convierte la fe en algo a lo que le falte objetividad y racionalidad. La fe no es arriesgarse en un mundo desconocido, ni solicitar lo imposible. Porque Pedro no caminó sobre las aguas sino hasta que escuchó la palabra del Señor: “Ven”. ¡Nosotros no creemos en algo confuso, ni nos arrojamos a una suerte oculta, convenciéndonos que la irracionalidad es la fe! Creemos, sabemos, y tenemos la conciencia de que si algo es la voluntad del Señor, y que “Dios está con nosotros hasta el fin de los siglos”, entonces Su voluntad se volverá para nosotros una orden, y entonces escucharemos su llamado: “Ven”, y caminaremos sobre las aguas de lo imposible, no porque podemos, sino porque Dios quiso.

Entonces, ¿qué es la fe? La fe no es comprobación ni razonamiento, sin que esto significa eliminar lo evidente y lógico. La fe es la “lógica” en sí, y es “la sabiduría” en la mente, la que tiene conciencia de que podemos pensar no sólo acorde a nuestros pensamientos, sino también acorde al pensamiento de Cristo, realizar no sólo lo que queremos del orden de lo posible, sino hacer lo que Él quiere, aún del orden de lo imposible.

Si alguien se da cuenta de que algo es voluntad de Dios, y si tiene el deseo de actuar conforme a esta voluntad, entonces él puede en la fe decir que, aunque este deseo fuera imposible, sin embargo lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Aunque la ciencia o la razón demuestren que tal voluntad divina es imposible, sin embargo, si escucho el llamado del Señor, -“Ven”-, para realizarla, entonces caminaré confiado en quien dio a Pedro el caminar sobre las aguas sin hundirse, pues Su amor y voluntad me dan la fuerza para superar sobre todas las dificultades, aún las más realistas, y vencerlas.

Cuando el ser humano escucha la palabra de Dios, -“Ven”-, entonces camina por encima de la certeza de la ciencia o de la razón, no en el espacio de la insensatez, sino en la confianza en el pensamiento divino, que provee nuestra salvación en medio de su creación.

“Señor, ordéname, cuando quiera, que venga a Ti sobre las aguas, pues creo y no tengo poca fe”. Amén.