Vemos a la Santísima Virgen yaciendo, rodeada de los Santos Apóstoles, y a Cristo como Imagen

Central recibiendo el alma de María como una pequeña niña entre sus brazos.

El icono de la "Asunción de la Santa Madre de Dios" presenta la dormición de la Virgen María y su asunción al cielo por parte de Jesucristo. En el icono de la "Asunción de la Madre de Dios" de Pskov, del siglo XIII, la Virgen, que se ha dormido, se encuentra rodeada por los apóstoles dolientes. Más allá de los apóstoles, están también los santos obispos. En las ventanas vemos a las mujeres, que lloran. En el icono prevalecen tonalidades oscuras y sombrías. Pero el manto sobre el que la Virgen se encuentra es luminoso y esto nos comunica que ella acepta con serenidad y alegría su muerte. En la base de la composición está el triángulo. Los personajes principales son la Madre de Dios, cuyo cuerpo está extendido sobre un catafalco, y Jesucristo, que se yergue sobre de ella y tiene en las manos a un niño fajado de vestidos resplandecientes de color blanco como la nieve. Este niño representa el alma inmaculada de la Virgen María.
La figura de Cristo Salvador es muy vertical. Con ello se afirma la contraposición y la superioridad de la vida inmortal en el reino de los cielos, con la muerte y la limitación de la vida sobre la tierra.
Golpea el dolor de los apóstoles: no entienden todavía la grandiosidad de lo que está sucediendo, del triunfo de la inmortalidad sobre la perfección de la vida terrenal de la Madre de Dios. Solía llevarse el icono de la Dormición a la casa de los moribundos. Esta imagen consolaba y daba paz: en el icono se afirma la inmortalidad del alma y la vida eterna.
La representación, en el mismo icono, al mismo tiempo, de más acontecimientos, fue una práctica normal y no suponía ninguna dificultad en la veneración de la imagen. Tal tradición también existió en el arte europeo, pero se extinguió hacia finales del siglo XV. 
La Dormición de la Madre de Dios tuvo lugar en la casa de Juan Evangelista, dónde vivía después de la crucifixión de Cristo. Como es habitual, según la tradición y los cánones del lenguaje simbólico de la iconografía, no se representa la parte interior de la casa, sino las columnitas que marcan el edificio en que se está produciendo el hecho. 
En el icono de la Dormición se representan dos espacios distintos. Uno es real: a él pertenecen el lecho de la Virgen, los apóstoles, los santos y el fondo arquitectónico; el otro es místico, es el de Cristo. Ambos espacios están vinculados a la acción mística, la asunción del alma de María: el espacio místico permanece invisible para los que están alrededor del lecho de María.
El Hijo de Dios, nacido de la Virgen, ha tomado semblante corporal y humano, ha venido a tierra y ha vivido en el normal espacio terrenal. Después de la crucifixión y la muerte sobre la cruz, ha resucitado y ha entrado en otro espacio "que no es de este mundo", y que se indica en los iconos con la mandorla, la aureola, llena de fuerzas celestes: los ángeles "invisibles". En Europa se han hecho muchas imágenes dedicadas a la Dormición de la Virgen Maria. Pero allí este acontecimiento se enseña de un modo totalmente diferente. 
He aquí, por ejemplo, un relieve de la catedral de Estrasburgo, de la primera parte del siglo XIII. Alrededor del lecho de la Madre de Dios están los apóstoles. Cristo acoge el alma de la Virgen, pero se encuentra entre los apóstoles y externamente es igual a ellos. No se le ha dado ninguna relevancia. Él inclina la cabeza del mismo modo y en la misma dirección que los otros apóstoles. La figura de Cristo no llama la atención. Hace falta buscarla, y podemos encontrarla sólo gracias a la figurita que representa el alma de la Virgen. La composición tiene un carácter narrativo y prosaico, aunque contiene el aspecto del dolor.
En las imágenes de la Dormición creadas por el arte europeo, han dejado gradualmente de presentar a Cristo de pie entre los apóstoles y han empezado a representarlo en una aureola, que baja de lo alto y se detiene sobre el lecho mortuorio. Muy pronto, la aureola se ha transformado en una nube. La interpretación realista de este acto de cooperación de los dos mundos -el terrenal y el celestial- ha conducido a un resultado lamentable: el sentido místico de la Dormición de la Madre de Dios se ha vuelto cada vez más débil o se ha perdido del todo. 
Y por último, Andrea Mantegna (1431-1501), un pintor italiano del alto Renacimiento, presentó la escena de la Dormición sobre el fondo de un paisaje mundano, que se abre por fuera de una gran ventana de la pared, bajo la que se encuentra el lecho. El canon iconográfico tiene un carácter particularmente formal. Los nimbos se han transformado en discos rígidamente pegados a la extremidad, orientados según los movimientos de la cabeza. Ya no son símbolos del resplandor de la santidad, sino extraños objetos materiales. Y la misma Dormición de la Madre de Dios ya no es dormición alguna, sino la muerte... Cristo, que lleva el alma de la Virgen María, está representado en la parte alta del cuadro, pero esta parte, en un momento dado, fue cortada.