El Ciclo de la Navidad

Padre Alexander Schmemann

Como Cristianos Ortodoxos, nosotros comenzamos la celebración del Nacimiento de Cristo — 25 de diciembre— con un tiempo de preparación. Cuarenta días antes de la fiesta del nacimiento de Nuestro Señor nosotros entramos en el período del ayuno de Navidad: para purificar nuestra alma y nuestro cuerpo para entrar propiamente y compartir la gran realidad espiritual de la venida de Cristo. Esta época del ayuno no es tan intensa litúrgicamente como es característica de la Gran Cuaresma; más bien, la Cuaresma de Navidad es más "ascética" que "litúrgica." No obstante, el ayuno de Navidad se refleja en la vida de la Iglesia en varias notas litúrgicas que anuncian la fiesta venidera.

Dentro de los cuarenta días de preparación el tema del Nacimiento se introduce en los servicios y las conmemoraciones litúrgicas, poco a poco. Si el principio del ayuno el 15 de noviembre no se marca litúrgicamente por cualquier himno, cinco días después, en la víspera de la Fiesta de la Entrada del Theotokos en el Templo, nosotros tenemos el primer anuncio de los nueve "hirmoi" del Canon de Navidad: "Cristo nace, glorifíquenlo! "

Con estas palabras algo cambia en nuestra vida, en el aire que nosotros respiramos, en todo el ánimo de la vida de la Iglesia. ¡Es como si nosotros percibimos lejos, muy lejos, la primera luz de la más grande alegría posible — la venida de Dios a Su mundo! Así la Iglesia anuncia la venida de Cristo, la Encarnación de Dios, Su entrada en el mundo para su salvación. Entonces, en los dos domingos precedentes a Navidad, la Iglesia conmemora a los Antepasados y a los Padres: los profetas y los santos del Antiguo Testamento que prepararon la venida, que fueron parte de la historia de esa espera, que esperaron por la salvación y conciliación de humanidad con Dios. Finalmente, el 20 de diciembre, la iglesia empieza la Pre-fiesta del Nacimiento cuya estructura litúrgica es similar a la Semana Santa Pascual precedente—porque el nacimiento del Hijo de Dios como niño es el principio del ministerio salvador que lo llevará, por nuestra salvación, al último sacrificio de la Cruz.