Instituto de Teología San Ignacio de Antioquía

 

         Charla a alumnos de iconografía -  2 de Junio de 2016

 

         En el aniversario 40ª del Nacimiento al Cielo de Vladika Leonty Filipovich                    

Respecto de las cosas que hacemos o tenemos,  o de los actos que realizamos, podemos hacernos tres tipos de preguntas:

 

Qué son o qué significan

Qué valor tienen

Qué trascendencia tienen

 Veamos unos ejemplos sencillos:

 Un billete, qué es para un niño muy pequeño: es  un papel pintado

Qué valor tiene para él: ninguno, salvo tal vez para hacer avioncitos .

Para nosotros, un billete es un documento emitido por el Banco Central de Chile que tiene un valor económico.

 ¿Qué trascendencia tiene?

Facilita todo tipo de operaciones comerciales y económicas.

Permite acumular valor económico.

Realmente fue un gran invento de la humanidad, ya que facilitó las transacciones y aumentó los intercambios de productos y servicios.

Todo esto trasciende al billete en sí.

 Más de alguien que no sabe nada de fútbol ni le interesa, no puede entender cómo veintidós personas corren detrás de una pelota.

 Qué es entonces para la gran mayoría: se trata de un deporte que se juega con los pies y la cabeza, no con los brazos ni las manos, y que se gana al rival metiendo más goles que él.

 Se trata de un deporte colectivo, dinámico, de estrategia y tácticas, de jugadas individuales, etc. Mientras más se conoce el fútbol, viéndolo o practicándolo, más puede apreciarse este deporte.

¿Qué valor tiene? El de ser un buen ejercicio individual y de compañerismo para quien lo practica, o de ser un grato espectáculo para quien lo contempla.

 ¿Qué trascendencia tiene?

Canaliza las pasiones, une a un país, brinda satisfacciones o pesares, etc. Esto va más allá del fútbol propiamente tal; trasciende al deporte.

Veamos estas tres preguntas aplicadas a los sagrados íconos:

¿Qué son o qué significan?

 Son trozos de madera pintada; esto es lo mínimo que se puede decir de ellos.            

 Atención con esto: escribir m y luego mamá en la pizarra; desarrollar el nivel creciente de significado por obra de los signos lingüísticos y de nuestra mente, y cómo trascendemos de lo gráfico a lo real, la mamá, y hacia el concepto universal de maternidad….. 

Son pinturas que se realizan utilizando técnicas antiguas y materiales como pigmentos de colores, yema de huevo, etc.

 Son dibujos o pinturas de personas, pero que no se ven como reales.

 Son obras de arte que hallan en las Iglesias

 Son obras de arte religioso que representan a Cristo, la Virgen María, los Santos, etc.

 Significan la oración del pintor, quien las ha ido plasmando en obras de arte.

 Y así podríamos seguir mencionando distintas consideraciones que las personas pueden tener acerca de los íconos

 ¿Qué valor tienen?

 ( qué utilidad tienen, para qué me sirven, qué me provocan)

 Veamos primero algunos valores de carácter objetivo:

 Valor histórico (tipo de pintura de siglos anteriores).

 Valor artístico (en cuanto a su belleza, su perfección técnica, etc).

Valor económico, como todas las cosas.

Valor como decoración religiosa del templo, hogar, oficina.

Valor como representación de personas sagradas.

Veamos ahora valores más personales, no tan objetivos:

Valor como presencia propia (frente a un ícono es como si uno estuviera delante de una persona muda que me mira, no como delante de un cuadro de un paisaje o de una naturaleza muerta).

Es como estar frente al retrato familiar del abuelo muerto.

Valor como acompañamiento espiritual ( la cercanía a un Ícono Sagrado hace que no me sienta solo; siento la protección de la Virgen, siento la bendición del Señor, siento el acompañamiento de los Santos.

 Valor como elemento que facilita una ocasión y lugar de recogimiento, meditación y oración.

 ¿Qué trascendencia tienen?

 ¿Hay algo más allá del ícono en sí mismo?  Veamos:

 Frente al retrato del abuelo, ¿solamente me hallo  ante a una fotografía?

¿O hay alguna conexión con mis recuerdos?

 con mi imaginación ( ¡cómo hubiera disfrutado el triunfo de Chile,  él que amaba, gozaba y sufría el fútbol! )

 Alguna conexión con mis interrogantes ( ¿dónde estará ahora, cómo estará, estará junto a su madre? )

 El retrato, la simple fotografía del abuelo está ahí, estática, pero dentro de mí algo se moviliza y se proyecta fuera de mí.

 La “aparición” del abuelo ante mis ojos, a través de su imagen,  hace que yo mire hacia mi interior; y desde lo más profundo de mi ser, una mirada espiritual se proyecta hacia afuera, a tratar de ver más allá de lo visible.

 Los íconos están llenos de símbolos; de eso no voy a hablar ya que seguramente Gerardo Zenteno- gran iconógrafo- siempre lo enseña de forma magistral.

 Tampoco deseo referirme a la técnica que se utiliza, a los dibujos y colores, a las maderas, etc. y  a todo lo que hace que los íconos sean tan característicos y únicos, que nos provocan ese algo espiritual dentro de nosotros.

 Estos son elementos que tienen que ver con los íconos en sí mismos, como obras de arte, resultado de horas de paciente trabajo y oración, que paso a paso va creando el ícono conforme a las reglas y cánones de la tradición iconográfica, celosamente mantenida como es lo propio de la Iglesia Ortodoxa.

De lo que realmente quiero hablarles es de lo que trasciende a los íconos considerados en sí mismos.

De aquello que los fundamenta como objetos sagrados, portadores de la Gracia Divina, y que por lo mismo frente a ellos nos sentimos espiritualmente transportados.

Decimos que son IMÁGENES sagradas de Personas Santas, de Personas Transfiguradas.

 Detengámonos un momento en este concepto, el de imagen.

 ¿por qué decimos que éste es mi abuelo, cuando vemos su retrato?

 Por su parecido, porque tienen los mismos rasgos fisonómicos.

 Si vemos a alguien, a una persona, podremos luego reconocerla al ver una foto suya.

Y viceversa, habiéndola visto primero en una fotografía, el cine o la televisión, la podremos reconocer después en persona.

 En estos casos, la imagen se fundamenta en el parecido que tiene con el modelo original.

 Pero hay otro tipo de imagen, que se fundamenta de otro modo más profundo y complejo.

Un hijo es imagen de su padre,  no sólo por el parecido fisonómico que puedan tener, sino porque el padre engendra a su hijo.

 Una encina produce bellotas; un manzano, manzanas y un peral, peras.

 Una de esas bellota cae en tierra, echa raíces y según su propia naturaleza llega a convertirse en una frondosa encina, no así en un manzano ni en un peral, que tienen otra naturaleza.

 Esta nueva encina es imagen de la primera, de aquélla que dio como fruto  las bellotas.

 La imagen fotográfica o el retrato al óleo de una persona, no es  la misma clase de imagen que es un hijo respecto de su padre; o de la nueva encina respecto de la anterior.

 Aunque una fotografía presente idénticos rasgos que la persona fotografiada, la materia de la que está compuesta la fotografía nada tiene que ver con la naturaleza de la persona, de carne y huesos.

 Sin embargo, aunque un hijo no sea idéntico a su padre, sí es de su misma naturaleza.

  El retrato del abuelo es una imagen de su humanidad: él fue un hombre que existió como tal; lo vimos, lo tocamos, lo fotografiamos…

 Nos queda su imagen reflejada en una fotografía; o mejor dicho, la fotografía es su imagen pictórica.

 Si Cristo se hubiese encarnado en nuestros días, seguramente lo hubiéramos fotografiado. Tendríamos muchas imágenes de su persona, así como filmaciones de sus obras, sus prédicas , de sus milagros

 Después de su Ascensión a los cielos, al ver esas imágenes de su Persona, se nos haría presente nuevamente: se re-presentaría.

 Bueno, apareció a la humanidad hace unos dos mil años y por tanto sólo tenemos su imagen iconográfica; lo mismo de la Santísima Virgen María, pintada por San Lucas, que además de médico era pintor.

 Ojo: no son imágenes carnales  sino del cuerpo transfigurado, santificado, lo que representan los íconos.

 Ahora bien, aquí se presenta un problema; veamos:

 1. La foto del abuelo, ¿captó su humanidad?  Por supuesto que sí.

 2. La foto que hubiésemos tomado a Nuestro Señor Jesucristo, ¿hubiera captado sólo su humanidad?

 3. ¿Hubiera captado también su divinidad?

 4. Y si realmente captó también su divinidad,

¿podría la fotografía de Jesucristo transportarnos hasta el Padre Celestial?,

ya que el mismo Cristo dice a Felipe “El que me ve a mí, ve al Padre”, según consta en el Evangelio de San Juan 14,9.

Y San Pable dice a los Colosenses, “Cristo es la imagen visible del Dios invisible”.

 5. ¿No será falso todo esto?

6. ¿O demasiado atrevimiento hacia Dios?

 Repito la problemática.   ( 1. a 6.). No crean que esto es pura palabrería sacada de alguna imaginación afiebrada y que no tiene mayor importancia.

 Por cuestiones como éstas  la cristiandad guerreó durante 117 años, del 726 al año 843.

 Se le conoce históricamente como el conflicto entre iconoclastas e iconodulos, siendo éstos los defensores de los santos íconos, principalmente monjes que salieron de sus conventos para luchar dando su vida junto al pueblo cristiano, contra el emperador bizantino y una gran cantidad de obispos y clérigos iconoclastas, al objeto de detener la destrucción masiva de los sagrados íconos. Realmente se destruyeron muchísimos.

Pero además de la encarnizada lucha para salvar físicamente los íconos, había que plantear una sólida y argumentada defensa teológica frente a lo sostenido por el  emperador iconoclasta.

Los iconoclastas no odiaban los íconos por un capricho malévolo, sino que tenían argumentos que, según su parecer, justificaban su acción persecutoria y destructiva.

Sostenían que no es posible pintar una imagen de Cristo porque, por una parte, pintarlo significaría querer circunscribir o limitar al  Hombre que hay en Cristo, y por otra, querer incluir y comprender, en la pintura del ícono, la Divinidad de Cristo.

Los defensores replicaban esos argumentos sosteniendo que si el Verbo se hizo verdaderamente carne y habitó entre nosotros, eso significa que el Verbo se hizo circunscribible ( su cuerpo no era infinito sino el de un ser humano) y se hizo corporalmente tangible, razón por la cual el Verbo eterno de Dios puede ser representado en una imagen.

 Aquí queda planteado el problema.

Si Dios quiere, en una próxima charla podríamos ver cómo se desarrolló esta disputa teológica, en la que triunfó la defensa de los íconos, cuyos argumentos son los que fundamentan el sentido sagrado que tienen los íconos, su valor y trascendencia como portadores de la Gracia Divina hacia nosotros.

 ¿Les parece? Muchas gracias por su atención, interés y paciencia.

¿Hay dudas o preguntas?