¿Providencia divina o humana?

“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura”

Homilía de Monseñor Siluan, Arzobispo de Buenos Aires y toda Argentina

La lectura de este pasaje del evangelio nos llama la atención particularmente por su actualidad. Describiendo la naturaleza de nuestras preocupaciones cotidianas, el Señor marca una línea entre nuestra providencia y la providencia de Dios, y señala la pobreza del hombre por su actitud de confianza en su providencia más que en la providencia de Dios.

Efectivamente, el diagnóstico del Señor se aplica a nosotros hoy. Vivimos en un círculo cerrado de consumo, de preocupaciones y de necesidades ficticias, con una tendencia como nunca mayor, que consiste en mejorar supuestamente el nivel de vida, como si la vida en la tierra fuera la finalidad de nuestra existencia.

Es cierto que el hombre es gerente de la creación según el mandamiento de Dios en el paraíso a Adán y a Eva: “Tomó pues, el Señor Dios al hombre, y le puso en el jardín de Edén para que lo cultivase y guardase” (Gen 2:15). La intención divina es dar al hombre la facultad del manejo de su vida y de la creación, cuyo reflejo son las varias disciplinas actuales: la economía, la educación, la salud, las finanzas, etc. Sin embargo, el hombre convirtió la intención divina por su manera de manejar su vida, y, desde la dimensión de una persona capaz de conversar con Dios, se redujo en una caricatura bajo la tiranía de las necesidades, de las preocupaciones y del placer. En consecuencia, el hombre se esclavizó al paradigma socio-económico. La creación, como medio de levantar al hombre hacia su Creador, se transformó en una prisión dura, y la vida terrenal se transformó en una lucha contra la muerte.

En efecto, la providencia humana que se encuentra fuera de Dios hace lo posible para alejar el instante de la muerte, y genera las distintas preocupaciones que tenemos por temor a la muerte. Al contrario, la providencia divina piensa al hombre no contra la muerte corporal, sino en esa perspectiva. Por lo tanto, ella prepara el encuentro del hombre con Dios. Así, hay dos maneras de pensar la línea divisoria, o sea la muerte, que separa las dos providencias. La primera forma de ver la línea es como una terminal en sí misma, mientras que la segunda manera de verlo es como si fuera un pasaje. Por eso, el Señor quería guiar la providencia humana hacia su finalidad como pasaje a otra dimensión, acordándonos de su providencia hacia la naturaleza vegetal y animal. ¡Cuanto más sería pues su providencia hacia nosotros! No olvidemos que, para cumplir su providencia, Él se encarnó para mostrarnos el camino con su ejemplo, sus palabras y sus obras.

Es significativo mencionar el relato de lo que pasó hace dos siglos con los navegantes de un navío ruso cuando visitaron a San Herman (+1837) en una isla de Alaska. Después de haber dado la bienvenida a todos, San Herman les preguntó sobre lo que quería cada uno en su vida. Unos querían casarse o realizar estudios, otros tener un negocio o un navío propio, otros tener hijos, etc. Cuando terminó el turno de todos, San Herman les preguntó nuevamente: “¿Acaso esos deseos que tienen no se pueden juntar en uno solo?”. Contestarle era difícil para ellos porque no pudieron juntar la variedad de sus deseos en uno solo. Entonces San Herman tomó la palabra: “¿No es cierto que Dios nos ama y nos da todo lo necesario para nuestra vidaEso es fácil de contestarlo por una mirada hacia la creación. Si eso es el caso, entonces si amamos a Dios, el nos dará lo que necesitamos. San Herman concluyó con una frase muy famosa: Amemos pues a Dios cada día, cada hora y cada minuto”. Desde entonces, empezó a explicarles desde el Evangelio cómo eso se puede vivir en la realidad.

La respuesta de San Herman dio un vuelco a las prioridades humanas e indicó precisamente en qué dirección debemos dirigir nuestro esfuerzo para que nuestra providencia humana se armonice con la providencia divina. Es un consejo que coincidió perfectamente con la conclusión del Señor al final del pasaje del Evangelio: “Buscad primero el Reino y su justicia y todo eso se os dará por añadidura”.

Que Dios ilumine nuestra inteligencia en la búsqueda de su reino y su justicia. Amén.