Por el Rev. Padre Thomas Hopko

El Protopresbítero Thomas Hopko, ha sido rector del Seminario de San Vladimir en Nueva York por varios años, ha publicado mas de una decena de libros, y formado a centenares de teólogos.

Se destaca por su sencillez al hablar, ser muy directo, e inspirar a sus oyentes.

  • Bachiller en Estudios Rusos - Fordham University, 1960

     

  • Master of Divinity - St Vladimir's Orthodox Theological Seminary, 1963

     

  • M.A. en Filosofía - Duquesne University, 1968

     

  • Ph.D. en Teología - Fordham University, 1982

Capítulo 1
Las Fuentes de la Doctrina Cristiana

 

Capítulo 2
El Símbolo de la Fe
Capítulo 3
La Santísima Trinidad

 

 

 

 CAPÍTULO 1

LAS FUENTES DE LA DOCTRINA

 

REVELACIÓN

Todos los días por la mañana en el Oficio de Matutinos, la Iglesia Ortodoxa proclama: "Dios es el Señor y Él se ha manifestado a nosotros; bendito sea el que viene en nombre del Señor". (Salmo 118, 26-27) El primer fundamento de la doctrina Cristiana  se encuentra en esta frase: "Dios se ha manifestado a nosotros".

 

Dios se ha mostrado a Sus criaturas. Sin embargo, Él no ha revelado Su Ser más intimo, ya que su esencial totalidad no puede ser comprendida por las criaturas. Dios verdaderamente ha mostrado sólo lo que los hombres pueden ver y comprender de su Naturaleza y Voluntad Divina.

 

La plenitud y perfección de la Revelación de Dios se encuentra en su Hijo Jesucristo; Él es el cumplimiento de la Revelación gradual y parcial de Dios en el Antiguo Testamento. Jesús es el único verdaderamente "Bendito... que viene en el Nombre del Señor".

 

El primer título que el pueblo da a Jesús es el de Rabí, que literalmente significa “aquél que enseña”. En el Nuevo Testamento también se usa la palabra Maestro, en el sentido de aquel que enseña. Los seguidores de Jesús se llamaban discípulos, que literalmente significa alumnos, aquellos que aprenden.

 

Jesús vino a los hombres como el Divino Maestro enviado por Dios. Él enseña la Voluntad de Dios y hace conocer a Dios a los seres humanos. Revela totalmente, tanto como a los seres humanos puedan llegar a comprender, los misterios del Reino de Dios.

 

La venida de Jesús como Maestro, es un aspecto de Él como Cristo el Mesías. La Palabra Cristo en griego es equivalente a la palabra Mesías en hebreo, que significa el ungido de Dios. Pues fue predicho que cuando llegara el Mesías, los seres humanos serian "enseñados por Dios". (Is.54, 13; Jn.6, 45)

 

Jesús llega a los hombres como el Divino Maestro. En muchas diferentes ocasiones afirmó que sus palabras eran las de Dios. Habló "como quien tiene autoridad", y no como los doctores del pueblo judío. (Mt.7, 29) Acusó a los que lo rechazaron a Él y a sus enseñanzas de que estaban rechazando a Dios mismo. "El que cree en  mi, no  cree en  mi,  sino  en  el que me envío. Y el que  me ve,  ve  al  que  me envío. Yo, la Luz, he  venido  al  mundo a fin que quien  crea en mí no permanezca en tinieblas...  porque no  he  hablado  por  mi  propia  cuenta;  el Padre que me envió,  él  me  dio  mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento  es  vida  eterna.  Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como  el  Padre me lo ha dicho". (Jn.12, 44 al 50)

 

Jesús enseñó a los hombres no sólo con Sus palabras, sino también con Sus acciones, y ciertamente por Su propia persona. Se refirió a Sí mismo como la Verdad (Jn.14, 6) y como la Luz. (Jn.8, 12) Se mostró no sólo hablando las palabras de Dios, sino siendo Él mismo Verbo (Palabra) Vivo de Dios humanamente encarnado, el Logos Eterno y No Creado, Quien se hizo hombre como Jesús de Nazaret, para que Dios fuera conocido en el mundo. “En el principio existía el Verbo: Y el Verbo estaba con Dios. Y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por él y sin el no se hizo nada cuanto existe. En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino que debía dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que lo recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; el cual no nació de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y el Verbo se hizo carne, y puso su morada en nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: "Este era del que yo dije: El que viene detrás de mi se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo”.

Pues de su plenitud hemos recibido todos y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: El Hijo Unico, que está en el seno del Padre, él lo ha contado”. (Jn.1, 1 al 18)

(La lectura del Evangelio para la Divina Liturgia en la Fiesta de la Resurrección en la Iglesia Ortodoxa.)

 

Jesús, el Divino Verbo de Dios en carne humana, viene a enseñar a los hombres con Su presencia, Sus palabras y Sus acciones. Sus discípulos fueron enviados al mundo para proclamarlo a Él y a su Evangelio, que literalmente significa la "Buena Nueva" del Reino de Dios.  A quienes Jesús envía se los llama  Apóstoles, que literalmente quiere decir "aquellos que son enviados". Los apóstoles son inspirados directamente por el Santo Espíritu de Dios, el Espíritu de la Verdad (Jn.15, 26), para "hacer discípulos de todas las naciones enseñándoles lo que Cristo había mandado”. (Mt.28, 19)

 

 La Iglesia primitiva "acudía asiduamente a la doctrina de los apóstoles". (Hech.2, 42) La palabra Doctrina en si simplemente quiere decir enseñanza o instrucción. La doctrina de los apóstoles es la doctrina de Jesús y pasa a ser la doctrina de la Iglesia Cristiana. Es recibida por los discípulos de cada época y generación como la doctrina de Dios. Es proclamada en todo tiempo y lugar como la doctrina de la Vida Eterna, mediante la cual todos los seres humanos y el universo entero, son iluminados y salvados.

 

Ahora, debemos resaltar que, así como el hecho histórico de la Revelación de Dios en la historia mediante el pueblo escogido de Israel, revelación que culmina en la venida de Cristo como Mesías, es de primera importancia, es también doctrina de la Iglesia Cristiana que toda verdadera búsqueda de los seres humanos para encontrar la verdad se cumple en Cristo. Toda búsqueda auténtica del significado de la vida encuentra su perfección en el Evangelio Cristiano. Así, los Santos Padres de la Iglesia enseñaron que los anhelos de las religiones paganas y la sabiduría de muchos filósofos también pueden ser una preparación de los hombres para recibir la doctrina de Jesús, y que son caminos válidos y verdaderos para llegar a la Única Verdad de Dios.

 

De esta manera, los cristianos consideraron que ciertos filósofos griegos fueron iluminados por Dios para servir la causa de la Verdad y conducir a los seres humanos a la plenitud de la vida en Dios, ya que la Palabra y la Sabiduría de Dios son reveladas a todos los seres humanos, y se encuentran en todos aquellos quienes en la pureza de sus mentes y corazones, han recibido  la Divina Luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Esta Luz Divina es la Palabra de Dios, Jesús de Nazaret en la encarnación, la perfección y la plenitud de la Revelación de Dios al mundo.

 

Es importante enfatizar que la Revelación Divina en el Antiguo Testamento, en la Iglesia del Nuevo Testamento, en las vidas de los santos, en la Sabiduría de los Padres Santos, en la belleza de la creación, y más plena y perfectamente en Jesucristo, el Hijo de Dios, es la Revelación de Dios mismo. Dios ha hablado. Dios ha actuado. Dios se ha manifestado y sigue manifestándose en la vida de Su Pueblo.

 

Si queremos escuchar la voz de Dios y ver las acciones de la Revelación de Dios en el mundo, debemos purificar nuestras mentes y corazones de todo lo que es malo y falso. Debemos amar la Verdad, amarnos los unos a los otros, y amar todo en la Creación de Dios. Según nuestra Fe Ortodoxa, la purificación de la falsedad y del pecado es el camino al Conocimiento de Dios. Si nos abrimos a la Divina Gracia y nos purificamos de todo mal, entonces con seguridad podemos interpretar correctamente las Sagradas Escrituras y llegar a una comunión viva con el Verdadero Dios Viviente, quien se ha revelado y sigue revelándose a los que le aman.

 

 

 

TRADICIÓN

 

La vida continua del Pueblo de Dios se llama la Santa Tradición. La Santa Tradición del Antiguo Testamento se expresa en la Biblia, en la vida continua del Pueblo de Israel hasta el nacimiento de Cristo. Esta Tradición se cumple, se completa y se engrandece en la Época del Mesías y en la Iglesia Cristiana.

 

La Tradición Neotestamentaria o Tradición Cristiana es también conocida como la Tradición Apostólica o la Tradición de la Iglesia. La parte central escrita de esta tradición se encuentra en los escritos del Nuevo Testamento de la Biblia. Los Evangelios y los otros escritos de la Iglesia Apostólica forman el corazón de la Tradición Cristiana y son la principal fuente escrita e inspiración de todo lo que se desarrolló en los siglos siguientes.

 

Esta Tradición Cristiana es entregada de pueblo a pueblo, en el espacio y el tiempo. La palabra Tradición en sí significa exactamente esto: “lo que es transmitido" o "entregado" de persona a persona. La Santa Tradición, por lo tanto, es lo transmitido de persona a persona, y entregado dentro de la Iglesia desde el tiempo de los apóstoles de Cristo, hasta el día de hoy.

 

Aunque la Santa Tradición contiene muchos documentos escritos, no se limita solamente a lo escrito; no es únicamente un conjunto de textos. Es, al contrario, toda la vida y experiencia de la Iglesia entera transferida de lugar a lugar, de generación en generación. La Tradición es la Vida Misma de la Iglesia, inspirada y guiada por el Espíritu Santo.

 

No todo, sin embargo, de lo que se encuentra en la Iglesia pertenece a su Santa Tradición, pues no todo lo que está en la Iglesia es obra del Espíritu Santo ni pertenece esencial y necesariamente al Reino de Dios. Algunas de las cosas que encontramos en la Iglesia son solamente temporales y transitorias, meras costumbres y tradiciones humanas que  no poseen ningún valor eterno. Tales cosas en si no son malas. Al contrario, pueden ser positivas y muy útiles para la vida de la Iglesia siempre y cuando se las acepten por lo que son, y no otra cosa. Por lo tanto, es importantísimo dentro de la Iglesia distinguir las diferencias entre aquellas tradiciones que son solamente terrenales y humanas, y la verdadera Santa Tradición que pertenece al Reino de Dios, Celestial y Eterno.

 

Es importante también reconocer que existen en la Iglesia ciertas cosas que no pertenecen a la Santa Tradición, y que tampoco se deben contar entre sus tradiciones humanas positivas. Estas cosas son simple y sencillamente malas, y son traídas a la Iglesia desde el mal del mundo. La Iglesia en su forma humana, como una institución terrestre, no es inmune ni está protegida de las faltas de sus miembros pecadores. Estos desvíos y errores que entran en la vida de la Iglesia deben ser juzgados y condenados por la Autentica y Verdadera Santa Tradición que nos viene de Dios.

 

Entre los elementos que constituyen la Santa Tradición de la Iglesia, la Biblia tiene el primer lugar. Enseguida viene la vida litúrgica de la Iglesia  y su oración; después sus decisiones dogmáticas y los actos aprobados en los concilios de la Iglesia; las escrituras de los Padres Santos de la Iglesia; la Vida de los Santos; la ley canónica; y finalmente la tradición iconográfica junto a otras formas inspiradas de expresión artística creativa como la música litúrgica y la arquitectura.

 

Todos los elementos de la Santa Tradición están orgánicamente unidos en la vida real. Ninguno de ellos puede estar aparte del cuerpo entero. Ninguno puede separarse o aislarse de los demás o de la totalidad de la vida de la Iglesia. Todos estos elementos se vivifican al participar de la vida real de la Iglesia en cada época y generación en todo tiempo y en todo lugar. Mientras la Iglesia siga viviendo por la inspiración del Espíritu Santo, la Santa Tradición de la Iglesia seguirá creciendo y desarrollándose. Este proceso continuara hasta el establecimiento del Reino de Dios en el fin de los siglos.

 

 

 

 

BIBLIA

 

"BIBLIA" El documento escrito de la Revelación de Dios es la Biblia, palabra que significa el libro o libros. La Biblia también es llamada las Sagradas Escrituras. La palabra escritura simplemente significa algún documento escrito.

 

La Biblia fue escrita durante el transcurso de miles de años por muchas diferentes personas. Se divide en dos "testamentos" o “alianzas”. Estas palabras significan "acuerdos" o tal vez podríamos decir “contratos”. Los dos testamentos son el Antiguo y el Nuevo; cada uno tiene sus propios escritos. Como libro, la Biblia contiene muchos diferentes tipos de escrituras: ley, profecía, historia, poesía, narraciones, aforismos, oraciones, cartas y visiones simbólicas.

 

 

El Antiguo Testamento

 

Los escritos del Antiguo Testamento comienzan con los cinco libros de la Ley, que se llaman el Pentateuco. (Pentateuco significa 5 libros.) También se llaman la Torah, que significa la Ley. Algunas veces se refiere a estos cinco libros como los Libros de Moisés, ya que se centran en el Éxodo y las leyes mosaicos.

 

En el Antiguo Testamento también se encuentran libros acerca de la historia del Pueblo de Israel, como por ejemplo I y II Reyes y I y II Samuel; los libros Sapienciales o de  Sabiduría, como los Salmos, Proverbios y Job; y libros de  profecías que llevan los nombres de los profetas del Antiguo Testamento. Un profeta es alguien que profesa públicamente la Palabra de Dios por inspiración divina directa. Generalmente muchas personas piensan que un profeta es alguien que predice el futuro, pero esto es solamente su significado secundario.

 

La Iglesia Ortodoxa también cuenta entre los libros auténticos del Antiguo Testamento los libros que se llaman Deuterocanónicos (otros cristianos colocan estos libros en segundo lugar o los rechazan completamente por no considerarlos inspirados).

 

El Nuevo Testamento

 

El corazón del Nuevo Testamento está conformado por los cuatro Evangelios: el de Mateo, de Marcos, de Lucas y de Juan, quienes se llaman los Evangelistas, que quiere decir los que escribieron los Evangelios. La palabra Evangelio proviene del Griego, -Evangelion- y, como ya hemos visto, significa "Buena Nueva”.

 

El Nuevo Testamento contiene también el Libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito por San Lucas. Además encontramos catorce Epístolas (que simplemente significa "cartas") atribuidas al Apóstol San Pablo. No obstante, es posible que algunas, como la Epístola a los Hebreos, no fueran escritas directamente por él. También se encuentran en el Nuevo Testamento tres epístolas  escritas por el Apóstol Juan; dos por el Apóstol Pedro; una atribuida al Apóstol Santiago y otra al Apóstol Tadeo (Judas). Finalmente se encuentra el Libros de la Revelación, que también se conoce como el Apocalipsis, atribuido a San Juan.

 

Para el Cristiano Ortodoxo, la Biblia es la principal fuente escrita de la Doctrina Divina, ya que Dios Mismo inspiró su escritura por su Santo Espíritu. (Véase II Timoteo 3, 16 y II Pedro 1, 20.) Esta es la doctrina de la inspiración de la Biblia; es decir, que hombres inspirados por Dios escribieron las palabras que son verdaderamente sus propios palabras humanas (¡toda palabra es humana!), pero que sin embargo se puedan llamar, en su conjunto, la Palabra de Dios. Así la Biblia es la Palabra de Dios en forma escrita pues contiene no solamente los pensamientos y experiencias de los hombres, sino la Revelación de Dios Mismo.

 

El corazón de la Biblia, Palabra de Dios escrita a la manera de los hombres, es la persona del Verbo Viviente de Dios bajo el aspecto de hombre, Jesucristo. Todas las partes de la Biblia se interpretan en la Iglesia Ortodoxa a la luz de Cristo, pues todo lo que está en la Biblia conduce a Cristo y habla acerca de Él. (Lucas 24, 44) Se simboliza esto en la Iglesia Ortodoxa por el hecho de que es solamente el Libro de los Cuatro Evangelios el que se encuentra entronizado en el Altar, y no la Biblia entera. Esto es así porque todo lo que está en la Biblia se cumple en Cristo.

 

 

LA LITURGIA

 

 "LA LITURGIA" La palabra Iglesia literalmente significa una asamblea de personas llamadas a reunirse para hacer alguna obra en común. Cuando los miembros de la Iglesia se reúnen como Pueblo de Dios para adorar, esta asamblea se llama la Liturgia de la Iglesia. La palabra Liturgia en sí significa la obra o acción común de un grupo particular de personas para el bien de todos. Entonces la Divina Liturgia de la Iglesia Cristiana significa la obra común de Dios hecha por el Pueblo de Dios.

 

La liturgia del pueblo del Antiguo Testamento era el culto oficial en el templo de Jerusalén de acuerdo a la Ley de Moisés, como también las fiestas y ayunos anuales, y las oraciones y servicios privados efectuados por los israelitas en sus casas o en las sinagogas. Por definición, las Sinagogas son casas de reunión o de oración; no son templos, puesto que según la Ley Mosaica había un solo templo en Jerusalén donde se celebraba el culto sacerdotal. Los israelitas se reunían en las sinagogas para oración, estudio de la Escritura, predicación y contemplación de la obra de Dios.

 

En la Iglesia del Nuevo Testamento se centra la liturgia en la persona de Cristo. Es principalmente una "cristianización" de la vida litúrgica del Antiguo Testamento. La Iglesia Cristiana conserva la vida litúrgica del Antiguo Testamento, pero en una nueva y eterna perspectiva. Así las oraciones del Antiguo Testamento, las escrituras y los salmos, se leen y se cantan a la luz de Cristo. El sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo reemplaza a los sacrificios del Antiguo Testamento en el Templo. Y el Día del Señor, el Domingo, reemplaza el antiguo Sabat judío que era celebrado el Sábado.

 

Las fiestas judías también reciben un nuevo significado en la Iglesia Cristiana. La fiesta central de la Pascua, por ejemplo, es ahora la celebración de la Muerte y Resurrección de Cristo; y la fiesta de Pentecostés se vuelve la celebración de la venida del Espíritu Santo que cumple la Ley del Antiguo Testamento. El año litúrgico cristiano también se forma según el prototipo del Antiguo Testamento.

 

A partir de la base original de la liturgia del Antiguo Testamento, la Iglesia desarrolló su propia vida sacramental, con el
Bautismo en el Nombre de la Santísima Trinidad, la Crismación, la Santa Comunión, el Matrimonio, el Arrepentimiento (Penitencia), el Sacramento de los Enfermos y el Orden Sagrado, tomando formas y significados específicamente cristianos. Fueron desarrollados, además, una gran riqueza de oraciones, himnos y bendiciones específicamente cristianas, junto a fiestas y celebraciones cristianas conmemorando acontecimientos y santos del Nuevo Testamento.

 

La experiencia viva de la vida litúrgica y sacramental cristiana es una fuente principal de la doctrina cristiana. En la liturgia de la Iglesia, la Biblia y la Santa Tradición recobran vida y son ofrecidas al Pueblo Cristiano como experiencia a vivir. Así mediante la oración y el culto sacramental, los seres humanos son "enseñados por Dios", como fue predicho para la época mesiánica. (Juan 6, 45)

 

Además de la experiencia viva de la liturgia, los textos de los servicios y de los sacramentos nos dan una fuente escrita de doctrina, pues aquel que desea comprender las enseñanzas cristianas las puede estudiar y contemplar allí. Según nuestra Iglesia Ortodoxa, los textos litúrgicos y sacramentales - los himnos, bendiciones, oraciones, símbolos y ritos - no contienen errores formales ni deformaciones de la fe cristiana. Se puede confiar absolutamente en que revelan la verdadera doctrina de la Iglesia Ortodoxa. Es posible que algo de la información histórica que contienen  las fiestas de la Iglesia no sea exacta, o que sea meramente  simbólica, pero no hay ninguna duda en la Iglesia de que el significado doctrinal y espiritual de todas las fiestas es verdadero y auténtico,  y que otorga una experiencia y conocimiento real de Dios.

 

 

LOS CONCILIOS

 

"LOS CONCILIOS" Mientras la Iglesia se desarrollaba a través de la historia, se vio enfrentada por numerosas decisiones dificilísimas. Pero la Iglesia siempre resolvió sus dificultades, y sus decisiones fueron basadas sobre el consenso de opinión entre todos los creyentes inspirados por Dios, dirigidos por sus respectivos líderes, primero los Apóstoles y luego sus sucesores, los Obispos.

 

El primer concilio eclesiástico de la historia tuvo lugar en la Iglesia Apostólica para fijar las condiciones bajo las cuales los gentiles, es decir, convertidos que no eran de la fe judía, podrían entrar  a la Iglesia. (Véase Hechos 15) Desde aquel tiempo, durante toda la historia de la Iglesia los concilios fueron convocados en todos lo niveles de la vida de la Iglesia para tomar decisiones importantes. Se reunían los Obispos regularmente con sus Sacerdotes (Presbíteros), y con los laicos. Desde muy temprano en la historia de la Iglesia se estableció la práctica de que los obispos en cada región se reunían regularmente en concilio.

 

En varias ocasiones durante la historia de la Iglesia fueron convocados concilios de todos los obispos de la Iglesia. En la práctica no todos los Obispos podían asistir a estos concilios y no todos los concilios fueron automáticamente aprobados y aceptados por la Iglesia en su Santa Tradición. Para la Iglesia Ortodoxa solamente siete Concilios (algunos de los cuales que fueron bastantes reducidos en el número de obispos que asistieron a ellos) han recibido la aprobación universal de la Iglesia entera en todo tiempo y lugar. Llamamos estos concilios, los Siete Concilios Ecuménicos. (Véase el diagrama.)

 

Las definiciones dogmáticas (dogma quiere decir “enseñanza oficial”) y las decisiones canónicas de los Concilios Ecuménicos son consideradas como inspiradas por Dios y expresan Su Voluntad para con los seres humanos. Así, son fuentes esenciales de la doctrina Cristiana Ortodoxa.

 

Aparte de los Siete Concilios Ecuménicos, también hubo otros concilios locales cuyas decisiones también han recibido la aprobación de todas las Iglesias Ortodoxas del mundo y por lo tanto son consideradas como auténticas expresiones de la fe y la vida ortodoxas.  Las decisiones de estos concilios son principalmente de  carácter moral o institucional. Sin embargo, también revelan la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa.

 

Los Siete Concilios Ecuménicos

CONCILIO

AÑO

FORMULACION

Nicea I

325

Formuló la primera parte del Credo, definiendo la Divinidad del Hijo de Dios

Constantinopla I

381

Formuló la segunda parte del Credo. Definiendo la Divinidad del Espíritu Santo.

Efeso

431

Definió a Cristo como el verbo Encarnado de Dios, y a María como Theotokos (Madre de Dios)

Calcedonia

451

Definió a Cristo como Dios Perfecto y Hombre Perfecto en Una sola  y única Persona.

 Constantinopla II

553

Reafirmó la Doctrina de la Santísima Trinidad y de Cristo.

Constantinopla III

680

Afirmó la Verdadera Humanidad de Jesús, insistiendo en la realidad de su voluntad y acción humana.

Nicea II

787

Afirmó la legitimidad de los íconos como expresiones verdaderas de la Fe Cristiana.

 

 

LOS SANTOS PADRES

 

 "LOS SANTOS PADRES" Existen en la Iglesia algunos santos que fueron teólogos y maestros espirituales. Ellos defendieron y explicaron las doctrinas de la Fe Cristiana. Estos santos se llaman los Santos Padres de la Iglesia y sus enseñanzas se llaman las enseñanzas patrísticas. (La palabra patrística viene de la palabra griega que quiere decir "padre".)

 

Algunos de los Santos Padres se llaman Apologetas, porque defendieron las enseñanzas cristianas contra aquellas personas que desde fuera de la Iglesia atacaban o ridiculizaban la Fe. Sus escritos se llaman "apologías", que quiere decir "respuestas" o "defensas".

 

Otros de los santos padres defendieron la fe cristiana contra ciertos miembros de la Iglesia que deformaban la verdad y vida del cristianismo, escogiendo ciertas partes de la revelación y doctrina cristiana, y negando otros aspectos. Aquellas personas que deformaron la fe cristiana y de esta forma amenazaron destruir la integridad de la Iglesia Cristiana se llaman herejes, y sus doctrinas se llaman herejías. Por definición herejía significa "selección", y un hereje es alguien que elige lo que él desea según sus propias ideas y opiniones, eligiendo ciertas partes de la Tradición Cristiana  y rechazando otras. Por sus acciones un hereje no sólo destruye la plenitud de la verdad cristiana sino que también divide la vida de la Iglesia y provoca separaciones en la comunidad.

 

Generalmente, la Tradición Ortodoxa considera que los que enseñan herejías no solamente son equivocados o mal guiados o ignorantes. La Iglesia los acusa de estar activamente conscientes de sus acciones, y por lo tanto, en estado de pecado. No se considera como hereje, en el verdadero sentido de la palabra, a la persona que es simplemente mal guiado o equivocado, o que enseña lo que él cree ser la verdad sin que nadie se oponga a sus posibles errores. Muchos de los Santos e incluso de los Padres Santos tienen elementos en sus enseñanzas que cristianos de épocas más tardes han considerado como erróneos o inexactos. Esto, por supuesto, no significa que fueron herejes.

 

No todos los Santos Padres fueron defensores contra el error o herejía. Algunos fueron ardientes predicadores, y fueron maestros importantes de la fe cristiana, desarrollando y explicando su significado de una manera más profunda y más completa. Otros fueron maestros de la vida espiritual, dando instrucción a los fieles acerca del significado y método de la comunión con Dios mediante la oración y la vida en Cristo. Aquellos otros Padres que se concentraban en la lucha de la vida espiritual se llaman los padres ascetas. El ascetismo se refiere al ejercicio y preparación de los "atletas espirituales". Los padres que se concentraban en cómo lograr la comunión espiritual con Dios se llaman los Padres místicos. Se define el misticismo como la unión verdadera, experiencial,  con lo Divino.

 

Todos los Santos Padres, sean teólogos, pastores, ascetas o místicos, entregaron sus enseñanzas a partir de la experiencia de su propia vivencia en Cristo. Ellos defendieron, describieron y explicaron las doctrinas teológicas y los caminos de la vida espiritual de su propio conocimiento vivo de estas realidades. Unieron el brillo del intelecto con la pureza del corazón y la vida excepcionalmente virtuosa. Por esto son considerados Padres Santos de la Iglesia.

 

Los escritos de los Padres de la Iglesia no son infalibles, y aún más se ha dicho que en las escrituras de algunos de los padres se puede encontrar algunos aspectos que podrían ser cuestionables a la luz de la plenitud de la Tradición de la Iglesia. Sin embargo, globalmente, los escritos de los Padres, están asentados sobre los fundamentos bíblicos y litúrgicos de la fe cristiana vivida, gozan de una gran autoridad dentro de la Iglesia Ortodoxa y son fuentes fundamentales para la profundización de la doctrina de la Iglesia.

 

Los escritos de algunos de los padres que han recibido la aprobación y alabanza universal de la Iglesia durante los siglos son de particular importancia. Entre ellos cuentan los de Ignacio de Antioquía, Ireneo de Lyon, Atanasio de Alejandría, Basilio el Grande, Gregorio de Nisa, Gregorio Nacianceno (llamado el Teólogo), Juan Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Cirilo de Jerusalén, Máximo el Confesor, Juan de Damasco, Focio de Constantinopla y Gregorio Palamás, así como  los padres ascetas y espirituales como San Antonio de Egipto, Macario de Egipto, Juan Clímaco, Isaac de Siria, Efrem de Siria y Simeón el Nuevo Teólogo, entre otros.

 

              A veces suele ser difícil para nosotros leer los escritos de los Padres de la Iglesia ya que frecuentemente los problemas que trataron eran muy complicados y su manera de escribir muy diferente al estilo nuestro. Además, la mayoría de los escritos  espirituales y ascetas provienen de un ambiente monástico, debiendo ser transpuestas a nuestra realidad para que sean comprensibles y útiles para nosotros que no somos monjes o monjas. Sin embargo, es muy importante  leer los escritos de los Padres directamente. Se deben leer lentamente, poco a poco, con pensamiento cuidadoso y mucha consideración,  sin llegar a ninguna conclusión rápida y caprichosa... de la misma manera en que se debe leer la Biblia. Entre los Padres de la Iglesia, los escritos  de San Juan Crisóstomo son muy claros y directos, y muchas personas pueden leerlos, recibiendo gran beneficio si se les da el esmero necesario. También existe la Filocalia, una antología de escritos espirituales, que existen (por lo menos una pequeña parte) traducidos al español, y que con la consideración exigida puede ayudar al cristiano maduro que busca discernimientos más profundos en la vida espiritual.

 

 

LOS SANTOS

 

"LOS SANTOS" La doctrina de la Iglesia se encarna en la vida de los creyentes verdaderos, los santos. Los Santos son aquellos que literalmente comparten la Santidad de Dios. "Sed Santos, porque Yo, vuestro Dios,  soy Santo" (Levítico 11, 44; I Pedro 1, 16) Las vidas de los Santos atestiguan la autenticidad y la verdad del Evangelio Cristiano, don verdadero de la Santidad de Dios a los hombres.

 

En la Iglesia existen diferentes clases de Santos. Además de los Santos padres quienes son glorificados específica y especialmente por sus enseñanzas, hay otros tipos de santos según los aspectos particulares de su santidad.

 

Así es que se encuentran los apóstoles quienes son enviados para proclamar la fe cristiana, los evangelistas quienes específicamente anuncian y escriben los evangelios, y los profetas que son directamente inspirados para hablar la Palabra de Dios a los hombres. Están los confesores quienes han sufrido por la fe y los mártires quienes mueren por la fe. Están las llamadas “personas santas”, santos que fueron monjes o monjas; y los "justos", santos de entre los laicos.

 

Además, los libros litúrgicos tienen un  titulo especial para los santos que eran del clero y otro título especial para los que fueron monarcas o jefes de estado. También hay una clasificación extraña que se denomina a los "locos o insensatos por causa de Cristo". Estos son aquellos santos que atestiguaron al Evangelio Cristiano del Reino de los Cielos mediante su total despreocupación  por aquellas cosas que generalmente las personas consideran necesarias: ropa, comida, dinero, casa, seguridad, reputación pública, etc. Reciben su nombre de la frase del Apóstol Pablo: "Nosotros somos insensatos por Amor de Cristo" (I Cor. 4, 10; 3, 18)

 

Existen incontables volúmenes de escritos sobre las vidas de los santos en la Tradición Ortodoxa. Estos se llaman “Hagiografías”. Su atenta lectura y estudio puede dar muchos frutos espirituales  para el descubrimiento del significado de la fe y vida cristiana. En estas "vidas" se ve claramente la visión cristiana de Dios, del ser humano y del mundo. Sin embargo, como estos libros fueron escritos  en épocas muy diferentes a la nuestra, es necesario leerlos cuidadosamente y con mucha atención para poder distinguir los puntos esenciales de los adornos artificiales y a veces fantasiosos que frecuentemente fueron incluidos en ellos. En la Edad Media, por ejemplo, era costumbre adaptar las vidas de los santos a obras literarias de épocas anteriores e inclusive adornar las vidas de los santos menos conocidos para que fueran más parecidas a santos anteriores del mismo tipo. También era bastante común agregar muchos elementos, particularmente acontecimientos sobrenaturales y milagrosos de lo más extraordinario, para volver más creíble la genuina santidad del santo, aumentar su verdadera bondad y espiritualidad, y para alentar a sus oyentes o a los lectores para imitar sus virtudes. En muchos casos lo milagroso era exagerado para enfatizar la rectitud ética y la pureza del santo frente a sus detractores.

 

Por lo general, no es difícil distinguir en las vidas de los Santos entre los elementos definitivamente verdaderos,  y los detalles y adornos que fueron agregados en el espíritu de piedad y entusiasmo en épocas posteriores.  Se debe hacer el esfuerzo necesario para discernir cuál es la verdad esencial en las vidas de los santos. Sin embargo, el hecho de que elementos naturales de la naturaleza milagrosa fueran agregados a las vidas de los santos durante la Edad Media con el objetivo de educar, entretener e incluso hasta divertir, no debe llevarnos a la conclusión que todo lo milagroso que encontramos en las vidas de los santos es inventado por algún motivo literario o moralizante. Por el contrario, se debe insistir que una lectura atenta de las vidas de los santos casi siempre revelará lo que es auténtico y verdadero en lo milagroso. Además, como ya hemos dicho, y con razón, podemos también aprender casi tanto acerca del verdadero significado del cristianismo de las leyendas de los santos producidas dentro de la Tradición de la Iglesia como de las mismas vidas auténticas.

 

 

LOS CÁNONES

 

"LOS CANONES"Existen leyes canónicas de los Concilios ecuménicos, de los concilios provinciales y locales, y de algunos padres de la Iglesia que han sido aceptadas por toda la Iglesia Ortodoxa como normas para la doctrina y práctica cristiana. Como palabra, canon literalmente significa regla, norma o mandato de juicio. En este sentido los cánones no son leyes absolutas en el sentido jurídico y no se las puede identificar con el concepto de leyes como se entiende  y funciona en la jurisprudencia humana.

 

En los cánones de la Iglesia se distinguen primero entre los que son de una naturaleza dogmática o doctrinal, y los que son de un  carácter práctico, ético o institucional. Luego, además, se hace la diferencia entre aquellos que pueden ser alterados o cambiados, y los que no pueden ser alterados por ningún motivo en  ninguna circunstancia.

 

Los cánones dogmáticos son aquellas definiciones conciliares que hablan acerca de algún artículo de la fe cristiana; como por ejemplo, la naturaleza y la persona de Jesucristo. Aunque es posible explicar y desarrollar tales cánones en nuevas y diferentes palabras, particularmente mientras la Tradición de la Iglesia crece y se desarrolla en el tiempo, su significado esencial permanece siempre eterno y sin variar.

 

Algunos de los cánones de carácter moral y ético también pertenecen a los que son inalterables. Estos son los cánones morales cuyo significado es absoluto y eterno, y cuya violación no podría ser justificada de ninguna manera.. Los cánones que prohíben la venta de los sacramentos de la Iglesia corresponden a esta clase.

 

Pero también existen cánones de naturaleza práctica que pueden ser cambiados y que, de hecho, han sido cambiados durante la vida de la Iglesia. Un ejemplo de este tipo es el canon que requiere que los sacerdotes de la Iglesia no puedan ser ordenados antes de cumplir los treinta años de edad. Se puede decir que aunque este tipo de canon permanece y ciertamente fija un ideal que teóricamente todavía puede ser valioso, las necesidades de la Iglesia han requerido que este canon a veces sea variado. Del mismo modo, existen otros cánones que podrían  ser modificados, pero que hasta ahora permanecen sin variar, ya que la Iglesia ha mostrado el deseo de mantenerlos. Un ejemplo de este tipo de canon es el que requiere que los Obispos de la Iglesia sean elegidos del clero célibe o viudos.

 

No siempre es fácil de descubrir cuáles cánones expresan puntos esenciales de la vida cristiana y cuáles no. A menudo hay períodos de controversia sobre ciertos cánones en cuanto a su aplicabilidad en épocas y condiciones determinadas. Sin embargo, estos factores no deben llevar a confusión a los miembros de la Iglesia, ni a la tentación de, o bien  hacer cumplir todos los cánones ciegamente con igual rigor y dándoles igual valor, o bien de rechazar todos los cánones como sin importancia real.

 

En primer lugar, los cánones son " de la Iglesia" y por lo tanto, no se debe considerarlos como "leyes absolutas" en el sentido jurídico; en segundo lugar, ciertamente los cánones no son exhaustivos, y no cubren todos los aspectos posibles de la fe y vida cristianas; en tercer lugar, los cánones fueron enunciados en gran parte como respuesta a algún problema particular tocante al dogma o a la moral, o bien a alguna desviación surgida en la vida de la Iglesia, y que por lo tanto llevan las marcas de alguna controversia específica que sobrevino en el curso de la historia que ha acondicionado no solamente su formulación particular sino incluso su propia existencia.

 

Tomados aisladamente, los cánones de la Iglesia pueden parecer falaces y engañosos, de suerte que las personas superficiales pueden decir, “O bien se los aplica a todos, o bien se los rechaza en bloc”. Sin embargo, tomados en su conjunto, dentro de la plenitud de la vida Ortodoxa: teológica, histórica, canónica y espiritual, estos cánones ciertamente cumplen bien su rol y responden a las necesidades, y  muestran ser una rica fuente para el descubrimiento de la Verdad viva de Dios en la Iglesia. Para apreciar verdaderamente los cánones de la Iglesia, los factores principales son el conocimiento cristiano y la sabiduría Cristiana, que nacen de un estudio serio y de la profundidad espiritual. No existe otra "clave" en su uso; otra forma, según nuestra Fe Ortodoxa, no seria ni ortodoxa ni cristiana.

 

 

EL ARTE DE LA IGLESIA

 

"EL ARTE ECLESIASTICO" La Iglesia Ortodoxa posee una rica tradición de iconografía, así como otras expresiones de arte sacro: música, arquitectura, escultura, bordado, poesía, etc. Esta tradición artística está basada en la doctrina cristiana ortodoxa de la creatividad humana, arraigada en el amor de Dios, para con los seres humanos y toda la creación.

 

Las expresiones artísticas del ser humano y las bendiciones e inspiraciones del Dios Vivo se funden  en una creatividad artística santa que expresa efectivamente las mas profundas verdades de la visión Cristiana de Dios, del hombre y de la naturaleza. Esto es posible, porque el hombre es creado a la imagen y semejanza de Dios, y porque Dios tanto amó al hombre y al mundo, que los creó, los salvó y los glorificó mediante Su propia Venida en Cristo y el Espíritu Santo.

 

El ícono es el mas alto logro artístico de la Ortodoxia. Es una proclamación del Evangelio, una enseñanza doctrinal y una inspiración espiritual en colores y formas. El ícono Ortodoxo tradicional no es una mera pintura religiosa. No es una representación pictórica de algún santo o acontecimiento cristiano a la manera de una fotocopia. Es, al contrario, la expresión de la eterna y divina realidad, del significado y razón de ser de la persona o acontecimiento representado en él. En la libertad bondadosa de la inspiración divina, el ícono describe su tema como humano, pero a la vez "lleno de Dios"; terrestre, pero también celestial; físico mas a la vez espiritual, "llevando en sí la marca de la Cruz", pero, sin embargo, siempre lleno de gracia, luz, paz y alegría. De esta manera el ícono expresa un "realismo" mas profundo que aquella que podría mostrar una simple reproducción de los rasgos físicos externos de la persona o acontecimiento histórico. Así, en su propia y única manera, los varios tipos de iconos Ortodoxos, mediante su forma, estilo y modo particular de representación,  como mediante sus contenidos y su uso dentro de la Iglesia, son una fuente inagotable de la revelación de la Doctrina y Fe Ortodoxa.

 

Además del ícono, se puede hablar de la expresión musical también como una fuente para el descubrimiento de la concepción del mundo propia al Cristianismo ortodoxo. En este caso, sin embargo, existe una dificultad más grande por razón de la pérdida que se ha experimentado en años recientes del significado litúrgico y teológico de la música en la Iglesia. Pero del mismo modo que se está experimentando un redescubrimiento del significado teológico del tradicional ícono Ortodoxo, también se redescubre el tradicional significado doctrinal de la música Ortodoxa. El proceso en este último caso, sin embargo, es mucho más lento y mucho más difícil, y menos evidente para la gente común.

 

La tradicional arquitectura ortodoxa también expresa la doctrina de la Iglesia, particularmente en cuanto a su énfasis sobre la presencia divina, "Dios con nosotros", y una comunicación total del hombre y el mundo con Dios en Cristo. El uso del techo, la cúpula, la forma de los edificios y la distribución en ellos, la colocación de los íconos, el uso de vestimentas, etc., todos expresan las enseñanzas de la Iglesia. La tradicional arquitectura Ortodoxa, como las otras formas del  de Arte Ortodoxo, es una expresión de la doctrina Cristiana Ortodoxa de la creación, la salvación y la vida eterna.

 

Es un ejercicio espiritual muy importante para nosotros cristianos estudiar los santos iconos y los himnos de la liturgia de la Iglesia. Uno puede aprender mucho acerca de Dios y sus acciones en medio de los hombres, mediante la contemplación cuidadosa y devota de las expresiones artísticas de la doctrina y vida de la Iglesia. (véase el texto, Vida Litúrgica  y Oración en la Iglesia Ortodoxa, del mismo autor.)              

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 2

 

EL SÍMBOLO DE LA FE

 

EL CREDO NICEO CONSTANTINOPOLITANO

 

 El Credo de la Iglesia se llama el Credo Niceo-Constantinopolitano, pues fue escrito formalmente durante el Primer Concilio Ecuménico en Nicea (en al año 325) y durante el Segundo Concilio Ecuménico en la ciudad de Constantinopla (año 381)

 

La palabra "Credo" viene del latín "credo" que quiere decir "yo creo". En la Iglesia Ortodoxa nos referimos al Credo como el Símbolo de la Fe, que literalmente significa la "reunión" y la "expresión" o la "confesión" de la fe.

 

En la Iglesia primitiva existían muchas diversas formas de la confesión cristiana de la fe, muchos "credos". Estos credos originalmente siempre fueron usados en ocasión del Bautismo. Antes de ser bautizada, cada persona debía proclamar su fe. El mas primitivo credo cristiano probablemente fue la simple confesión de fe afirmando que Jesús es el Cristo, es decir, el Mesías; y que Cristo es el Señor. Confesando públicamente esta creencia de fe, la persona entonces podía ser bautizada en Cristo, muriendo y resucitando con Él a la Nueva Vida del Reino de Dios, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

Con el del pasar el tiempo, en diferentes lugares se desarrollaron diversos credos, todos profesando exactamente la misma fe, pero empleando formas y expresiones variadas con diferentes grados de detalle y énfasis. Estas formas de credos cristianos se desarrollaron de manera más elaborada y detallada en aquellos lugares donde habían surgido problemas acerca de la fe y donde habían aparecido herejías.

 

En el siglo cuarto una gran controversia se desarrolló en el cristianismo acerca de la naturaleza del Hijo de Dios, a quien también la Escritura se refiere como el Verbo o Logos. Algunos decían que el Hijo de Dios era una criatura hecha por Dios como todo lo creado. Otros insistían que el Hijo de Dios es eterno, divino y no creado. Hubo muchos concilios que hicieron numerosas afirmaciones acerca de la fe en la naturaleza del Hijo de Dios. La controversia se extendió por todo el mundo cristiano.

 

Finalmente, fue la definición proclamada por el concilio convocada por el Emperador Constantino en la ciudad de Nicea en el año 325, la que finalmente fue aceptada por toda la Iglesia como su Símbolo de Fe. Ahora consideramos este concilio como el Primer Concilio Ecuménico. Su proclamación fue la siguiente:

 

Creemos en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, y de Todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Luz de luz, verdadero Dios de Dios verdadero; engendrado, no creado; consubstancial al Padre; por quién  fueron hechas todas las cosas; quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación bajó de los cielos, se encarnó del Espíritu Santo y Maria Virgen, y se hizo hombre. Fue crucificado también para nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día según las Escrituras. Subió a los cielos y está sentado a la diestra del padre; y vendrá de nuevo con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos. Y Su Reino no tendrá fin.

 

Después de la controversia acerca del Hijo de Dios, el Verbo de Dios, y esencialmente unido con ella, surgió un conflicto sobre el Espíritu Santo. La siguiente definición proclamada por el Concilio de Constantinopla en el año 381 (que ahora se conoce como el Segundo Concilio Ecuménico), fue agregada al texto de Nicea:

 

Y (creemos) en el Espíritu Santo,  Señor y Vivificador, que procede del Padre; que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado; que habló por los profetas. Y en Una Iglesia Santa, Católica y Apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

 

Este Símbolo de Fe completo fue finalmente adoptado en  toda la Iglesia.  Se puso en la primera persona singular "Creo", y se usa para la confesión de fe oficial y formal que una persona (o su padrino) hace en el momento de su bautismo. También es la confesión de fe que hace el no-ortodoxo al entrar oficialmente en la comunión a la Iglesia Ortodoxa. Del mismo modo el Credo se ha hecho parte de la vida cotidiana de los Cristianos Ortodoxos y un elemento esencial de la Divina Liturgia de la Iglesia Ortodoxa en la cual cada persona formal y oficialmente acepta y renueva sus promesas bautismales y confirma ser miembro de la Iglesia. Así, el Símbolo de la Fe es la única parte de la Liturgia (repetida de otra forma antes de la Santa Comunión) que está en primera persona singular. Todos los otros himnos y oraciones de la Liturgia están en  plural, comenzando con "nosotros". Unicamente la Confesión de Fe  comienza con "yo". Esto, como ya veremos, es así porque la fe es primeramente personal y solo después un acto comunitario.

 

Ser Cristiano Ortodoxo significa afirmar la Fe Cristiana Ortodoxa, no solamente las palabras, sino también el significado esencial del Símbolo de Fe Niceno-Constantinopolitano. Esto asimismo significa afirmar todo lo que esta confesión implica, y todo lo que ha sido expresamente desarrollado a partir de ella y fundado sobre ella en el curso de la historia de la Iglesia Ortodoxa durante los siglos, hasta el día de hoy.

 

 

 LA FE

 

Yo creo...

 

 "FE"La Fe es el fundamento de la Vida Cristiana. Es la virtud fundamental de Abraham, el antepasado de Israel y de la Iglesia Cristiana. "Abraham creyó en el Señor, y le fue contado por justicia." (Génesis 15, 6)

 

Jesús comienza su ministerio con el mismo llamado a tener fe. "Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del Reino de Dios, diciendo: el tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentios, y creed en el Evangelio." (Marcos 1, 15)

 

Durante toda su vida, Jesús llamaba a las personas a tener fe; fe en Él mismo, fe en Dios Su Padre, fe en el Evangelio, fe en el Reino de Dios. La condición fundamental para la vida cristiana es la fe, pues junto con la fe, viene la esperanza y el amor y cada buena obra y todo don beneficioso y todo poder del Espíritu Santo. Esto es la doctrina de Cristo, de los Apóstoles y de la Iglesia.

 

Categóricamente la fe se define en las Santas Escrituras como "la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."(Hebreos 11, 1)

 

Existen básicamente dos aspectos de la fe; uno tal vez podría decir, dos significados de la fe. El primero es fe "en" alguien o "en " algo; la fe como reconocimiento de la realidad, de la veracidad, de la autenticidad de estas personas o cosas y del valor que se les da. Por ejemplo, fe en Dios, en Cristo, en la Santísima Trinidad, en la Iglesia. El segundo es la fe en el sentido de confianza. En este sentido, por ejemplo, uno no meramente cree en Dios, en su existencia, bondad y verdad; sino que, además, uno le cree a Dios, confía en Su palabra, confía en Su presencia, se entrega con seguridad y convicción a Sus promesas. El cristiano necesita ambos tipos de fe. Uno debe creer en ciertas cosas con mente, corazón  y alma; y luego vivir por ellas en el transcurso de cada día de la vida.

 

A veces se opone la fe con la razón, y la creencia con el conocimiento, como si fueran opuestas. Según la Ortodoxia, fe y razón, creencia y conocimiento, ciertamente son dos cosas diferentes pero que, sin embargo, son cosas diferentes que siempre permanecen juntas, y que jamás pueden estar  opuestas o separadas.

 

En primer lugar, uno no puede creer en algo que no tiene o conoce de alguna forma. Una persona no puede creer en algo acerca del cual no sabe absolutamente nada. En segundo lugar, lo que uno cree y confía debe ser razonable. Si a uno le piden creer en la divinidad de una vaca, o confiar en un ídolo de madera, uno se negaría a hacerlo por el hecho de que no es razonable hacerlo. Así, la fe debe tener  sus razones válidas, se debe construir sobre el conocimiento; jamás debe ser ciega. En tercer lugar, el mismo conocimiento a menudo se apoya en la fe. Es imposible llegar al conocimiento de algo mediante un escepticismo absoluto. Si algo se conoce, es porque existe una cierta fe en las posibilidades del ser humano de conocerlo, y una verdadera confianza en que los objetos del conocimiento realmente "se están mostrando" y que la mente y los sentidos no están actuando con engaño. También, con relación a casi toda palabra escrita, especialmente aquellas que se relacionan a la historia, el lector está llamado a hacer un acto de fe. Debe creer que lo que está diciendo el autor es la verdad; y por lo tanto, debe tener cierto conocimiento y ciertas razones por haberle dado su confianza.

 

Frecuentemente es sólo cuando alguien entrega su confianza y cree algo,  que es capaz de "ir mas allá", por así decir, y finalmente lograr el conocimiento y comprensión de cosas que nunca hubiera comprendido antes. Es cierto que algunas cosas permanecen oscuras y carentes de sentido, a menos que sean vistas a la luz de la fe, la cual entonces provee una manera de explicar y comprender su existencia y significado. Así, por ejemplo, el fenómeno de la muerte y el sufrimiento se entendería de forma muy diferente por alguien que cree en Cristo a como la entendería alguien que cree en otra religión o filosofía o que no cree en nada.

 

La fe siempre es personal. Cada persona debe creer por sí mismo. Nadie puede creer por otro. Muchas personas pueden creer y confiar en las mismas cosas porque comparten una unidad de conocimiento, razón, experiencia y convicciones. Puede existir una comunidad de fe y una unidad de fe. Pero esta comunidad y unidad necesariamente comienza con, y se basa en, la confesión de fe personal e individual.

 

Por esto el Símbolo de Fe en la Iglesia Ortodoxa, no solamente en los bautismos y en los ritos oficiales de entrada a la Iglesia, sino también en las oraciones diarias y en la Divina Liturgia, siempre se mantiene en primera persona singular. Si nosotros podemos orar, ofrecer, cantar, alabar, pedir, bendecir, regocijar, y encomendarnos a nosotros mismo y los unos a los otros a Dios en la Iglesia y en tanto que  Iglesia, es únicamente porque cada uno de nosotros individualmente podemos decir honesta y sinceramente, con la convicción del corazón: "Señor, creo...", agregando, como necesario, las palabras de ese padre en el Evangelio, "Ven en ayuda de mi incredulidad." (Marcos 9, 24)

 

Para que nuestra fe realmente sea verdadera, la debemos expresar en nuestra vida diaria. Debemos actuar según nuestra fe por la bondad y poder de Dios que actúa en nuestras vidas. Esto no quiere decir que "tentamos" a Dios o "probamos a Dios" haciendo cosas innecesarias y ridículas sólo para ver si acaso Dios participa en nuestra  tontería. Pero significa que si vivimos por la fe en la búsqueda de nuestra rectitud, podremos mostrar con nuestras propias vidas que Dios estará con nosotros, ayudándonos y guiándonos en todo.

 

Para que nuestra fe crezca y se fortalezca, debemos ejercer nuestra fe. Cada persona debe vivir según la medida de fe que tenga, no importa cuán pequeña, débil e imperfecta sea. Al actuar según la fe que uno tenga, se otorga confianza en Dios y en la certeza de Su Divina Presencia, y con la ayuda de Dios muchas cosas que antes creíamos imposibles o que nunca jamás imagináramos, se hacen posibles.

 

 

 

DIOS

 

 "DIOS"Un solo Dios, Padre Todopoderoso...

 

La fe fundamental de la Iglesia Cristiana es en un solo Dios, Verdadero y Viviente.

 

"Oye Israel: el Señor nuestro Dios, es el único Señor. Tu amaras al Señor Tu Dios de todo corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes". (Deut. 6, 4 al 8)

 

Cristo cita estas palabras de la ley de Moisés como el primer y más grande mandamiento. (Mc.12, 29) Ellas siguen al enunciado de los Diez Mandamientos que comienzan así: "Yo Soy el Señor Tu Dios; no tendrás otros dioses delante de mi".(Deut.5, 6-7)

 

El Señor único y Dios de Israel reveló al ser humano el misterio de Su Nombre.

 

"Dijo Moisés a Dios..."si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su Nombre? qué les responderé?. Y respondió Dios a Moisés: Yo soy el que Soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel. "Yo Soy" me envía a vosotros. Además, dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: El Señor, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Este es mi nombre para siempre; por el se me invocará por todos los siglos" (Éxodo 3, 13-15)

 

El nombre de Dios es Yahvé (Jehová) que significa: Yo Soy Quien Soy; o Yo Soy El que Soy; o Yo Seré lo que Seré; o simplemente Yo Soy. Él es el Verdadero Dios, El Dios Vivo, el Único Dios. Él es fiel y leal a Su Pueblo. Revela a ellos su palabra Divina y Santa. Les da Su Divino y Santo Espíritu. Se llama Adonay: el Señor; y su Santo nombre de Yahvé nunca es pronunciado por las personas debido a su gran Santidad. Solamente el sumo sacerdote, y sólo una vez al año, y únicamente en el santuario del Templo de Jerusalén, se atrevía a pronunciar el divino nombre de Yahvé. En todas las otras ocasiones, Yahvé  es llamado   como el Señor Todopoderoso, como el Dios Altísimo, como el Señor Dios de Sabaot, el Dios de los Ejércitos angélicos.

 

Según la Santa Escritura y la experiencia de los Santos del Antiguo y Nuevo Testamento, Yahvé es absolutamente Santo. Literalmente esto quiere decir que Él es totalmente diferente a cualquier otra persona o cosa que existe. (La palabra Santo significa totalmente separado, diferente, otro)

 

Según la Tradición Bíblica Ortodoxa, el solo hecho de decir que "Dios existe" se debe calificar como la afirmación que Él es tan Único y tan Perfecto que no se puede comparar Su Existencia a la de ningún otro ser.  En este sentido Dios está "mas allá de la existencia" o "más allá de ser". Así habría gran renuencia, según la doctrina Ortodoxa, de decir simplemente que Dios "es" o "existe" tal como todo lo otro "es" o "existe", o decir que Dios es simplemente el "Ser Supremo" en la misma cadena de existencia tal como todo lo demás en la creación.

 

En este mismo sentido la Doctrina Ortodoxa mantiene que la Unidad de Dios tampoco es meramente equivalente al concepto matemático o filosófico de "uno"; ni tampoco su vida, su bondad, su sabiduría y todos los poderes y virtudes atribuidos a Él pueden ser equivalentes a cualquier idea, aun la idea mas alta, que el hombre jamás pueda tener acerca de tal realidad.

 

Sin embargo, después de haber hablado acerca del peligro de una idea o un concepto demasiado simplista o demasiado positivista acerca de Dios, la Iglesia Ortodoxa, en  base de la experiencia viva de Dios que han tenido los Santos, afirma lo siguiente: ciertamente podemos decir que Dios existe perfecta y absolutamente como Aquel que es vida, bondad, verdad, amor, sabiduría, conocimiento, unidad, pureza, alegría y simplicidad perfectos y absolutos; la perfección y super-perfección de todo cuanto el ser humano conoce como santo, verdadero y bueno.  Es este mismo Dios quien es precisamente confesado en la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo como "... Dios, inefable, inconcebible, invisible, incomprensible, siempre existente y eternamente igual."

 

Es este Dios -El Yahvé de Israel- que Cristo proclama es Su Padre. El Dios Todopoderoso es conocido como  "Padre" mediante Su Hijo Jesucristo. Jesús enseñó a los seres humanos a llamar al Todopoderoso, al Señor Dios de los Ejércitos, por el nombre de Padre. Antes de Jesús, nadie se atrevía a rezar a Dios con el nombre tan íntimo de Padre. Fue Jesucristo quien dijo, "Orad entonces así: Padre nuestro que estas en los cielos...".

 

Jesús ha podido llamar a Dios Padre porque Él es el Hijo Unigénito de Dios. Los Cristianos llaman a Dios Padre porque mediante Cristo reciben el Espíritu Santo y llegan a ser hijos de Dios ellos mismos.

 

"Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley a fin de que recibiésemos la adopción de hijo, y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de Su Hijo, el cual clama: Abba, Padre!. Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo". (Gálatas 4, 4 al 7; la lectura de la Epístola para la Navidad de Cristo en la Iglesia Ortodoxa)

 

Así ningún ser humano es por naturaleza hijo de Dios y nadie puede llamar a Dios Padre fácilmente. Lo podemos hacer únicamente por Cristo y el don del Espíritu Santo. Y así proclamamos en la Divina Liturgia:

 

Y haznos dignos, oh Soberano Señor de que con confianza y sin condenación nos atrevamos a llamarte a Ti, Dios Padre Celestial y a decirte: Padre nuestro, que estás en los cielos...

 

Al contemplar  la revelación de Dios Nuestro Padre en la vida de Su Pueblo en el Antiguo Testamento y en la vida de la Iglesia en el Nuevo Testamento, el ser humano puede comprender ciertos atributos y características de Dios. Primero, claramente se ve que Dios es Amor, y que en todas sus acciones en y hacia el mundo, Dios Padre expresa Su Naturaleza como Amor mediante Cristo y el Espíritu Santo.

 

"Amados, amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió su Hijo Unigénito al mundo, para que vivamos por El. En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios y Dios en el". (I Juan 4, 7 al 16)

"...El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". (Romanos 5, 5)

 

Siendo el Dios que es Amor, Nuestro Padre en los cielos hace todo lo que pueda por la vida y la salvación del ser humano y del mundo entero. Esto hace pues es misericordioso y bondadoso, de mucha paciencia y compasivo, y quiere perdonar y absolver los pecados del ser humano para que  pueda compartir la vida y el amor de Dios. Se recuerdan estos atributos de Dios en el Salmo 103:

 

"Bendice alma mía al Señor, y no olvides ninguno de Sus Beneficios. Él es Quien perdona todas tus iniquidades, Él que sana todas tus dolencias. Misericordioso y compasivo es el Señor; lento para la ira, y grande en misericordia". (Salmo 103)

 

 

CREACIÓN

 

 Creador del Cielo y de la Tierra...

 

La Iglesia Ortodoxa cree que Dios Padre es el "Creador del Cielo y de la Tierra y de todas las cosas visible e invisibles".

 

Crear significa hacer algo de la nada; traer a la existencia algo que antes no existía; o, nuevamente citando la Liturgia de San Juan Crisóstomo, "traer desde la no-existencia a la existencia".

 

La Doctrina Ortodoxa de la Creación es que Dios ha traído todo y todos los que existen desde la no-existencia a la existencia. La descripción de la creación que encontramos en las Sagradas Escrituras se encuentra primeramente en el capítulo 1 de Génesis. El fundamental punto doctrinal acerca de la creación es que sólo Dios no fue creado y es eterno. Todo lo que existe  aparte de Dios fue creado por Él. Dios, sin embargo, no creó todo individualmente y a la vez. Creó las primeras fundaciones de la existencia, y luego durante mucho tiempo (tal vez millones de años -Véase II Pedro 3, 8) esta primera fundación de la existencia, por el poder que Dios la otorgó, dio a luz a las otras criaturas de Dios: "Produzca la tierra hierba verde, hierba que da semilla... Produzcan las aguas seres vivientes... Produzca la tierra seres vivientes según su género..." (Génesis 1, 11, 20, 24)

 

Así, aunque Dios es sin duda el Creador de todo, El actúa gradualmente en el tiempo y mediante lo que Él ha hecho previamente, a los que ha dado potenciales y poderes de producir vida.

 

Según la Fe Ortodoxa, todo lo que Dios ha hecho es “muy bueno”: los cielos, la tierra, las plantas, los animales, y finalmente el propio ser humano. (Génesis 1, 31) Dios esta complacido con la creación y ha hecho todo sólo para que pueda participar en Su propia Existencia, Divina y No-Creada y que viva por Su propio divino "Aliento de vida"(Génesis 1, 30; 2, 7)

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"Por la palabra del Señor fueron hechos los cielos y todo su ejercito por el aliento (o espíritu) de Su boca. Él junta como dique las aguas del mar; él pone en depósito los abismos. Tema al Señor toda la tierra; teman delante de Él todos los habitantes del mundo. Porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió."  (Salmo 33, 6 al 9)

 

En los versos del Salmo que aquí citamos así como en el libro de Génesis vemos la presencia y acción del Verbo (Palabra) de Dios y del Espíritu de Dios. Dios el Padre crea todo lo que existe mediante Su Divino Verbo: "Dijo Dios... y fue así" y por Su Divino Espíritu quien "se movía sobre la faz de las aguas." (Génesis 1, 2) Aquí ya se vislumbra la Santísima Trinidad, la que será plenamente revelada en el Nuevo Testamento cuando el Verbo se encarne y cuando el Espíritu Santo descienda en persona sobre los discípulos de Jesús en el día de Pentecostés.

 

Debemos especialmente señalar la bondad del mundo físico creado. En el cristianismo Ortodoxo no existe el dualismo. No hay ninguna enseñanza que diga que el "espíritu" es bueno y la "materia" mala, que el "cielo" es bueno y la "tierra" mala. Dios ama  con Su Amor Eterno a toda Su Creación material y, como veremos, cuando la creación física es desfigurada por el pecado, Él hace todo lo que está en Su Poder para salvarla.

 

Amando a toda su creación, Dios Padre mora en el mundo que ha creado por su bondad y amor a la humanidad. La Omnipresencia de Dios es uno de los Atributos Divinos del Creador que se enfatiza particularmente en la enseñanza Cristiana Ortodoxa. Este hecho se confirma directamente en la Oración al Espíritu Santo que se reza al comienza de todo el culto Ortodoxo:

 

Oh Rey Celestial, Paráclito, Espíritu de la Verdad, que estas en todas partes y todo lo llenas, Tesoro de todo lo bueno y Dador de la Vida, ven y mora en nosotros, purifícanos de toda mancha y salva nuestras almas, oh Bondadoso.

 

El hecho de que nosotros los Cristianos rezamos, "Padre Nuestro, que estas en los cielos..." también afirma que Dios está presente en todo lugar, pues donde quiera que vaya un hombre sobre la faz de la tierra, por los mares o en el aire, los cielos lo rodean con la presencia de Dios. El Señor Jesucristo, para que los hombres reconocieran que el Verdadero Dios, Su Padre, no está atado a un lugar en particular u otro, como lo fueron los dioses paganos, enseña el ser humano a rezar al Padre "en los cielos". Pues el Único Dios, Verdadero y Vivo, está presente en todos, sobre todo, abarcando y conteniendo todo con Su Providencia y Protección Celestial. El Dios que está "Sobre todo" también está "por todos, y en todos" (Efesios 4, 5). Mediante Su Verbo (Palabra) y Su Espíritu Santo, Dios "todo lo llena en todo." (Efesios 1, 10. 23)

 

Así, el Apóstol San Pablo también proclamó a los atenienses, que si los hombres lo reconocen o no, "en Él vivimos, y nos movemos, y somos," pues "Él no está lejos de cada uno de nosotros". (Hechos 17, 27 al 28)

 

Se atestigua muy hermosamente la omnipresencia de Dios en Su Creación, y nuestra propia presencia delante de Él, en el Salmo 139:

 

A donde me iré de tu Espíritu?. Y a donde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí Tú estas.

Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrieran; Aun la noche resplandecerá alrededor de mi. Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día; lo mismo te son las tinieblas que la luz.

 

 

 

 

ÁNGELES

 

Todas las cosas visibles e invisibles.

 

Además de la creación física y visible, existe también un mundo invisible creado por Dios. A veces la Biblia se refiere a él como "los cielos" y a veces como aquello que está "arriba de los cielos". Sea lo que sea su descripción simbólica en la Sagrada Escritura, el mundo invisible definitivamente no forma parte del universo material, físico. No está situado en el espacio; no tiene dimensiones físicas. Y entonces no puede ser localizado, y no ocupa ningún "lugar" que pueda ser alcanzado después de un viaje  entre las galaxias  del universo físicamente creado.

 

Sin embargo, el hecho de que el mundo invisible y creado sea puramente espiritual y no pueda ser encontrado en un mapa del mundo material creado, no hace que sea menos real o que no exista  verdaderamente. La creación invisible existe como algo diferente, distinto al mundo creado visible y, por supuesto, totalmente diferente a la existencia absolutamente super-divina y no-creada del Dios no-creado.

 

La realidad creada invisible está constituida de  los ejércitos de los poderes incorpóreos, que generalmente se llaman (y mas bien incorrectamente) los Ángeles.

 

Los ángeles (que literalmente significa "mensajeros"), son, estrictamente hablando, solo una de las órdenes entre los poderes incorpóreos del mundo invisible.

 

Según las Sagradas Escrituras y la Tradición Ortodoxa, existen nueve órdenes de los poderes incorpóreos o Ejércitos (Sabaoth significa "ejércitos" o "coros" u “órdenes” ). Existen ángeles, arcángeles, principados, potestades, virtudes, dominios, tronos, querubines y serafines. Estos dos últimos son descriptos como ofreciendo gloria y adoración continua a Dios con la incesante y eterna proclamación: Santo!, Santo!, Santo! (Isaias 6, 3; Apocalipsis 4, 8). Los dominios, tronos, virtudes, potestades y principados, no son muy conocidos de los hombres, mientras que los ángeles y arcángeles se conocen como trabajadores activos, guerreros y mensajeros del Señor en el mundo. Así, los ángeles y arcángeles luchan contra el mal espiritual, y median entre Dios y el mundo. Aparecen a los hombres en variadas formas en el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento, tanto como en la Vida de la Iglesia. Los ángeles son portadores del poder y la presencia de Dios, y son mensajeros de Su palabra para la salvación del mundo. Los ángeles que son mejor conocidos son Gabriel (cuyo nombre significa "hombre de Dios"), que es el portador de la buena nueva del Nacimiento de Cristo (Daniel 8, 16; 9, 12; Lucas 1, 19, 26), y Miguel (que quiere decir "aquel que es semejante a Dios") cabeza de los ejércitos espirituales de Dios (Daniel 11, 13; 12, 1; Judas 9; Apocalipsis 12, 7).

 

Generalmente las apariencias de los poderes incorpóreos  se describen a los hombres de una manera física ("de seis alas e innumerables ojos"; o en la "forma de un hombre"). Sin embargo, se debe entender claramente que estas  son descripciones simbólicas solamente. Por naturaleza y definición los ángeles no tienen cuerpos y no poseen propiedad material de ningún tipo. Son seres estrictamente espirituales.

 

 

 

ESPÍRITUS MALIGNOS

 

Además de los poderes espirituales creados que llevan a cabo la voluntad de Dios, existen, según nuestra Fe Ortodoxa, los que se rebelan contra Él y obran el mal. Estos son los demonios o diablos (que literalmente significa "aquellos que destruyen"). Se los ve obrar en el Antiguo Testamento y en el Nuevo, así como en las vidas de los Santos de la Iglesia.

 

Satanás (cuyo nombre quiere decir enemigo o el adversario) es un nombre para el diablo, el líder de los espíritus malignos. Es identificado en el símbolo de la Serpiente de Génesis 3 y como el tentador de Job y de Jesús (Job 1, 6; Marcos 1, 33). Es nombrado por Cristo como un engañador y mentiroso, el "padre de las mentiras" (Juan 8, 44) y el "príncipe de este mundo" (Juan 12, 31;14, 30; 16, 11). Él ha caído del cielo al igual que sus ángeles malos  que se erigieron contra Dios y Sus servidores(Lucas 10, 18; Isaías 14, 12). Es este mismo Satanás que entró en Judas para efectuar la traición y la muerte de Cristo (Lucas 22,3).

 

Los Apóstoles de Cristo y los Santos de la Iglesia conocían por experiencia propia a los poderes de Satanás contra el ser humano para su destrucción. Del mismo modo, conocían bien la falta de poder de Satanás y su propia destrucción final, cuando el ser humano está con Dios, lleno del Espíritu Santo de Cristo. Según la Doctrina Ortodoxa, no existe ningún término medio entre Dios y Satanás. Al fin de cuentas, y en cualquier momento, el ser humano o está con Dios o está con el diablo, sirviendo o a uno o al otro.

 

La victoria final pertenece a Dios y a los que están con Él. Satanás y sus ejércitos son finalmente aniquilados. Si no reconocemos esto -y más aun- sin la experiencia de esta realidad de la lucha espiritual cósmica (Dios y Satanás, los ángeles buenos y los espíritus malignos), uno no puede llamarse Cristiano Ortodoxo, en el verdadero sentido, que es consciente de las más profundas realidades de la existencia y organizando su vida en consecuencia. Una vez más, sin embargo, se debe afirmar claramente que el diablo no es ningún "caballero vestido de traje rojo" ni tampoco ningún otro tipo de engañador físicamente grotesco. Él es un espíritu sutil, inteligente, que actúa principalmente por el engaño y la disimulación, ganando su victoria más grande cuando el ser humano deja de creer en su existencia y poder. Es así que el diablo ataca "de frente" solamente a los que no puede engañar de otra forma: a Jesús y a los más grandes entre los santos. En la mayor parte de su combate, él se conforma con permanecer oculto y a actuar por caminos y métodos desviados.

 

"Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar"(1 Pedro 5, 8).

"Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las acechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne sino contra los principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes". (Efesios 6, 11 al 12).

 

 

 

EL SER HUMANO

 

El ser humano es la criatura especial de Dios, es el único "creado a imagen y semejanza de Dios" (Génesis 1, 26). Él es creado por Dios del polvo de la tierra al final del proceso de la creación (al "Sexto día") y por un proyecto especial. Dios lo hizo para respirar "el aliento de la vida" (Génesis 2, 7), con el fin de conocer a Dios, y tener dominio sobre todo lo que Dios había creado.

 

Por ser humano  es necesario entender los dos sexos: “varón y mujer los creó" (Génesis 1, 27; 2, 21)- Para ser fecundos y multiplicarse (Génesis 1, 28). Entonces, según la doctrina Ortodoxa la sexualidad pertenece a la creación que dijo Dios que era "muy buena" (Génesis 1, 31), y en sí no es de ninguna manera, ni pecaminosa ni perverso. La sexualidad pertenece a la propia naturaleza de la humanidad creada expresamente por la voluntad de Dios.

 

Como imagen de Dios, con señorío sobre la creación y co-creador junto al Creador No Creado, el ser humano debe "reflejar" a Dios en la creación, hacer presente Su presencia, Su voluntad, Sus poderes presentes en todo lugar del universo; de transformar todo lo que existe en el paraíso de Dios. En este sentido, el ser humano es creado definitivamente para un destino más grande que el de los poderes incorpóreos del cielo, los ángeles. El Cristianismo Ortodoxo afirma esta convicción, no solamente por el énfasis que las Sagradas Escrituras ponen en el ser humano como criatura hecha a imagen y semejanza de Dios para reinar sobre la creación (lo que no se dice acerca de los ángeles), sino también porque San Pablo   lo afirma directamente cuando escribe acerca de Jesucristo, diciendo que es verdaderamente el hombre perfecto y el Último Adán, (I Corintios 15, 45), y que: "Dios le exaltó hasta lo sumo, y le  dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre".(Filipenses 2, 9 al 11).

 

Si creemos en Jesús, se deduce entonces que el ser humano es creado para una vida muy superior a la de cualquiera otra criatura, aun a la de los ángeles que glorifican a Dios y sirven la causa de la Salvación del ser humano. Y es precisamente esta convicción que se afirma cuando la Iglesia canta a María, la Madre de Dios, como "más venerable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines". Pues lo que es glorificado como ya realizado en María, la persona humana, es precisamente lo que espera a todos los "hombres que oyen la palabra de Dios y la guardan". (Lucas 11, 28)

 

Así tomamos conciencia de la gran dignidad del ser humano según la Fe Cristiana. Vemos al ser humano como "la más importante" de las criaturas de Dios, la criatura para quien "todas las cosas visibles e invisibles" han sido creadas por Dios.

 

Es nuestra doctrina Ortodoxa, solo se puede entender y apreciar lo que significa ser un ser humano a la luz de la plena revelación de Jesucristo. Siendo el Verbo Divino y el Hijo de Dios hecho hombre, Jesús revela la verdadera dimensión de la humanidad.. Como Hombre Perfecto y el Último Adán,  "el hombre de los cielos", Jesús nos da la interpretación correcta de la historia de la creación que encontramos en el libro del Génesis. Porque como ha escrito el Apóstol San Pablo, Adán encuentra su significado como la "figura del que había de venir", es decir, Jesucristo (Romanos 5, 14).

"Está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo... y así como hemos traído la imagen terrenal traeremos también la imagen del celestial". (I Cor. 15, 45 al 49).

 

Según la teología Cristiana Ortodoxa, llevar la imagen de Dios es ser como Cristo, la Imagen No-Creada de Dios, y compartir de todos los atributos espirituales de la divinidad. Es, en las palabras de los Santos Padres, llegar a ser por la divina gracia todo lo que Dios Mismo es por naturaleza. Si Dios es un Ser libre, espiritual, personal, así los seres humanos, varón y mujer, han de ser lo mismo. Si Dios es tan poderoso y creativo, con dominio sobre toda la creación, así también las criaturas humanas, hechas a Su Imagen y Semejanza, han de ejercer dominio en el mundo. Si Dios ejerce dominio y autoridad no por tiranía y opresión, sino por amor, bondad y servicio, Sus criaturas entonces deben hacer lo mismo. Si el Mismo Dios es amor, misericordia, compasión y providencia, así Sus criaturas, creadas para ser como Él, deben ser lo mismo. Y finalmente, Si Dios vive para siempre en la vida eterna, nunca muriendo, sino siempre existiendo en belleza y felicidad perfectamente gozosas y armoniosas con toda la creación, así también los seres humanos son creados para la vida eterna en comunión gozosa y armoniosa con Dios y toda la creación.

 

Según la doctrina ortodoxa, la vida humana nunca termina su desarrollo y crecimiento, pues es creada a la imagen y semejanza de Dios. El Ser y la vida de Dios son inagotables y sin límites. Tal como el Arquetipo Divino no tiene limites a su divinidad, así también la imagen humana no tiene límites a su humanidad, a lo que puede llegar a ser por la gracia de Su Creador. Por lo tanto, la naturaleza humana es creada por Dios para crecer y desarrollarse mediante la participación en la naturaleza de Dios por toda la eternidad. El ser humano es creado para llegar a ser cada vez más semejante a Dios, aun en el Reino de Dios al fin de los siglos, cuando Cristo venga de nuevo en gloria para resucitar a los muertos y otorgar la vida a los que le aman.

 

Así los Santos Padres de la Fe Ortodoxa enseñaron que, sea lo sea el grado de madurez y desarrollo que logre el ser humano, sea lo que sea su poder, sabiduría, misericordia,  conocimiento, amor, continuamente queda delante de él una infinidad de plenitud de vida aún más grande en la Santísima Trinidad, en la cual puede participar y vivir. El hecho de que la naturaleza humana eternamente progresa en perfección dentro de la naturaleza de Dios constituye el significado de la vida para el ser humano, y permanece para siempre la fuente de su alegría y regocijo para toda la eternidad.

 

Ahora debemos decir también que, según la doctrina Cristiana Ortodoxa, era la expresa voluntad de Dios que los seres humanos fueran creados varón y mujer, y esto es esencial para la propia vida humana como un reflejo de Dios. Es decir, la sexualidad humana no sólo es un elemento necesario en la existencia y vida humana creada a la imagen de Dios, sino que la vida, la vida humana debe ser sexuada -masculino y femenino- si ha de ser lo que Dios mismo ha creado.

 

Hombre y mujer, son creados por Dios para vivir juntos en una unión de existencia, vida y amor. El ser humano ha de ser líder en toda actividad humana, el que refleje a Cristo como el nuevo y perfecto Adán. La mujer ha de ser "una ayuda" para el hombre, la "madre de todos los vivientes"(Génesis 2, 16;3, 20). Simbolizando en la relación de Maria y la Iglesia, la Nueva Eva, y a Cristo, el Nuevo Adán, como la que inspira la vida del hombre, completa su existencia y llena su vida, la mujer no es un instrumento del hombre. Ella es una persona en su propio derecho, partícipe de la naturaleza de Dios, y  un complemento necesario para el hombre. No puede haber ningún hombre sin mujer -ningún Adán sin Eva; tal como no puede haber ninguna mujer sin hombre. Los dos existen juntos en perfecta comunión y armonía para el cumplimiento de la naturaleza y vida humana.

 

Las diferencias entre el hombre y la mujer son reales e irreducibles. No se limitan a diferencias físicas o biológicas. Son más bien diferentes  dentro de una y misma humanidad; tal como, podríamos decir, el Hijo y el Espíritu Santo son diferentes personas dentro de una y la misma divinidad, junto con Dios Padre. El hombre y la mujer deben estar en unión espiritual tanto como en unión corporal. Deben expresar en conjunto, en una y misma humanidad, todos los poderes y virtudes que pertenecen  a la naturaleza humana creada a imagen y según la semejanza de Dios. No existen ni virtudes ni poderes que pertenecen al hombre, pero no a la mujer; ni tampoco existen los que pertenezcan a la mujer pero no al hombre. Todos están llamados a perfección espiritual en verdad y en amor, en todas las virtudes divinas de Dios otorgadas a sus criaturas.

 

Las hostilidades y competencias entre el hombre y la mujer que existen en el mundo de hoy no se deben a sus respectivos “modos personales” tal como fueron creados por Dios. Se deben más bien al pecado. No debe existir la tiranía de hombres sobre mujeres; ni opresión, ni servidumbre. Tal como no debe existir ninguna lucha de la mujer para ser hombre, para tomar la posición masculina en el orden de la creación. Sino debe haber una armonía y unidad dentro de la comunidad de existencia con sus naturales distinciones y orden creados. Vemos esta unidad de naturaleza con la distinción en la existencia personal dentro de la Divinidad de la Santísima Trinidad. Pues en la Divinidad de la Trinidad misma existe una perfecta unidad de naturaleza y existencia, con reales distinciones entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en cuanto a que forma vive cada una de las Personas Divinas y como expresa cada una de ellas la naturaleza común de Dios. Existe un "orden" en la Trinidad. Existe inclusive una jerarquía si consideramos la manera en que las Personas Divinas se relacionan entre ellas mismas y con el hombre y el mundo. (Si embargo, no debemos entender en la palabra "Jerarquía" una diferencia de naturaleza entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo). Pues en la Trinidad Misma, solo el Padre es la "Fuente de la Divinidad". El Hijo es la expresión del Padre y está "sujeto" a Él. Y el Espíritu Santo, consubstancial y de total igualdad con el Padre y el Hijo, es la "tercera" persona Quien cumple la voluntad del Padre y del Hijo. Las tres personas divinas son perfectamente iguales. Este es un dogma de la Iglesia. Pero no son lo mismo, y existe una relación ordenada entre ellas en la cual hay "prioridades" de existencia y acción ordenada entre ellas en la cual hay "prioridades" de existencia y acción que no destruyen la perfección y la unidad perfecta de la Divinidad, y que, mas aun, permiten que sea perfecta y divina. (Véase el Capitulo III). La Vida Trinitaria de Dios es el Arquetipo y Modelo para la existencia y acción del hombre y de la mujer dentro del orden de la creación.

 

 

PECADO

 

La palabra “pecado” significa que “ha errado el fin”.. Significa fallar en ser lo que debemos ser y en hacer lo que debemos hacer.

 

En el origen el hombre fue concebido para ser la imagen creada de Dios, para vivir en unión con la vida divina de Dios, y para reinar sobre toda la creación. Que el ser humano haya fallado a su tarea es su pecado, a lo que también se refiere como su “caída”.

 

La "caída" del ser humano significa que ha fallado en la vocación recibida de Dios. Esto es el significado de Génesis 3. EL ser humano fue inducido por el maligno (la serpiente) a creer que podría llegar a ser "igual a Dios" por su propia voluntad y esfuerzo.

 

En la tradición Ortodoxa el comer del "árbol del conocimiento del bien y del mal" generalmente se interpreta como la percepción misma del mal, por el ser humano. Su experiencia concreta del mal como tal. A veces también se interpreta este comer del árbol (como lo ha hecho San Gregorio el Teólogo) como su intento de ir mas allá de lo que era posible; su intento de hacer lo que aun no estaba en su poder realizar.

 

Sean lo que sean los detalles de la varias interpretaciones del relato del Génesis, es la clara doctrina de la Ortodoxia que el ser humano ha fallado en su vocación original. Desobedeció al mandamiento de Dios por orgullo, envidia y la falta de humilde gratitud a Dios, cediendo a la tentación de Satanás. Así el ser humano pecó. “Falló al fin” al cual había sido llamado. Transgredió la Ley de Dios (Véase I Juan 3, 4). Y así llevó la ruina a sí mismo y a la creación que le fue entregada para cuidar y desarrollar. Por su pecado -y por sus pecados- se somete a sí mismo y toda la creación con él, a la ley del mal y de la muerte.

 

En la Biblia y en la teología Ortodoxa, los siguientes elementos siempre van juntos: el pecado, el mal, el diablo, el sufrimiento y la muerte. Nunca está uno sin los otros, y todos son el resultado común de la rebelión del ser humano contra Dios y su pérdida de comunión con Él. Este es el significado principal de Génesis 3 y de los capítulos que siguen hasta la llamada de Abrahám. El pecado engendra más pecado y mal aún más grande. Trae desorden cósmico, la corrupción final y la muerte de todos y de todo. El ser humano todavía permanece como la imagen creada por Dios -esto no puede cambiar- pero él ha manchado esa imagen y ha perdido la semejanza divina. Su humanidad está desfigurada por el mal, pervertida y deformada hasta el punto que ya no puede ser el reflejo puro de Dios como debía haber sido. El mundo también permanece bueno, de cierto "muy bueno", pero comparte las tristes consecuencias del pecado de su amo creado y sufre con él en la agonía mortal y corrupción. Así, por la falta del ser humano, el mundo entero cae bajo la ley de Satanás y " yace bajo el poder del Maligno". (I Juan 5, 19; véase también Romanos 5,12).

 

El relato de Génesis es una descripción divinamente inspirada en términos simbólicos de las posibilidades primordiales y originales del ser humano, pero también de su flaqueza. Este relato nos revela que el ser humano desvió el poder   que se le había dado de crecer  y de desarrollarse eternamente en Dios y se hizo un instrumento de multiplicación y de proliferación del mal; y afirma que el ser humano ha transformado  la creación en el principado del Diablo, un cementerio en escala cósmica "gimiendo y sufriendo dolores de parto" (romanos 8, 19 al 23) hasta que nuevamente fuera salvado por Dios. Todos los hijos de Adán, es decir, todos los seres humanos, comparten este trágico destino. Aún aquellos que nacen en este mismo instante como imágenes de Dios a un mundo esencialmente bueno están arrojados a un universo destinado a la muerte, gobernado por el diablo y lleno del fruto maligno de generaciones de sus indignos siervos.

 

El mensaje fundamental es este: el hombre y el mundo necesitan ser salvados. Dios da la promesa de la salvación desde el mismo principio, promesa que históricamente comienza a ser cumplida en la persona de Abrahám, el padre de Israel, el antepasado de Cristo.

 

"El Señor dijo a Abram (después llamado Abrahám): De ti haré una nación grande y te bendeciré. Engrandeceré tu nombre y por ti serán bendecidas todas las naciones de la tierra."(Génesis 12, 3; Génesis 22, 15).

 

Abrahám creyó al Señor; y de él vino el pueblo de Israel del cual, según la carne, nació Jesucristo el Salvador y Señor de la Creación (Véase Lucas 1, 55; 73; Romanos 4; Gálatas 3).

 

Toda la historia del Antiguo Testamento encuentra su cumplimiento en Jesús. Todo lo que sucedió a los hijos escogidos de Abrahám sucedió en vista de la definitiva y final destrucción del pecado y de la muerte por Cristo. Los pactos de Dios con Abrahám, Isaac y Jacob (el nombre de Jacob fue cambiado posteriormente a "Israel", que significa "aquel que lucha con Dios"); las doce tribus de Israel; la historia de José; la Pascua, el éxodo, y la entrega de la Ley de Dios a Moisés; la llegada de Josué a la tierra prometida; la fundación de Jerusalén y la construcción del Templo por David y Salomón; los jueces, reyes, profetas y sacerdotes; absolutamente todos los acontecimientos relatados en el Antiguo Testamento en relación al Pueblo Escogido de Dios, encuentra su último motivo y su sentido en el Nacimiento, Vida, Muerte, Resurrección, Ascensión y Glorificación del Hijo Unigénito de Dios, Jesús el Mesías. Él es Aquel que es engendrado del Padre para salvar a las personas de sus pecados, para abrir sus tumbas y para otorgar la vida eterna a toda la creación.

 

 

 

JESUCRISTO

 

Y en un solo Señor Jesucristo.

 

La confesión fundamental de los cristianos acerca de Su Maestro es esta: “Jesucristo es el Señor”. Esta comienza en el Evangelio cuando Jesús mismo pregunta a sus discípulos quién creen ellos que es Él: "Y vosotros ¿quién decís que soy yo?" Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios Viviente (Mateo 16, 16).

 

Jesús es el Cristo. Esto es el primer acto de fe que los seres humanos deben hacer acerca de Él. Al nacer, el hijo de María recibe el nombre de Jesús, que significa literalmente Salvador (en hebreo, Josué, que es además el nombre del sucesor de Moisés quien cruzó el Río Jordán y llevó al pueblo escogido a la tierra prometida). "Llamarás su nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados". (Mateo 1, 21; Lucas 1, 31). Es este Jesús, el Cristo, que significa el Ungido, el Mesías de Israel. Jesús es el Mesías, el que fue prometido al mundo mediante Abrahám y su linaje.

 

Pero ¿quién es el Mesías?. Esta es la segunda pregunta, que Cristo hizo en los Evangelios. Mas esta vez no preguntó a Sus Discípulos, sino a los que trataban de tenderle una trampa a Él. "¿Quién es el Mesías?" les preguntó, no porque podrían responder o porque realmente querían saber la respuesta, sino para acallarlos y  comenzar "la hora" para la cual había venido, la hora de la Salvación del mundo:

 

"Y estando juntos los fariseos, Jesús les preguntó, diciendo: "¿Que pensáis del Cristo" De quién es hijo?. Le dijeron:  de David. Y les dijo: ¿pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor; Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies"?(Salmo 110). Pues si David le llama Señor, ¿Cómo es su Hijo?. Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle mas".(Mateo 22, 41 al 46).

 

Después de la Resurrección de Jesús, inspirados por el mismo Espíritu Santo que había inspirado a David, los Apóstoles y todos los miembros de la Iglesia comprendieron el significado de esas palabras: Jesús es el Cristo. Y el Cristo es el Señor. Este es el misterio de Jesucristo el Mesías, es decir, que Él es el Único Señor, identificado con el Dios Yahvé del Antiguo Testamento.

 

Ya hemos visto como Yahvé siempre fue llamado Adonaí, el Señor, por el pueblo de Israel. En la Biblia griega nunca fue escrita la palabra Yahvé. Si no que en su lugar, donde se escribía en hebreo la palabra Yahvé, y donde los judíos decían Adonai, el Señor, la Biblia griega simplemente  escribía Kirios,  el Señor. Así, el Hijo de David, que era otro nombre para el Mesías, es llamado, Kirios, el Señor.

 

Para los Judíos, y por cierto para los primeros Cristianos, el término Señor se usaba solamente para referirse a Dios: "Dios el Señor se ha manifestado a nosotros" (Salmo 118). Este Señor y Dios es Yahvé; y es también Jesús el Mesías. Pues aunque dice Jesús: "el Padre es mayor que yo" (Juan 14, 28), también afirma: 'Yo y el Padre somos uno ".(Juan 10, 30)

 

Creer en "Un solo Señor Jesucristo" es la principal confesión de Fe por la cual los primeros Cristianos estaban dispuestos a dar sus vidas. Pues es la confesión que afirma la identidad de Jesús con el Dios Altísimo.

 

 

HIJO DE DIOS

 

Hijo Unigénito de Dios...

 

Jesús es uno con Dios como Su Hijo Unigénito. Esto es la proclamación con valor de revelación formulada por los Santos Padres del Concilio de Nicea:

 

... y en un Solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios, nacido del Padre, antes de todos los siglos: Luz de Luz, Verdadero Dios de Dios Verdadero. Engendrado, no creado. Consubstancial al Padre, por quién fueron hechas todas las cosas...

 

Estas frases hablan acerca del Hijo de Dios, también llamado el Verbo (Palabra) o Logos de Dios, antes de su nacimiento en cuerpo humano de Maria Virgen en Belén.

 

Hay un solo Hijo Eterno de Dios. Es llamado Hijo Unigénito, que significa que fue el Único que nació del Padre.

 

El Hijo de Dios es nacido del Padre "antes de todos los siglos"; es decir, antes de la creación, antes del comienzo de los tiempos. El tiempo tiene su comienzo en la creación. Dios existe antes del tiempo, en una existencia eternamente sin tiempo, que no tiene ni  principio ni fin.

 

La palabra Eternidad no quiere decir tiempo sin fin. Significa la condición de estar en estado sin tiempo, sin pasado, sin futuro, solamente un presente constante. Para Dios, todo es ahora.

 

En el "ahora" eterno de Dios, antes de la creación del mundo, el Hijo Unigénito de Dios nació de Dios Padre en lo que sólo podemos llamar una generación  eterna, sin tiempo, siempre actual. Esto significa que aunque el Hijo es "engendrado del Padre" y viene del Padre, su generación es eterna. Así, nunca hubo un "tiempo" en que no existiera el Hijo de Dios, contrariamente a lo que predicaba el hereje Arrio quien enseñaba que sí hubo un tiempo en el cual el Hijo de Dios todavía no había nacido. Esta falsa doctrina fue formalmente condenada por el Primer Concilio Ecuménico.

 

El Hijo Unigénito de Dios, aunque nació del Padre y tiene Su origen en Él, siempre existió, o mejor dicho, siempre existe: no creado, eterno y divino. Así, dice el Evangelio de San Juan:

 

"En el principio existía el Verbo (Palabra, Logos); y el Verbo estaba con Dios. Y el Verbo era Dios". (Juan 1, 1)

 

Eternamente nacido de Dios y siempre-existente con el Padre en la generación "sin tiempo", el Hijo es verdaderamente "Luz de Luz, Verdadero Dios de Dios Verdadero". Pues Dios es Luz, y lo que es nacido de Él debe ser Luz. Y Dios siendo Verdadero Dios, entonces lo que nace de Él debe ser Verdadero Dios.

 

Sabemos, según el orden de las cosas creadas, que cualquier ser que nace debe ser esencialmente igual a lo que le dio nacimiento. Si uno viene del mismo ser de otro, debe ser entonces de la misma naturaleza que él; es imposible que sea esencialmente diferente. Así, los seres humanos dan nacimiento a otros seres humanos, los  pájaros a pájaros, los peces a peces, las flores a flores.

 

Si Dios entonces, en la sobreabundante plenitud y perfección de Su Ser Divino, da nacimiento a un Hijo, el Hijo debe ser igual al Padre en todo, excepto, por supuesto, en el hecho de que es el Hijo, y no el Padre.

 

Así, si el Padre es Divino y eternamente perfecto, veraz, sabio, bueno, amante, y todo lo que sabemos que Dios es: "Inefable, inconcebible, invisible, siempre-existente y eternamente igual" (nuevamente citando el texto de la liturgia), entonces el Hijo también debe ser todo esto. Pensar que lo que nace de Dios debe ser menos que Dios, dice un Santo de la Iglesia, sería deshonrar a Dios.

 

El Hijo es "engendrado, no-creado; consubstancial al Padre". Para expresar las palabras "engendrado, no creado", también podemos decir "nacido, no-creado". Todo lo que existe aparte de Dios es creado por Él: todas las cosas visibles e invisibles. Pero el Hijo de Dios no es una criatura. No fue creado o hecho por Él. El Hijo fue nacido, engendrado, generado del mismo ser y naturaleza del Padre.

 

Pertenece a la misma naturaleza de Dios (a Dios en tanto que Dios) según la Divina Revelación tal cual fue entendida en la tradición ortodoxa, que Dios es un Padre Eterno por naturaleza, y que debe tener siempre a Su Hijo Eterno, No-Creado junto a Él. Pertenece a la misma naturaleza de Dios el que deba ser así, para que sea verdadera y perfectamente Divino. Pertenece a la misma naturaleza de Dios que no esté eternamente solo en Su Divinidad, sino que Su Mismo Ser, siendo Amor y Bondad, debe naturalmente "sobreabundar" y "reproducirse" en la generación de un Hijo Divino: el "Hijo de Su Amor", como lo ha llamado el Apóstol San Pablo. (Col.1, 13).

 

Por lo tanto, existe un gran abismo entre lo creado y lo no-creado; entre Dios y todo lo que Dios ha hecho de la nada. El Hijo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, no es creado. No fue hecho de la nada. Él ha sido y Él es engendrado eternamente del Ser Divino del Padre. No existe ningún abismo entre Dios y el Hijo de Dios.

 

Habiendo sido engendrado y no creado, el Hijo de Dios es lo que Dios es. La expresión consubstancial, simplemente significa lo siguiente: lo que es Dios el Padre, lo es también el Hijo. Decir que el Hijo es Consubstancial al Padre, es decir que son de la misma esencia[1]. Ahora bien, la palabra esencia viene del latín esse, que quiere decir ser. Hablar de la esencia de algo significa responder a la pregunta: ¿Qué es?" Lo que el Padre es, el Hijo es. El Padre es Divino, el Hijo es Divino. El Padre es Eterno, el Hijo es Eterno. El Padre no fue creado; el Hijo tampoco lo fue. El Padre es Dios, y el Hijo es Dios. Esto es lo que confesamos al decir "el Hijo Unigénito de Dios... Consubstancial al Padre".

 

Estando siempre con el Padre, el Hijo es también una sola vida, una sola voluntad, un solo poder y una sola acción con Él. Lo que sea el Padre, el Hijo también lo es; y por lo tanto lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo. Fuera de su existencia divina, el acto propio de Dios es el acto creador. El Padre es el Creador del Cielo y de la Tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en el acto de la creación, como lo confesamos en el Símbolo de la Fe, el Hijo es aquél  por Quien fueron hechas todas las cosas.

 

El Hijo obra en el acto creador como el que lleva a cabo la Voluntad del Padre. El acto divino de la creación y, por otra parte, todo acto a favor del mundo creado, se trate de la revelación, de la salvación o de la glorificación, es querida por el Padre y  cumplida por el Hijo (luego hablaremos del Espíritu Santo) en una sola e idéntica acción divina. Así tenemos el relato de la creación en el Génesis, en donde  Dios crea mediante Su Verbo (Palabra) Divino ("... y dijo Dios..."), y en el Evangelio de San Juan la revelación precisa lo siguiente:

 

" Este (la Palabra - Hijo) era en el principio con Dios (el Padre); todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho".(Juan 1, 2 al 3).

 

              Esta es también la doctrina exacta de San Pablo: "... Por el fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten".(Col.1, 16 al 17)

 

Así, se confiesa al Eterno Hijo de Dios como aquél "por Quien fueron hechas todas las cosas". (Juan 1,2-3; Hebreos 1, 2; 2, 10; Romanos 11, 36).

 

              El Símbolo de la Fe continua como sigue: "Quien por nosotros los hombres y para nuestra salvación, bajó de los cielos, se encarnó del Espíritu Santo y Maria Virgen y se hizo hombre...".

 

El Divino Hijo de Dios nació en carne humana para la salvación del mundo. Esta es la doctrina central de la Fe Cristiana Ortodoxa; toda la vida de los cristianos está basada en este hecho.

 

El Símbolo de la Fe enfatiza el hecho de que es "por nosotros los hombres y para nuestra salvación" que el Hijo de Dios ha venido. Esta es la más asombrosa, la más increíble de las enseñanzas bíblicas, que "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". (Juan 3, 16, citada en la parte central de la oración eucarística durante cada Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo)

 

Por su amor perfecto, Dios “envió” a Su Hijo al mundo. En el mismo acto de la creación, Dios “sabía” que para que el mundo exista, era necesaria  la Encarnación de Su Hijo en carne humana. La palabra Encarnación en sí significa “asumir la carne”, "tomar carne" en todo el sentido de la naturaleza humana, cuerpo y alma.

 

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de Verdad.... Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia". (Juan 1, 14,16)

 

 

...Bajó de los cielos...

 

La afirmación que el Hijo "bajó de los cielos y se encarnó" no quiere decir que Él se encuentra en alguna parte "arriba" en los espacios intersiderales y que luego descendió al planeta Tierra. Decir que Él "bajó de los cielos" es la forma bíblica de decir que el Hijo de Dios vino de una existencia totalmente diferente, la divina existencia de Dios, fuera de los limites de todo espacio y de toda duración del universo físico, creado. En general, debemos recordar nuevamente el carácter simbólico de todas nuestras palabras y afirmaciones que utilizamos cuando hablamos acerca de Dios.

 

Tampoco se debe interpretar la afirmación que el Hijo "bajó de los cielos" en el sentido de que antes de la Encarnación el Hijo de Dios estuviera totalmente ausente del mundo. El Hijo siempre estuvo en el mundo, pues el "mundo fue creado por El" (Juan 1, 10). Él estuvo presente siempre en el mundo pues Él personalmente es la vida y la luz del hombre. (I Juan 4)

 

Creado "a la imagen y semejanza de Dios", todo ser humano – simplemente  por el hecho de ser un ser humano - ya es reflejo del Hijo Divino, Quien es Él Mismo la Imagen No-Creada de Dios (Colosenses 1, 15; Hebreos 1, 3). Así, el Hijo, o Verbo (Palabra), o Imagen, o Resplandor de Dios, como se refiere a Él en las Santas Escrituras, siempre estuvo "en el mundo" por estar siempre presente en cada una de sus "imágenes creadas", no solamente como su creador, sino también siendo Él cuyo Ser todas las criaturas han de compartir y reflejar. Así, en su Encarnación, el Hijo viene al mundo personalmente y llega a ser Él mismo un ser humano. Incluso antes de la Encarnación, estaba siempre presente en el mundo por la presencia y el poder de Sus acciones creadoras en Sus criaturas, particularmente en el ser humano.

 

Además de esto, es también doctrina Ortodoxa que la manifestación de Dios a los Santos del Antiguo Testamento, es decir, las teofanías (que significa manifestaciones divinas), eran manifestaciones del Padre, por, mediante y en su Hijo o Logos. Así, por ejemplo, las manifestaciones a Moisés, Elías o Isaías son a través del Hijo de Dios, Divino y no Creado.

 

Es también enseñanza Ortodoxa que la Palabra de Dios que fue recibido por los profetas y santos del Antiguo Testamento, y las mismas palabras de la Ley del Antiguo Testamento de Moisés, también son revelaciones de Dios por Su Hijo, el Verbo Divino. (Referente a la Ley de Moisés, en hebreo se dice las "Palabras", y no los "mandamientos" como se ha traducido al español). Así, por ejemplo, tenemos el testimonio del Antiguo Testamento de la revelación de la Palabra de Dios, como el del Profeta Isaías, en casi la misma forma personal como se encuentra en el Evangelio cristiano:

 

"Como descienden la lluvia y la nieve de los cielos y no vuelven allá, sino que empapan la tierra, la fecundan y la hacen germinar, para que dé simiente al sembrador y pan para comer; así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que le envié". (Isaías 55, 10 al 11)

 

Así, antes de su Nacimiento personal de la Virgen María como el hombre-Jesús, el Divino Hijo y Verbo de Dios ya estaba en el mundo por Su presencia y acción en la creación, particularmente en el ser humano. Estaba presente y activo; también en las teofanías a los Santos del Antiguo Testamento; y en las palabras de la Ley y de los Profetas, tanto habladas como escritas.

 

LA ENCARNACIÓN

... Se encarnó del Espíritu Santo y María Virgen y se hizo hombre.

 

El Divino Hijo de Dios nació como hombre de la Virgen Maria por el poder del Espíritu Santo. (Mateo 1; Lucas 1) La Iglesia enseña que el nacimiento virginal es el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento (Isaías 7, 14), y que es también el cumplimiento de todas las aspiraciones de los seres humanos para la salvación que se encuentran en todas las filosofías y religiones en la historia humana. Solamente Dios puede salvar al mundo. El hombre no puede hacerlo por si solo ya que es el propio hombre que necesita ser salvado. Por lo tanto, según la doctrina ortodoxa, el nacimiento virginal es necesario no por una idolatría falsa de la virginidad como tal ni por un rechazo pecaminoso a la normal sexualidad humana. Ni tampoco es necesaria para "dar mayor peso" a las enseñanzas morales de Jesús, como algunos dicen. Se entiende el nacimiento virginal como una necesidad porque Él que nace no puede ser un mero ser humano como los demás que tiene necesidad de la salvación. El Salvador del mundo no puede ser uno de la raza de Adán nacido según la carne como los demás. Debe ser "no de este mundo" para poder salvar al mundo.

 

Jesús nace de la Virgen Maria porque Él es el Divino Hijo de Dios, el Salvador del Mundo. Es la enseñanza formal de la Iglesia Ortodoxa que Jesús no es un "mero hombre" como todos los demás. Por cierto, es un verdadero hombre, un hombre íntegro y perfectamente completo, con un espíritu, un alma y un cuerpo humano. Pero Él es el Hijo y el Verbo de Dios encarnado. Entonces, la Iglesia formalmente confiesa que Maria con todo derecho debe ser llamada Theotokos, que literalmente significa "la que da a luz a Dios". Pues, como canta nuestra Iglesia en la Navidad, Aquel que nace de Maria de toda la eternidad es Dios.

 

"Hoy una Virgen da a luz al Eterno, y la tierra ofrece una caverna al inaccesible. Ángeles y pastores le glorifican. Y los magos siguen a una estrella. Hoy ha nacido un niño, el Eterno Dios". (Kontakion de la Navidad)

 

Jesús de Nazaret es Dios, o, mejor dicho, es el Divino Hijo de Dios encarnado. Él es un hombre verdadero en todos los aspectos. Nació. Se crió, obediente y sujeto a sus padres. Creció en sabiduría y estatura. (Lucas 2, 51 al 52) Tuvo una vida familiar "entre parientes y conocidos". (Lucas 2, 41 al 44) Jesús no tuvo hermanos que nacieron de Maria, ya que nuestra doctrina Ortodoxa la confiesa "siempre-Virgen". Cuando en la Sagrada Escritura se refiere a los "hermanos" de Jesús (Juan 2, 12) entendemos que fueron primos, o hijos de José[2].

 

Como hombre, Jesús experimentó todas las normales y naturales experiencias humanas como el crecimiento y el desarrollo, la ignorancia y el aprendizaje, el hambre, la sed, la fatiga, la tristeza, el dolor y la desilusión. También conoció la tentación, el sufrimiento y la muerte. Aceptó estas cosas "por nosotros los hombres y para nuestra salvación".

 

"Así que, por cuanto los hijos participaren de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenia el imperio de la muerte, esto es, el diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, (...) para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados" (Hebreos 2, 14 al 18)

 

Cristo entró al mundo para llegar a ser semejante en todo a todos los hombres, excepto en el pecado.

 

"No hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; quien cuando padecía no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente (Dios el Padre)”. (I Pedro 2; 22 al 23; Hebreos 4, 15)

 

Jesús fue tentado, pero no cometió pecado. Fue perfecto en todo sentido, absolutamente obediente a Dios Padre, pronunciando Sus palabras, cumpliendo Sus obras y realizando Su voluntad. Como hombre, Jesús cumplió su papel perfectamente, siendo el Hombre Perfecto, el nuevo y postrer Adán. Él hizo todo lo que el ser humano no logra hacer, siendo en toda cosa la más perfecta respuesta humana a lo que Dios espera de Su creación. En este sentido, el Hijo de Dios hecho hombre “recapitula” la existencia de Adán, es decir, de toda la raza humana, llevando al hombre y su mundo a Dios Padre de nuevo, y haciendo posible una nueva vida, libre del poder del pecado, del diablo y de la muerte.

 

Como el Salvador - Mesías, Cristo también cumplió todas las profecías y colmado todas las expectativas del Antiguo Testamento, como un cumplimiento y coronación de perfección final y absoluta a todo lo que había sido esbozado en Israel para la salvación humana y del universo. Así entonces, Cristo es el cumplimiento de la promesa hecha a Abraham, la culminación de la Ley de Moisés, y la realización de las profecías. Él Mismo es el Ultimo Profeta, el Rey y El Maestro, el Único y Supremo Sumo Sacerdote de la Salvación,  la Víctima Sacrificial sin mancha, la Nueva Pascua y el Dador del Espíritu Santo a la creación entera.

 

Es en este título de Mesías - Rey de Israel y de Salvador del mundo que Cristo afirmó  Su identidad con Dios Padre y se llamó a sí mismo el Camino, la Verdad y la Vida, la Resurrección y la Vida, la Luz del mundo, el Pan de Vida, la Entrada al redil de ovejas, el Buen Pastor, el Hijo Celestial del Hombre, el Hijo de Dios, y Dios en persona, el “Yo Soy” (Evangelio de San Juan).

 

 

LA DEFENSA DE LA DOCTRINA DE LA ENCARNACIÓN

 

En la Iglesia Ortodoxa el hecho central de la fe cristiana, esto es que el Hijo de Dios ha venido a la tierra como un hombre verdadero, nacido de Maria Virgen para morir y resucitar de nuevo, para otorgar la vida al mundo, ha sido expresado y defendido de muchas diferentes formas. La primera predicación y defensa de la fe consistió en sostener que Jesús de Nazaret es en Verdad el Mesías de Israel, y que el Mesías Mismo -El Cristo- es realmente Señor y Dios encarnado. Los primeros cristianos, comenzando con los Apóstoles, tenían que insistir en el hecho de que, además de ser el Cristo y el Hijo de Dios, Jesús realmente ha vivido y ha muerto y ha resucitado de entre los muertos en la carne, como un verdadero ser humano.

 

"En esto conoced el Espíritu de Dios. Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios" (I Juan 4, 2 al 3).

 

"Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne..."(II Juan 7)

 

En los primeros años de la Fe Cristiana, los defensores de la fe, es decir, los apologetas y los mártires, tenían como testimonio y tarea central la defensa de la doctrina que Jesús, siendo el Hijo de Dios encarnado, ha vivido en la tierra y ha muerto, ha sido resucitado por el Padre y ha sido glorificado como el Único Rey y Señor y Dios del Mundo.

 

 

LOS CONCILIOS ECUMENICOS

 

Durantes los siglos tercero y cuarto se intentó enseñar que aunque Jesús es el Verbo Encarnado e Hijo de Dios, el Hijo y Verbo mismo no es total y completamente divino, sino una criatura, la más excelsa, pero una criatura hecha por Dios como toda la creación. Esta fue la enseñanza de Arrio y sus seguidores. Contra esta enseñanza, los Padres, como Atanasio de Alejandría, Basilio el Magno, su hermano, Gregorio de Nisa, y Gregorio el Teólogo de Nacianzo - defendieron la definición de la fe proclamada  en los Concilios Ecuménicos Primero y Segundo. Estos concilios sostenían que el Hijo y Verbo de Dios - encarnado en forma humana como Jesús de Nazaret, el Mesías de Israel, el Cristo, no es una criatura, sino es verdaderamente divino, con la misma divinidad que Dios Padre y el Espíritu Santo. Esta fue la defensa de la doctrina de la Santísima Trinidad (Véase Capitulo III) que conservó para la Iglesia de todos los siglos la fe que Jesús es realmente el Divino Hijo de Dios, consubstancial con el Padre y el Espíritu Santo, Uno de la Santísima Trinidad.

 

Al mismo tiempo, en el Siglo Cuarto, también fue necesario que la Iglesia rechazara la enseñanza de Apolinario, quien decía que aunque Jesús es el Verbo Encarnado e Hijo de Dios, la encarnación consistía en lo siguiente: el Verbo de Dios simplemente tomó un cuerpo humano, y no la plenitud de la naturaleza humana. Esta fue la doctrina falsa que afirmaba que Jesús no poseía una verdadera alma humana, ni una mente humana, ni un espíritu humano, sino que el Divino Hijo de Dios, Quien eternamente existe con el Padre y el Espíritu, solo habitó en un cuerpo humano, en carne humana, como en un templo. Es por esta razón que cada "proclamación Doctrinal Oficial" en la Iglesia Ortodoxa, incluyendo a todas las proclamaciones de los Concilios Ecuménicos, siempre insisten en que el Hijo de Dios se hizo hombre de Maria Virgen con un alma racional y cuerpo. En otras palabras, que el Hijo de Dios realmente se hizo ser humano en todo el sentido de la palabra y que Jesucristo era y es un Verdadero ser humano, siendo y poseyendo todo lo que cada ser humano es. Simplemente es esta la enseñanza de los Evangelios y de las Escrituras del Nuevo Testamento en general.

 

"Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de la misma naturaleza... siendo en todo semejante a sus hermanos..." (Hebreos 2, 14 al 17)

 

 

 

LA CONTROVERSIA NESTORIANA

 

En el siglo quinto se desarrolló una larga y difícil controversia sobre la verdadera comprensión de la persona y naturaleza de Jesucristo. El Tercer Concilio Ecuménico en la ciudad de Éfeso, en el año 431, siguiendo la enseñanza de San Cirilo de Alejandría, se preocupó principalmente por defender el hecho de que Aquel que nació de Maria Virgen era, sin duda, el Divino Hijo de Dios en carne humana. Fue necesario defender este hecho muy explícitamente, porque algunas personas en la Iglesia, siguiendo a Nestorio, el Obispo de Constantinopla, comenzaron a enseñar que no se debía llamar a la Virgen Maria Theotokos - un término que ya estaba en uso en la Iglesia. Ellos decían que la Virgen dio a luz al hombre Jesús en quien el Hijo de Dios se había encarnado, pero que no dio a luz al Hijo de Dios. Desde este punto de vista se mantenía la idea que existe una división entre el Hijo de Dios nacido en la eternidad de Dios el Padre, y el Hijo del Hombre nacido de la Virgen en Belén; y que a pesar de que ciertamente existe una "conexión" entre los dos, Maria solamente dio a luz al hombre.. Como tal, se decía que Maria podría recibir el nombre de Theotokos solo de una forma demasiado piadosa y simbólica, pero que dogmáticamente era más correcta llamarla Cristotokos (la que da a luz al Mesías o a Cristo) o Antropotokos (la que da a luz solamente al Hombre Cristo)

 

San Cirilo de Alejandría y los padres del Concilio en Éfeso rechazaron la doctrina Nestoriana y afirmaron que el nombre de la Virgen Maria Theotokos es total y completamente correcto, y se debe mantener si hemos de confesar la fe Cristiana rectamente y vivir la vida Cristiana como se debe. Se debe defender el término Theotokos, pues no puede haber división de ningún tipo entre el Eterno Hijo y Verbo de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, y Jesucristo, el Hijo de Maria. El Hijo de Maria es el Eterno y Divino Hijo de Dios. Él -y nadie mas- se encarnó en cuerpo humano de ella. Él -y nadie mas- se hizo hombre en el pesebre en Belén. No puede haber ninguna "conexión" o conjunción entre el Hijo de Dios y el Hijo de María, pues son Uno y el Mismo. El Hijo de Dios nació de Maria. El Hijo de Dios es divino; Él es Dios. Por lo tanto, Maria dio a luz a Dios en la carne, a Dios como un hombre. Por lo tanto, Maria verdaderamente es Theotokos. El lema de combate de San Cirilo y el Concilio en Éfeso fue esto: El Hijo de Dios y el Hijo del Hombre - ¡Un Hijo!

 

 

 

 

 

EL CONCILIO DE CALCEDONIA

 

Durante el Cuarto Concilio Ecuménico en Calcedonia en el año 451 esta enseñanza acerca de Jesucristo, el Hijo Encarnado de Dios fue aún más elaborada y explicada. Esto fue necesario, pues existía la tendencia de enfatizar la naturaleza divina de Cristo a tal extremo que su verdadera naturaleza humana fuera casi olvidada, e inclusive rechazada. En el Cuarto Concilio se hizo la conocida formulación que dice que Jesucristo, el Encarnado Hijo y Verbo de Dios es una persona (o Hipóstasis) con dos naturalezas integras y completas: humana y divina. Inspirado particularmente por la carta de San León, Obispo y Papa de Roma, el Cuarto Concilio insistió que Jesús es exactamente lo que el Padre es con relación a Su Divinidad. Esto fue una referencia directa al Credo Niceno-Constantinopolitano que afirma que el Hijo de Dios es "consubstancial al Padre", que simplemente significa que lo que es Dios el Padre, el Hijo también lo es: Luz de Luz, Verdadero Dios de Dios Verdadero. Y, además, el Concilio también insistía en que en la Encarnación el Hijo de Dios se hizo exactamente lo que todos los seres humanos son, confesando que Jesucristo también es "consubstancial" con todo ser humano con respecto a su humanidad. Se defendía, y aun se defiende, esta doctrina como la misma enseñanza de la fe apostólica escrita en los Evangelios y las otras escrituras del Nuevo testamento, por ejemplo, las de San Pablo:

 

"Siendo en forma de Dios, (Jesús) no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a si mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a si mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz" (Filipenses 2, 6 al 8) (Véase también Hebreos 1 al 2; Juan 1)

 

Las siguientes son las palabras criticas de la definición de la fe del Concilio de Calcedonia: "Siguiendo a los Santos Padres enseñamos con una sola voz que se debe confesar el Hijo de Dios y Nuestro Señor Jesucristo como Una y la Misma Persona, y Él es Perfecto en Su Divinidad y Perfecto en Su Humanidad, Verdadero Dios y Verdadero Hombre, de un  alma racional y cuerpo humano, consubstancial a nosotros en cuanto Su Humanidad; hecho en todo semejante a nosotros, con la excepción del pecado solamente; nacido de Su Padre antes de todos los siglos según Su Divinidad; mas en estos últimos días, por nosotros los hombres y para nuestra salvación, nacido (al mundo) de la Virgen Maria, Theotokos, según su Humanidad. Este Único y mismo Jesucristo, el Hijo Unigénito (de Dios)  debe ser  confesado de dos naturalezas, sin mezcla y sin alteración, sin separación y sin división". (es decir, sin mezclar la Divinidad y la Humanidad de manera que se pierda o se altere las características propias de cada una; y tampoco sin separarlas de tal manera que se pueda pensar que existen dos Hijos, y no Uno solo) "y sin que la distinción de las naturalezas se pierda por tal unión, sino que la propiedad particular de cada naturaleza se conserva y se une en Una Persona e Hipóstasis, sin separarse o dividirse en dos personas, sino Uno y el Mismo Hijo y Unigénito, Dios el Verbo, Nuestro Señor Jesucristo, como han hablado los profetas de los días Antiguos acerca de Él (Emanuel de Isaías 7, 14) y como Jesucristo nos ha enseñado, y como el Credo de los Padres nos ha entregado".

 

Un grupo de cristianos no aceptó el Concilio de Calcedonia y se separó de aquellos que lo aceptaron. Así lo hicieron porque consideraron que el Concilio había resucitado la falsa doctrina de Nestorio por insistir en las "dos naturalezas" después de la Encarnación, por muy expresa y firmemente que se insistía en la unión de las dos naturalezas. Estos Cristianos fueron llamados los “monofisistas” (del término que significa "una naturaleza" después de la Encarnación), y hasta el día de hoy siguen separados de los Ortodoxos Calcedónicos. Son los cristianos pertenecientes a las Iglesias Copta, Etiope y Armenia. Esperamos que algún día, por la gracia de Dios, este conflicto se vea resuelto,[3]  y los que aceptan el Concilio de Calcedonia, esto es, los cristianos Ortodoxos, tanto como los tradicionales Católicos Romanos y Protestantes, llegarán a una unidad de la fe con los que rechazan a Calcedonia en cuanto a su explicación de la unión de lo divino y lo humano en una persona en Cristo Nuestro Señor. Sin embargo, sea lo que sea el futuro por la gracia de Dios, se mantiene firme la enseñanza de la Iglesia Ortodoxa de que el Concilio de Calcedonia rechaza estrictamente las doctrinas nestorianas y está en completo acuerdo con las doctrinas de San Cirilo y el Tercer Concilio Ecuménico en Éfeso. Del punto de vista Ortodoxo, la virtud del Cuarto Concilio Ecuménico es que define muy claramente el hecho de que cuando el Hijo de Dios nació de Maria Virgen, Theotokos, no dejó de ser Dios, ni tampoco alteró su Divinidad, mientras se hizo hombre completo y perfecto en Su Humanidad Encarnada. Pues la salvación misma requiere la perfecta unión de la Divinidad y la Humanidad en la Persona (una Persona) de Jesucristo; una unión en que Dios es Dios y que el Hombre es Hombre, pero en que los dos se hacen uno en unidad perfecta: sin fusión ni alteración, y sin división ni separación.

 

 

 

El Emperador Justiniano y el Quinto Concilio Ecuménico

 

En el siglo sexto, el Emperador Bizantino Justiniano quería reafirmar el hecho de que los seguidores de Calcedonia realmente creyeron en Jesucristo, como el Encarnado Hijo y Verbo de Dios, Uno de la Santísima Trinidad. Quería hacer esto principalmente para convencer a los que no aceptaron el Cuarto Concilio que su definición no reintroducía el error de Nestorio. Para lograr esto, el Emperador convocó el concilio, que ahora conocemos como el Quinto Concilio Ecuménico, en Constantinopla en el año 553. El Concilio clarificó más aún la posición ortodoxa referente a la persona y acción de Cristo. Los siguientes son algunos de los textos claves de este Concilio:

 

Si alguien entiende la expresión "Una sola Persona de Nuestro Señor Jesucristo" en este sentido, que es la unión de muchas hipóstasis (o personas), y si entonces intenta introducir dos hipóstasis o dos personas al Misterio de Cristo, y después de haber introducido las dos personas al Misterio, habla de Una Persona solamente en el sentido de dignidad, honor o adoración y calumniare al Concilio de Calcedonia, diciendo que este (concilio) usó la expresión (una hipóstasis; una persona) en este sentido impío... que sea anatema.

Si alguien no proclamara con verdadera aceptación a la Santísima, Gloriosa y Siempre Virgen Maria, la Theotokos... creyendo que dió a luz solo a un hombre simple y que el Verbo de Dios no fue encarnado de ella... y calumniara el santo sínodo de Calcedonia como que se hubiera afirmado que la Virgen es Theotokos en un sentido impío... que sea anatema.

Si alguien que usa la expresión "dos naturalezas no confiesa que Nuestro Único Señor Jesucristo ha sido revelado en la divinidad y en la humanidad para así designar por esa expresión una diferencia de las naturalezas entre las cuales se efectúa una unión inefable sin confusión en la cual ni la naturaleza del Verbo fue cambiada en la de la carne, ni la de la carne fue cambiada en la del Verbo, pues cada una quedó lo que era por naturaleza, la unión siendo hipostática (es decir, en una Persona); sino entiende que la expresión crea una división o separación entre las naturalezas, que sea anatema.

Si alguien no confiesa que Nuestro Señor Jesucristo quien fue crucificado en la carne es Dios Verdadero y el Señor de la Gloria y Uno de la Santa Trinidad, que sea anatema".

 

Para enfatizar mas el hecho de que el Concilio de Calcedonia era verdaderamente Ortodoxo, el Emperador Justiniano escribió un himno que hasta el día de hoy en la Iglesia Ortodoxa se canta en cada Divina Liturgia. Confiesa nuestra fe que el Señor Jesucristo es Dios Perfecto y hombre Perfecto.

 

Oh, Verbo de Dios, Hijo Unigénito, que eres inmortal. Tu te dignaste para nuestra salvación nacer de la Santa Madre de Dios y siempre Virgen María y te hiciste hombre sin mutación, y fuiste crucificado también, oh Cristo nuestro Dios, y has hecho perecer la muerte con tu  muerte,  quedando  siempre  uno  de  la  Santa Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, sálvanos.

 

 

La Controversia Monotelita

 

En el siglo séptimo, la pregunta de cómo deberíamos entender, definir y confesar la persona y acción de Jesucristo siguió causando divisiones entre los creyentes. Algunos decían que después de que el Hijo de Dios se hizo hombre, tenia una sola actividad y voluntad,  la actividad y voluntad teándrica del Verbo hecho carne. Estas personas, llamadas monotelitas, insistieron que en la persona de Jesucristo, se fundían la actividad y voluntad divina con la actividad y voluntad humana de tal forma que ya no se podría distinguir entre ellas.

 

El Sexto Concilio Ecuménico se reunió en Constantinopla del 680 al 681. Siguiendo las enseñanzas de San Máximo el Confesor (quien fue encarcelado y torturado por sus doctrinas), se proclamó que tal como Cristo realmente es totalmente divino y totalmente humano, la Perfecta Unión de la Divinidad y la Humanidad en una Persona, así también debe tener una verdadera actividad y voluntad humana tal como una verdadera actividad y voluntad divina - según cada una de sus naturalezas, y que estas dos voluntades y actividades, tal como las naturalezas mismas, no se confunden ni se mezclan a tal punto que pierdan sus propias características y propiedades naturales. Esta decisión se basó en el hecho de que como el Hijo de Dios permaneció totalmente divino en la Encarnación, por consecuencia debe tener siempre Su Propia actividad y voluntad divina; y ya que se hizo totalmente humano en la Encarnación también debe tener una completa y perfecta voluntad y actividad humana; y que la salvación requiere que la distinción, pero no la división ni separación de cada una de estas respectivas actividades y voluntades, permanezcan en el Salvador encarnado. Lo siguiente es una parte de la definición de fe del Sexto Concilio:

 

"... en Él existen dos voluntades naturales y dos operaciones naturales sin división, sin fusión, sin alteración y sin separación según la enseñanza de los santos padres. Y estas dos voluntades naturales no son contrarias la una a la otra... sino Su Voluntad Humana sigue, sin resistir y sin vacilar sino mas bien sujeta a Su Voluntad Divina y omnipotente...

Pues tal como su santísimo e inmaculado cuerpo no fué destruido pues fue deificado y siguió en su propio estado y naturaleza, así también Su Voluntad humana, aunque deificada, no fue suprimida, sino fue conservada... Glorificamos dos operaciones naturales... en el mismo Señor Jesucristo Nuestro Verdadero Dios, es decir, una operación (o acción) divina y una operación (o acción) humana... Pues no admitimos una operación natural en Dios y en la criatura... creyendo que Nuestro Señor Jesucristo es Uno de la Santísima Trinidad, y según la encarnación Nuestro Dios Verdadero, decimos que Sus Dos naturalezas brillaron en Su Hipóstasis (o Una Persona) en la cual obró los milagros y soportó el sufrimiento.

...Por lo tanto confesamos dos voluntades y dos operaciones concurriendo en Él para la salvación de la raza humana".

 

 

La Controversia Iconoclasta

 

Durante los siglos octavo y noveno el problema de la persona y naturaleza seguía en la controversia sobre la veneración de los Santos Iconos en la Iglesia. En esta época hubo muchas personas, incluyendo a varios emperadores y gobernadores seglares, que decían que la veneración de los iconos era indebida, pues consistía en el pecado de idolatría. Decían que como Dios es invisible y ha dicho en la Ley del Antiguo Testamento que los hombres no deben fabricar imagen ni escultura, es entonces equivocado representar y honrar imágenes de Cristo y de los Santos.

 

Los defensores de la veneración de los santos iconos, guiados por San Juan Damasceno y San Teodoro Studita[4], proclamaron que el punto central del Cristianismo es que el "Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros" y que "vimos su gloria".(Juan 1, 14). Refiriéndose a las Sagradas Escrituras insistieron en que la fe en la Encarnación del Hijo de Dios requiere la veneración de los iconos ya que Jesucristo es un hombre verdadero con una verdadera alma y cuerpo humano, y como tal puede ser representado. Argumentaron que los que estaban en contra de los Santos Iconos reducían la Encarnación a una "fantasía" y negaron la verdadera humanidad del Hijo de Dios en Su venida a los hombres. Citaron las palabras del mismo Jesús en Su dialogo con Felipe:

 

"Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, nos basta. Jesús le dijo: Tanto tiempo que hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe". El que me ha visto a mi, ha visto al Padre: Como, pues, dices tu: Muéstranos el Padre?".(Juan 14, 8 al 9)

 

Los defensores de la buena causa de la veneración de los iconos también se refirieron a las escrituras apostólicas de San Juan y de San Pablo:

 

"Lo que era desde el principio, (...) lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos acerca del Verbo de Vida porque la vida fue manifestada, y la hemos visto..." (I Juan 1, 1 al 2).

 

"... el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen (en griego, eikon) de Dios" (II Corintios 4, 4).

 

"Es la imagen (en griego, eikon) del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en el fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra... todo fue creado por medio de él y para él... por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda la plenitud..." (Colosenses 1, 15 al 20).

 

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su substancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder..." (Hebreos 1, 1 al 3)

 

El Séptimo Concilio Ecuménico en Nicea en el año 787 oficialmente declaró que se debe proclamar la fe cristiana "en palabras e imágenes". Puesto en claro la enseñanza que se podría representar a Cristo, la Virgen Maria y los Santos en los santos iconos; que no debemos adorar a los iconos (ya que solamente Dios es digno de la adoración), sino venerarlos y honrarlos. El Séptimo Concilio Ecuménico también hizo la siguiente afirmación acerca de Cristo, en referencia a la veneración de los santos iconos:

 

"Mantenemos sin alteración todas las tradiciones eclesiásticas que hemos recibido, sea por escrito o verbalmente, una de las cuales es el hacer representaciones pictóricas, agradable a la historia de la predicación del Evangelio, una tradición útil de muchas formas, pero especialmente es esto, para que la Encarnación del Verbo de Dios brille de verdad y no en fantasía, pues estas (la realidad y la fantasía) tienen indicaciones mutuas y sin duda tienen también significados mutuos".

 

En épocas posteriores las doctrinas de la real divinidad y la real humanidad de Jesucristo fueron atestiguadas y defendidas por santos como San Simeón el Nuevo Teólogo (1022) y Gregorio Palamás, el Arzobispo de Tesalónica  (1359) en sus enseñanzas acerca de la real santificación y deificación del hombre mediante comunión viva con Dios por Jesucristo en el Espíritu Santo, en la Iglesia. En y mediante Cristo, el Verbo Encarnado, los seres humanos pueden ser llenados con el Espíritu de Dios y pueden estar en comunión verdadera con Dios el Padre, participando en el ser no-creado, de la vida y luz de la Santísima Trinidad. Si Jesucristo no fuera Dios Verdadero y Hombre Verdadero esto seria imposible. Mas no es imposible. Es la experiencia de la Salvación y Redención del hombre en la vida de la Iglesia de Cristo.

 

 

 

REDENCIÓN

 

           ... Y fue crucificado también por nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos, padeció y fue sepultado...

 

Aunque Jesús nunca pecó, y no habría debido sufrir y morir, voluntariamente tomó sobre si los pecados del mundo y voluntariamente se entregó al sufrimiento y a la muerte por causa de la Salvación. Esta fue su tarea como Mesías - Salvador.

"El Espíritu del Señor está sobre mi, por cuanto me ha ungido el Señor a anunciar la buena nueva a los pobres, me ha enviado, a vendar los corazones rotos; a pregonar a los cautivos la liberación, y a los reclusos la libertad; (...)para consolar a todos los que lloran, para darles diadema en vez de ceniza, aceite de gozo en vez de vestido de luto (...)”. (Isaías 61, 1 al 3).

 

Al mismo tiempo, Jesús tuvo que hacer esto como el  “Siervo- Sufriente del Señor-Dios, Yahvéh".

 

"Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta.

Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba. Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.

Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. Él soportó el castigo que nos trae la paz, y por su llaga hemos sido curados. Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marcha por su camino, y el Señor descargó sobre él la culpa de todos nosotros.

Fue oprimido, y él se humillo, y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca.

Tras arresto y juicio fue arrebatado... y se puso su sepultura entre los malvados y con el hombre rico su tumba, por mas que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.

Mas plugo al Señor quebrantarle con dolencias, si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca al Señor se cumplirá por su mano. Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará.

Por su conocimiento justificará mi siervo a muchos.

Y las culpas de ellos él soportará.

Por eso le daré su parte entre los grande y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los transgresores fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los transgresores". (Isaías 53).

 

Estas palabras del profeta Isaías escritas siglos antes del nacimiento de Jesús cuentan la historia de su Misión Mesiánica. Esta  misión comienza realmente ante los ojos de todos en su bautismo por Juan en el Jordán. Al permitir ser bautizado con los pecadores, aunque no tuvo pecado, Jesús muestra que acepta su llamado de ser identificado con los pecadores: Él, el "Bien-Amado" del Padre y "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". (Juan.1, 29; Mateo 3, 17).

 

Jesús comienza a enseñar, y en el mismo día y en el mismo momento en que sus discípulos por primera vez lo reconocen y lo confiesan como el Mesías, el "Cristo, el Hijo del Dios Vivo", Jesús de inmediato les cuenta que su misión le lleva “a Jerusalén para padecer mucho... y ser muerto y resucitar al tercer día". (Mateo 16, 16-23; Marcos 8, 29-33). Los Apóstoles estaban muy perturbados por esto. Entonces Jesús les devela su divinidad al ser transfigurado delante de ellos en su gloria divina en la montaña, en presencia de Moisés y Elías. Les dice nuevamente: "El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres y le mataran; mas al tercer día resucitará". (Mateo 17, 1-23; Marcos 9, 1-9).

 

:Los poderes del mal se multiplicaron en contra de Cristo al final: "Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra el Señor y Su Cristo".(Salmo 2, 2). Buscaban causas y razones para matarle. La razón formal fue blasfemia: "porque tu, siendo hombre te haces Dios". (Juan 10, 31 al 38). Pero, sin embargo, las razones profundas eran mas personales: Jesús decía la verdad al pueblo y denunciaba su obstinación, su necedad, hipocresía y estado de pecado. Por esta razón cada pecador, endurecido en sus pecados y sin arrepentirse, desea y causa la crucifixión de Cristo.

 

La muerte de Jesús le llegó por manos de los líderes religiosos y políticos de su época, con la aprobación de las multitudes: "cuando Caifás era el Sumo Sacerdote", "Bajo el poder de Poncio Pilatos". Él fue crucificado para nosotros... "padeció y fue sepultado" para estar con nosotros en nuestros sufrimientos y en nuestra muerte que trajimos sobre nosotros mismos por nuestros pecados:

 

"Porque la paga del pecado es la muerte. (Romanos 6, 23). En este sentido el Apóstol Pablo escribe que Jesús fue "hecho por nosotros maldición" (Gálatas 3, 13) y Él "que no conoció pecado, por nosotros (Dios) lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él". (II Corintios 5, 21).

 

Los sufrimientos y muerte de Cristo en obediencia al Padre revelan en su sobreabundancia el amor divino de Dios por su creación. Pues cuando todo fue pecado, maldición y muerte, Cristo se hizo pecado, maldición y muerte para nosotros aunque el mismo nunca había dejado de ser la virtud, la bendición y la vida de Dios en persona. Es a esta profundidad, mas baja de lo imaginable a que Cristo se humilló "por nosotros los hombres y para nuestra salvación". Pues siendo Dios, se hizo hombre; y siendo hombre se hizo esclavo; y siendo esclavo, es muerto, y no solamente muerto, sino que  murió en una cruz. De esta degradación profundísima de Dios brota la exaltación eterna del hombre. Esta es la doctrina central de la Fe Cristiana Ortodoxa, expresada una y otra vez de muchas diferentes formas durante la historia de la Iglesia Ortodoxa. Esta es la doctrina del “rescate”, pues somos creados para estar en “armonía” con Dios. Es la Doctrina de la redención, pues hemos sido redimidos, es decir, "comprados por precio", el gran precio de la Sangre de Dios. (Hechos 20, 28; I Corintios 6, 20).

 

"Haya pues en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo y le dió un nombre que es sobre tono nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2, 5 al 11).

 

Al contemplar la acción salvadora y redentora de Cristo, ha llegado a ser tradicional enfatizar tres aspectos que en la realidad no están divididos, y no pueden estarlo; pero que en teoría (es decir, en la visión del ser y actividad de Cristo como el Salvador del Mundo) pueden ser distinguidos. El primero de estos tres aspectos de la obra redentora de Cristo es el hecho de que Jesús salva la humanidad dando la perfecta imagen y ejemplo de la vida humana llena de la gracia y poder de Dios.

 

 

 

 

 

Jesús, la Imagen Perfecta de la Vida Humana.

 

Cristo es el Verbo Encarnado de Dios. Él es el Maestro y Soberano enviado por Dios al mundo. Él es la Encarnación de Dios Mismo en forma humana. Él es "la Imagen del Dios Invisible". (Colosenses 1, 15). En él "habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad" (Colosenses 2, 9). La persona que ve a Jesús ve a Dios Padre. (Juan 14, 9) él es "el resplandor de la gloria de Dios, y la imagen misma de Su Persona". (Hebreos 1, 3). Él es "la luz del mundo", Quien "ilumina a todo hombre... viniendo al mundo). (Juan 8, 12; 1, 9). Ser salvado por Jesucristo es primero ser iluminado por Él; ver en Él a la Luz, y ver todas las cosas a Su Luz. Es conocerlo como "La Verdad" (Juan 14, 6); y conocer la verdad en Él.

 

"Y conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres".(Juan 8, 31).

 

Cuando uno es salvado por Dios en Cristo, llega al conocimiento de la Verdad, cumpliendo así lo que Dios desea para sus criaturas, pues "Dios Nuestro Salvador... quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad". (I Timoteo 2, 4). Al salvar el Mundo de Dios, Jesucristo ilumina las criaturas de Dios por el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios quien es el Espíritu de la Verdad quien procede del Padre y es enviado al mundo mediante Cristo.

 

"Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo  rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: El Espíritu de Verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no lo ve, ni lo conoce; pero vosotros lo conocéis, porque mora con vosotros y estará en vosotros". (Juan 14, 15 al 17).

 

"Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de Verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mi". (Juan 15, 26).

 

"Cuando venga el Espíritu de Verdad, el os guiará a toda la Verdad..." (Juan 16, 13).

 

El primer aspecto de la salvación en Cristo, por lo tanto, es ser iluminado por Él y conocer la verdad acerca de Dios y el hombre por la guía del Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad, el cual Dios otorga mediante Él a los que creen. Esto es atestiguado en las escrituras apostólicas de San Juan y San Pablo:

 

"Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino  el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual...

Porque ¿Quién conoció la mente del Señor?. ¿Quién le instruirá?. Mas nosotros tenemos la mente de Cristo". (I Cor.2, 12 al 16).

 

"(Dios) hizo sobreabundancia para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra...

A mi... me fue dada esta gracia... de aclarar a todos cual sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios... para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada conocer por medio de la Iglesia..." (Efesios 1, 8 al 10; 3, 8 al 10).

 

"Porque quiero... que sean consolados sus corazones unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre en Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento". (Colosenses 2, 1 al 3).

"Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad... . Pero la unción que vosotros recibisteis de él, permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado permaneced en él...

Y en esto sabemos que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado". (I Juan 2, 20 al 27; 3, 24).

 

El primer aspecto de la salvación del hombre por Dios en Cristo es, por lo tanto, la capacidad y poder de ver, conocer, creer y amar la verdad de Dios en Cristo, quien es la Verdad por el Espíritu de Verdad. Es el don del conocimiento y de sabiduría, de iluminación y esclarecimiento. Es la condición de ser "enseñado por Dios" como fue predicho por los profetas y cumplido en Cristo. (Isaías 54, 13; Jeremías 31, 33 al 34; Juan 6, 45). Así, en la Iglesia Ortodoxa, la entrada a la vida salvadora de la Iglesia mediante el Bautismo y la Crismación se llama la "Santa Iluminación". (Véase el Libro II sobre Vida Litúrgica y Oración en la Iglesia Ortodoxa)

 

"Porque Dios que mando que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la Paz de Jesucristo".(II Corintios 4, 6).

 

 

Jesús, el Reconciliador del Hombre con Dios

 

El segundo aspecto del único e indivisible acto de Cristo de la salvación del hombre y del mundo es el logro de la reconciliación del hombre con Dios Padre mediante el perdón de los pecados. Esta es la redención y propiciación en el sentido estricto, la liberación de los pecados, y del castigo merecido debido a los pecados; el hombre llega a ser "uno" con Dios.

 

"Porque Cristo, cuando aun éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.

Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho mas, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho mas, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.

Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor Nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación". (Romanos 5, 6 al 11).

 

"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son echas nuevas.

Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dió el ministerio de la reconciliación; que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación". (II Corintios 5, 17 al 19).

 

El perdón de los pecados es una de las señales de la venida de Cristo, el Mesías, como fue predicho en el Antiguo Testamento.

 

"... todos me conocerán, desde el mas pequeño de ellos hasta el mas grande. dice el Señor; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré mas de su pecado". (Jeremías 31, 34).

 

Cristo es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y el cordero que es sacrificado para que mediante Él todos los pecados puedan ser perdonados. Es también el Sumo Sacerdote, quien ofrece el sacrificio perfecto mediante el cual el hombre es absuelto de sus iniquidades. Jesús ofrece, como sumo sacerdote, el perfecto sacrificio de Su propia vida, Su mismo Cuerpo, como Cordero de Dios, en el Madero de la Cruz.

 

"Pues para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se hallo engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; quién llevó el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas". (I Pedro 2, 21 al 25).

 

Se describe con gran detalle el ofrecimiento y sacrificio sumo sacerdotal del Hijo de Dios a su Padre Eterno en la Carta a los Hebreos en las Escrituras del Nuevo Testamento.

 

"Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas, con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.

Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec". (Hebreos 5, 7 al 10).

 

"Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros... por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabrios, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne.

¿Cuanto mas la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu Eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios Vivo?

Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna". (Hebreos 9, 11 al 15).

 

Según las Escrituras, los pecados del hombre y del mundo entero son absueltos y perdonados por el sacrificio de Cristo, por el ofrecimiento de Su Vida - de Su Cuerpo y Su Sangre, que es la "Sangre de Dios" (Hechos 20, 28) - sobre el madero. Esto es la "redención", el "rescate", la "expiación", la "propiciación", acerca de la cual se habla en las escrituras que tenia que ser efectuada para que el hombre pudiera ser "uno" con Dios. Cristo "pagó el precio" que fue necesario ser pagado para que el mundo fuese perdonado y limpiado de toda iniquidad y pecado. (I Corintios 6, 20; 7, 23).

 

En la historia de la doctrina Cristiana ha habido gran debate sobre a quién Cristo "paga el precio" para el rescate del mundo y la salvación de la humanidad. Algunos dicen que el "pago" fue al diablo. Este punto de vista plantea que el diablo recibió ciertos "derechos" sobre el hombre y su mando por razón del pecado del hombre. En su rebeldía contra Dios, el hombre "se vendió al diablo", así permitió que Satanás fuera "el principe de este mundo" (Juan 12, 31). Cristo llega para pagar la deuda al diablo y liberar al hombre de su control, al sacrificarse El mismo en la Cruz.

 

Otros dicen que el "pago" de Cristo a favor del hombre se debía hacer a Dios Padre. Este es el punto de vista que interpreta la muerte sacrificial de Cristo en la cruz como el castigo adecuado que debía ser pagado para satisfacer la justicia de Dios pues la justicia de Dios es divina. Así, el Hijo de Dios debía nacer al mundo y recibir  el castigo que el hombre tenia que cumplir. Él debía morir, para que Dios recibiese el pago por las ofensas del hombre en contra de Él. Cristo se puso en nuestro lugar y murió por nuestros pecados, ofreciendo Su Sangre como el sacrificio expiatorio para los pecados del mundo. Muriendo en el madero en el lugar de un hombre pecador, Cristo cumple con el pago completo y total para los pecados del hombre. La ira de Dios es borrada. El insulto del hombre es castigado. El mundo se reconcilia con Su Creados.

 

Comentando sobre esta materia referente a quien "paga" Cristo "el precio" para la salvación del hombre, San Gregorio el Teólogo en el siglo IV escribió lo siguiente en su Segundo Sermón para la Pascua de la Resurrección:

 

"Ahora hemos de examinar otro hecho y dogma, olvidado por la mayoría, pero a mi juicio que vale la pena investigar. A quién fue ofrecida aquella sangre que fue derramada por nosotros, y por qué fue derramada: Hablo de la Preciosísima Sangre de Nuestro Dios y Sumo sacerdote y su  Sacrificio.

Estamos cautivos en esclavitud por el Mal, vendidos bajo el pecado, y recibimos placer en cambio de la maldad. Ahora ya que un rescate pertenece solamente a aquel que mantiene cautivo, pregunto ¿ a quién fue ofrecido este rescate?

Si fue ofrecido al mal (al diablo): es como un ultraje. Si el ladrón recibe el rescate, no solo de Dios, sino un rescate que consiste en Dios Mismo, y tiene un pago tan brillante por su tiranía, entonces hubiera estado bien que él nos dejara solos.

Pero si fue ofrecido a Dios Padre, pregunto primero, ¿cómo y porqué?. Pues no fue por Él que fuimos oprimidos. Entonces,¿ en qué principio complació al Padre la Sangre de Su Hijo Unigénito, el mismo Padre que ni siquiera quiso recibir a Isaac, quien iba a ser sacrificado por su padre (Abrahám), sino que cambió el sacrificio colocando un carnero en el lugar de la victima humana? (Véase Génesis 22).

 

Es evidente que el Padre lo acepta a Él, pero sin embargo no se lo pidió ni le obligó; pero por la Encarnación, y porque la Humanidad debía ser santificada por la Humanidad de Dios, para que pudiera liberarnos Él Mismo, y vencer al tirano (es decir, al diablo) y acercarnos a Él Mismo por la mediación de su Hijo quien también arregló esto para la gloria del Padre a quien es evidente que obedece en todo.

 

En la Teología Ortodoxa generalmente se puede decir que el lenguaje de "pago" y "rescate" se entiende mejor como una forma simbólica y metafórica de decir que Cristo ha hecho todo lo necesario para salvar y redimir la humanidad sometida al diablo, al pecado y a la muerte, y bajo la ira de Dios, Él "pagó el precio" al diablo cuyos derechos sobre el hombre fueron ganados por el engaño y tiranía. No "pagó el precio" a Dios Padre en el sentido de que Dios se alegra en Sus sufrimientos y recibió "Satisfacción" de Sus Criaturas en Él. Mas bien, podríamos decir, "pagó el precio" a la Realidad Misma, "pagó el precio" para crear las condiciones en y mediante las cuales el hombre pueda recibir el perdón de los pecados y la vida eterna, por morir y resucitar en Él a la nueva vida. (Véase Romanos 5 al 8; Gálatas 2 al 4).

 

Por morir en la cruz y resucitar de entre los muertos, Jesucristo limpió el mundo de todo mal y pecado. Aniquiló al diablo "en su propio terreno" y en "sus propios términos". La "paga del pecado es muerte" (Romanos 6, 23). Entonces el Hijo de Dios se hizo hombre y sobre Sí mismo tomó los pecados del mundo y sufrió una muerte voluntaria. Por su Muerte inmaculada e inocente, ofrecida completamente por Su Propia Voluntad Libre ( y no por ninguna necesidad, ni física, ni moral, ni jurídica) hizo que se destruyera la muerte para que fuera ella misma la fuente y el camino a la vida eterna. Esto es lo que la Iglesia canta en la Fiesta de la Resurrección, la Nueva Pascua de Cristo, el Nuevo Cordero Pascual, quien resucitó de entre los muertos: Cristo resucitó de entre los muertos, pisoteando la muerte con su muerte. Y otorgando la vida a los que yacían en los sepulcros. (Tropario de la Pascua de la Resurrección).

 

Y así reza la Iglesia en la Divina Liturgia de San Basilio el Magno:

 

"... sino que siendo Dios Eterno, apareció en la tierra y vivió con los hombres; se encarnó de la Santa Virgen, se rebajo tomando el aspecto de un siervo, se hizo semejante al cuerpo de nuestra humildad para hacernos semejantes a la Imagen de su gloria. Puesto que el pecado entró al hombre, y por el pecado la muerte, Tu Unigénito Hijo existente en Tu seno, Dios y Padre, se dignó nacer de una mujer, la Santísima Siempre Virgen María, y sometiéndose a la Ley, condenó el pecado por medio de Su propia carne, para que muriendo en Adán, se vuelva a la vida en Tu propio Cristo; y después de haber vivido en este mundo, habiéndonos dado mandamientos salvadores y apartado del engaño de los ídolos, nos trajo el conocimiento de Ti, el verdadero Dios y padre, habiéndonos adquirido como gente elegida, sacerdocio real, pueblo santo; y habiéndonos purificado con el agua y santificado con el Espíritu Santo, se entregó a Si mismo en cambio de la muerte, cuyos cautivos estábamos, vendidos por el pecado; y habiendo descendido al infierno por la Cruz, para llenarlo todo de Si, venció los sufrimientos mortales; y resucitó al tercer día, abriendo a toda carne el camino de la resurrección de entre los muertos, porque no era posible que la corrupción se apodere del propio Origen de la vida; se hizo el primero de los que fallecieron y el primer surgido de entre los muertos, para que El mismo sea todo, siendo el primero en todo...".

 

 

Jesús, el Destructor de la Muerte

 

El tercer y ultimo aspecto de la acción salvadora y redentora de Cristo por lo tanto, es el mas profundo y el mas comprensivo. Es la destrucción de la muerte por la muerte de Cristo. Es la transformación de la muerte misma a un acto de vida. Es la recreación del Seol (la condición espiritual de estar muerto) en el paraíso de Dios. Así es que entonces, en y mediante la muerte de Jesucristo, la muerte se muera. En Él que es la Resurrección y la Vida, el hombre no puede morir, sino vive para siempre con Dios...

 

"De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envío, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida". (Juan 5, 24).

 

"Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mi, no morirá eternamente". (Juan 11, 25 al 26).

 

"Cristo es el que murió; mas aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quien nos separará del amor de Cristo" Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro o espada?. Como está escrito: por causa de ti somos muertos todo el tiempo; Somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas cosas somos mas que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro" (Romanos 8, 34 al 39).

 

"Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él... . Fuisteis sepultados con él en el Bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Ya vosotros, estando muertos en pecado... os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quintándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz... . Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios". (Colosenses 2, 9 en adelante).

 

Esta es la doctrina de las escrituras del Nuevo Testamento, repetida una y otra vez de muchas diferentes formas en la Tradición de la Iglesia: en sus Sacramentos, himnología, teología, iconografía. La victoria de Cristo sobre la muerte es la liberación del hombre de sus pecados y la victoria del hombre sobre la esclavitud al diablo porque en y mediante la muerte de Cristo el hombre muere y nace de nuevo a la vida eterna. En su muerte ya no cuentan los pecados. En su muerte el diablo ya no lo tiene mas en su poder. En su muerte nace de nuevo a la nueva vida y se libera de todo lo que es malo, falso, demoniaco y pecaminoso. En una palabra, es libre de todo lo que es muerto por morir y resucitar en y con Jesús.

 

"Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de Gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos...

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, el también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenia el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre". (Hebreos 2, 9 al 15).

 

"Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracia sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo". (I Cor.15, 20 al 22; 56 al 57).

 

Los defensores de la buena causa de la veneración de los iconos también se refirieron a las escrituras apostólicas de San Juan y de San Pablo:

 

"Lo que era desde el principio, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos acerca del Verbo (Palabra) de vida - porque la vida fue manifestada, y la hemos visto..." (I Juan 1, 1 al 12).

 

"... el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del Evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen (en griego, eikon) de Dios". (II Corintios 4, 4).

 

"Él es la imagen (en griego, eikon) del Dios invisible, el primogénito de toda la creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra.. todo fue creado por medio de él y para él... por cuanto agradó al Padre que en el habitase toda plenitud...". (Colosenses 1, 15 al 20).

 

"Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los Padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen de su sustancia" (Hebreos 1, 1-3)

 

 

 

 

LA RESURRECCIÓN

 

Y Resucitó al tercer día, según las escrituras.

 

¡Cristo resucitó de entre los muertos!. Esta es la proclamación principal de la Fe Cristiana. Constituye el corazón mismo de la predicación, del culto y de la vida espiritual de la Iglesia.

 

"Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe". (I Corintios 15, 14).

 

En el primer sermón que fue predicado en toda la historia de la Iglesia Cristiana, el Apóstol Pedro comenzó su proclamación:

 

"Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella". (Hechos 2, 22 al 24).

 

Jesús tenia el poder de entregar su vida, y de tomarla nuevamente:

 

"Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre". (Juan 10, 17 al 18).

 

Según la doctrina Ortodoxa no existe ninguna competencia de "vidas" entre Dios y Jesús, y ninguna competencia de "poderes". El poder de Dios y poder de Jesús, la vida de Dios y la vida de Jesús, son uno y el mismo poder y vida. Decir que Dios ha resucitado a Cristo, y que Cristo ha sido resucitado por su propio poder, es esencialmente lo mismo. "Porque como el Padre tiene vida en sí mismo", dice Cristo, "así también ha dado al Hijo el tener vida en si mismo". (Juan 5, 26). "Yo y el Padre uno somos". (Juan 10, 30). El énfasis que encontramos en las Escrituras en que Dios ha resucitado a Cristo, nos muestra una vez mas que Cristo ha entregado su vida y la ha ofrecido plenamente, que Él la ha ofrecido por completo y sin reserva a Dios - Quien entonces la devuelve en su resurrección de entre los muertos.

 

La Iglesia Ortodoxa cree en la real muerte de Cristo y en su real resurrección. Resurrección, sin embargo, no simplemente quiere decir la “resucitación” corporal. Ni el Evangelio ni la Iglesia enseña que Jesús yacía muerto y luego fue revivido biológicamente y entonces caminaba y se movía de la misma forma en que lo hizo antes de ser muerto. Dicho de otra manera, el Evangelio no dice que el Angel movió la piedra para dejar salir a Jesús. El Angel corre la piedra para mostrar que Jesús ya no estaba ahí. (Marcos 16; Mateo 28).

 

En su Resurrección, Jesús está en una forma nueva y gloriosa. Aparece de repente en diferentes lugares. Es difícil reconocerlo. (Lucas 24, 16; Juan 20, 14). Come y bebe para mostrar que no es un fantasma. (Lucas 24, 30, 39). Se deja tocar. (Juan 20, 27; 21, 9). Y sin embargo aparece en medio de sus discípulos, "estando las puertas cerradas", (Juan 20, 19,26). Después "desaparece de su vista". (Lucas 24, 31). Ciertamente Cristo resucitó, pero su humanidad resucitada desborda de vida y divinidad. Es la humanidad en su nueva forma, la  de la vida eterna del Reino de Dios.

 

"Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria. Se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del Cielo.

Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial; tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción".

(I Corintios 15, 42 al 50).

 

La resurrección de Cristo es el primer fruto de la resurrección de toda la humanidad. Es el cumplimiento del Antiguo Testamento, "según las Escrituras" donde está escrito: "Porque no dejarás mi alma en el Seol (es decir, en el Reino de la Muerte), ni permitirás que tu santo vea corrupción". (Salmo 16, 10; Hechos 2, 25 al 36). En Cristo se cumplen todas las expectativas y esperanzas: "Oh muerte, donde está tu aguijón?.. Oh Seol, donde está tu victoria?" (Oseas 13, 14).

 

"Destruirá  a la muerte para siempre; y enjugará Dios el Señor toda lágrima de todos los rostros;... Y se dirá en aquel día: he aquí este es Nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará. Este es el Señor a Quien hemos esperado, gozaremos y nos alegraremos en su salvación".

(Isaías 25, 8 al 9).

 

"Venid y volvamos al Señor; porque Él arrebató, y  nos curará; hirió y nos venderá. Nos dará vida después de dos días; en el tercer día nos resucitará y viviremos delante de Él.".

(Oseas 6, 1 al 2)

 

"Así ha dicho Dios el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas.. y sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestros  sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío Y pondré mi espíritu en vosotros, y viviréis".

(Ezequiel 37, 12 al 14)

 

 

Sobre la Muerte y Resurrección en Cristo

 

Ayer fuí crucificado junto a Él; hoy estoy glorificado con Él. Ayer morí junto a Él; hoy estoy vivificado con Él. Ayer fuí sepultado junto a Él; hoy resucito con Él.

Ofrezcamos a Él Quien sufrió y resucitó para nosotros... nosotros mismos, la posesión mas preciosa a Dios y mas apta.

Que seamos semejantes a Cristo, ya que Cristo se hizo semejante a nosotros.

Que seamos divinos por Su Causa, ya que por nosotros se hizo Hombre.

El aceptó lo peor para así darnos lo mejor.

Se hizo pobre para que por su pobreza fuéramos ricos.

Aceptó la forma de siervo para que pudiéramos ganar nuestra libertad.

Bajó para que fuéramos levantados.

Fue tentado para que por medio de él pudiéramos conquistar. Fue deshonrado para que nos pudiera glorificar.

Murió para que nos pudiera salvar.

Ascendió para que pudiéramos acercarnos a Él, nosotros que estábamos postrados por la caída del pecado.

Entreguemos todo, ofrezcamos todo, a Él que se entregó a Sí Mismo, rescate y reconciliación para nosotros.

Necesitábamos un Dios Encarnado, un Dios entregado a la Muerte, para que viviéramos. Fuimos muertos juntamente con Él para que fuéramos limpiados. Resucitamos con Él pues fuimos a la muerte con Él. Fuimos glorificados con Él pues resucitamos con Él.

Unas pocas gotas de sangre recrean la creación entera

San Gregorio el Teólogo

Sermón - Pascua de Resurrección.

 

 

LA ASCENSIÓN

 

Y subió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre

 

Después de Su Resurrección de entre los muertos Jesús apareció a los hombres por un período de cuarenta días después de que "fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios". (Lucas 24, 50 y Hechos 1, 9-11).

 

La Ascensión de Jesucristo es el acto final  de su misión terrenal de Salvación. El Hijo de Dios “baja de los cielos" para hacer el trabajo que el Padre le encarga y habiendo logrado todo, vuelve al Padre llevando en si la humanidad mortal y glorificada que Él ha asumido. (Véase Juan 17).

 

El significado doctrinal de la Ascensión es la glorificación de la naturaleza humana, la Alianza restaurada del hombre con Dios, su re-unión. Es realmente, la penetración del hombre a las profundidades inagotables de la divinidad.

 

Ya hemos visto que "los cielos" es la expresión simbólica en la Biblia para hablar del no-creado, inmaterial "Reino divino de Dios", como un santo de la Iglesia lo ha llamado. Decir que Jesús está "exaltado por la diestra de Dios" como predicó San Pedro en su primer Sermón Cristiano (Hechos 2, 33) significa exactamente esto: que el hombre ha sido restaurado a la Comunión con Dios, a una unión que, según la doctrina ortodoxa, es mucho mayor y más perfecta que la que había sido otorgada al hombre en su creación original. (Véase Efesios 1 al 2).

 

El hombre fue creado con el potencial de “entrar en comunión con la naturaleza divina", citando nuevamente al Apóstol Pedro. (II Pedro 1, 4). Es esta participación en la divinidad, que se llama theosis (que literalmente significa deificación o divinización) en la teología Ortodoxa, que la ascensión de Cristo ha logrado para la humanidad. La expresión simbólica "sentado a la diestra del Padre" significa exactamente esto. No quiere decir que en algún lugar en el universo creado, el ser corporal Jesús está sentado sobre un trono material.

 

La Carta (Epístola) a los Hebreos habla de la Ascensión de Cristo tomando el símbolo del Templo de Jerusalén. Tal como los sumo sacerdotes de Israel entraban al "Santo de los Santos" para ofrecer sacrificios a Dios en nombre de ellos mismos y del pueblo, así también Cristo, el Único Eterno y Perfecto Sumo sacerdote se ofrece Él mismo a Dios sobre la cruz como el Único Sacrificio Perfecto y Eterno, no por Él, sino por toda la humanidad pecadora. Como hombre, Cristo entra (una vez y para siempre) al Único, Eterno y Perfecto Santo de los Santos: la misma "Presencia de Dios en los Cielos".

 

“Tenemos un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios..."

(Hebreos 4, 14).

 

"Porque tal sumo sacerdote nos convenía; santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho mas sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a si mismo. Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, Ministro del Santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre".

 (Hebreos 7, 26 al 27; 8, 1 al 2).

 

"... Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies".

 (Hebreos 10, 11 al 12) (Salmo 110, 1).

 

Así se entiende la Ascensión como la primera entrada del hombre a aquella glorificación divina para la cual originalmente fue creado. Esta entrada se hace posible por la exaltación del Hijo Divino quien se anonadó a Sí mismo en cuerpo humano como un perfecto ofrecimiento de sí a Dios.

 

 

JUICIO

 

Y vendrá de nuevo para juzgar a los vivos y a los muertos

 

"Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hechos 1, 11).

 

Estas palabras de los ángeles fueron dirigidas a los Apóstoles en la Ascensión del Señor. Cristo vendrá de nuevo en gloria, "sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan". (Hebreos 9, 28).

 

" Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con El Señor".

 

(I Tesalonicenses 4, 16-17; lectura de la Epístola del Oficio Ortodoxo del Funeral).

 

La venida del Señor al final de los siglos será el Día del Juicio, el Día del Señor, predicho en el Antiguo Testamento y anunciado por Jesús Mismo. (Daniel 7; Mateo 24). No fue predicho el momento exacto del final, ni aun por Jesús, para que los hombres siempre estuvieran preparados en vigilia constante y buenas obras.

 

La misma presencia de Cristo como la Verdad y la Luz es el juicio del mundo. En este sentido todos los hombres y el mundo entero ya están juzgados, o, mejor dicho,  ya viven en la plena presencia de aquella realidad -Cristo y Sus Obras- por las cuales serán juzgados sin apelación. Con Cristo ya revelado, no puede haber ninguna excusa ni para la ignorancia ni para el pecado. (Juan 9, 39).

 

Ahora debemos notar que en este juicio final habrá los que estarán ubicados "a la izquierda" y que irán "al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles". (Mateo 25, 41; Apocalipsis 20). Que esto sea así, no es culpa de Dios por ningún motivo. Es culpa solamente de los hombres, pues "según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo", dice el Señor. (Juan 5, 30).

 

Dios no se goza con "la muerte del impío".

(Ezequiel 18, 23)

 

El "quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad". (I Timoteo 2, 4). Hace todo lo que de Él depende para que la salvación y la vida eterna estén al alcance de todos. No hay nada mas que Dios pueda hacer. Ahora todo depende del hombre. Si algunos hombres rechazan el don de la vida en comunión con Dios, el Señor solo puede honrar este rechazo el don de la vida en comunión con Dios, el Señor solo puede aceptar este rechazo y respetar la libertad de Sus criaturas, libertad que Él Mismo les ha otorgado y no se las quitará. Dios permite a los hombres vivir "con el diablo y sus ángeles" si así lo desean. Aun en este sentido Dios es cariñoso y justo. Pues si la presencia de Dios como el "fuego consumidor" (Hebreos 12, 29) y la "luz inaccesible" (I Timoteo 6, 16) que alegra a los que le aman, solo produce odio y desesperanza en los que no "aman Su venida" (II Timoteo 4, 8), no hay absolutamente nada que Dios pueda hacer excepto destruir completamente Sus criaturas endurecidas en el pecado, o destruirse a Si Mismo. Pero Dios continuará existiendo y permitirá que Sus criaturas existan. Mas no esconderá su rostro para siempre.

 

La doctrina del infierno eterno, por lo tanto, no significa que Dios activamente tortura a las personas por algunos medios perversos y odiosos. No significa que Dios se alegra en el castigo y dolor de Su pueblo que El ama. Ni tampoco quiere decir que Dios "se separa" de Su pueblo, causándole así angustia en esta separación (pues ciertamente si las personas odiaran a Dios, la separación sería bienvenida, y no aborrecida). Sino mas bien significa que Dios permite que todas las personas, santos y pecadores por igual, existan para siempre. Todos son resucitados de la muerte a la vida eterna: "los que hicieron el bien, saldrán a resurrección de vida". (Juan 5, 29). En el Final, Dios será "todo en todos" (I Corintios 15, 28). Para los que aman a Dios será un paraíso. Para los que le aborrezcan, la resurrección de la muerte y la presencia de Dios será un infierno. Esta es la enseñanza de los Padres de la Iglesia.

 

"Ha brotado una luz para los justos, y su compañera es alegría gozosa. Y la luz de los justos es eterna...

Que evitemos solo a una luz - a aquella luz que es la del fuego doloroso.

Pues conozco un fuego purificador que Cristo vino para traer sobre la tierra, y Él Mismo es llamado un fuego. Este Fuego quita todo lo que es material y de maldad; y este fuego Él desea encender con toda rapidez...

Conozco también un fuego que no es purificador, sino vengador... que Él vierte sobre todos los pecadores... el cual está listo para enfrentar al diablo y sus ángeles... el cual procede del Rostro del Señor y quemará a Sus enemigos alrededor... el fuego inagotable que... es eterno para los malos. Pues todos estos pertenecen al poder destructor, aunque algunos puedan preferir aun en este aspecto tomar una visión mas misericordiosa de este fuego, como es digno de aquel que castiga".

San Gregorio el Teólogo

 

"... los que se encuentran en la Gehenna serán castigados con el azote de amor. ¡Cuan cruel y amargo seria este tormento del amor!. Pues los que entienden que han pecado contra el amor padecen sufrimientos mas grandes que los producidos por las torturas mas terribles. La tristeza que posea al corazón que ha pecado contra el amor es mas penetrante que cualquier otro dolor. No es correcto decir que los pecadores que están en el infierno son desprovistos del amor de Dios... Mas el amor actúa de dos diferentes maneras, como sufrimientos para los condenados, y regocijo para los benditos".

San Isaac de Siria.

 

Así, el juicio final del hombre y su destino eterno depende únicamente en que si el hombre ama a Dios y su prójimo o no. Depende de si el hombre ama la luz mas que la oscuridad - o ama la oscuridad mas que la luz. Depende, podríamos decir, de si el hombre ama el Amor y la Luz Misma o no; si el hombre ama la Vida o no - que es Dios Mismo; el Dios revelado en la creación, en todas las cosas, en "los mas pequeños de los hermanos".

 

Los procedimientos del juicio final ya se conocen. Cristo Mismo las ha dado con absoluta claridad.

 

"Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de El todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos les responderán diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?. Y ¿cuando te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos?. O ¿cuando te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?. Y respondiendo el Rey les dirá: De acuerdo os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos mas pequeños, a mi lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de íi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿cuando te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?. Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos mas pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna".

(Mateo 25, 31 al 46; Lectura del Evangelio para el Domingo del Juicio Final.)

 

Es Cristo quien juzgará, no Dios el Padre. Cristo ha recibido el poder del juicio pues Él es "el Hijo del Hombre". (Juan 5, 27).

 

Así entonces, el hombre y el mundo no son juzgados por Dios "sentado en una nube", por así decir, sino por Aquel que es verdaderamente hombre, Aquel que ha sufrido cada tentación de este mundo y ha salido victorioso. El mundo es juzgado por Aquel que tuvo hambre, que tuvo sed, que fue extranjero, que estuvo desnudo, encarcelado, y herido, pero que, no obstante, era la salvación de todos. Por la crucifixión, Cristo ha adquirido la autoridad para juzgar pues solamente Él ha sido el siervo perfectamente sumiso del Padre y Quien conoce las profundidades de la tragedia humana por su propia experiencia.

 

"El cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo... pero gloria, honra y paz a todo el que hace lo bueno..., porque no hay acepción de personas para con Dios. Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la Ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados".

Romanos 2, 6 al 13

 


 

EL REINO DE DIOS

 

... Y su Reino no tendrá fin

 

Jesús es el Hijo Real de David, de Quien el ángel  profetizó en su nacimiento:

 

"Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David Su Padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin"(Lucas 1, 32 al 33)

 

Mediante sus sufrimientos como el Cristo, Jesús alcanzó eterna realeza y señorío sobre toda la creación. Él es el "Rey de los reyes y Señor de señores", compartiendo este título con Dios Padre Mismo. (Deuteronomio 10, 17; Daniel 2, 47; Revelación 19, 16). Como hombre, Jesucristo es el Rey del Reino de Dios.

 

Cristo vino con el único motivo de traer el Reino de Dios a los hombres. Sus primeras palabras públicas retoman exactamente las de Su precursor, San Juan Bautista: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado". (Mateo 3, 2; 4, 17).

 

Durante toda Su vida Jesús habló del Reino. Es por ejemplo el tema del Sermón en el Monte, y de muchas parábolas:

 

"Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos".

"Bienaventurados los que son perseguidos por practicar la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos".

 

"Mas buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas".

 

"No todo el que me dice: Señor, señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos"(Mateo 5 al 7).

 

El grano de mostaza, la levadura, la perla de gran precio, la moneda perdida, el tesoro en el campo, la red del pescador, la fiesta de bodas, el banquete, la casa del Padre, la viña... todos son signos del Reino que Cristo ha venido a ofrecer. Y en la noche de Su Ultima Cena con Sus Discípulos abiertamente les dice:

 

"Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en trono juzgando a las doce tribus de Israel". (Lucas 22, 28 al 30; Lectura para la Vigilia del Jueves Santo)

 

El Reino de Cristo "no es de este mundo" (Juan 18, 36). Esto lo dice Cristo a Poncio Pilatos cuando, tratado en burla como rey, Él revela su verdadera realeza divina en esta humillación. El Reino de Dios, que Cristo gobernará, vendrá con poder al final de los siglos cuando el Señor llenará toda la creación y será verdaderamente "todo y en todos". (Colosenses 3, 11). La Iglesia, que en la Doctrina Ortodoxa comúnmente se llama el Reino de Dios en la tierra, ya ha recibido de manera mística esta experiencia. En la Iglesia, Cristo ya es reconocido, glorificado, servido como el Único Rey y Señor. Y Su Espíritu Santo, a Quien los Santos de la Iglesia ya han identificado con el Reino de Dios, ha sido otorgado en la Iglesia al mundo entero en todo poder y toda misericordia.

 

El Reino de Dios, entonces, es una Realidad Divina. Es la realidad de la presencia de Dios entre los hombres mediante Cristo y el Espíritu Santo. "El Reino de Dios... es... justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo" (Romanos 14, 17).

 

El Reino de Dios como una realidad espiritual, divina, es otorgado a los hombres por Cristo en la Iglesia. Es celebrado y participado en los misterios sacramentales de la fe. Se lo atestigua en las escrituras, en los concilios, en los cánones y en los santos. Será la universal, la final realidad cósmica para la creación entera al final de los siglos cuando Cristo llegue en gloria para llenar todas las cosas Consigo Mismo por el Espíritu Santo, para que Dios sea "todo en todos". (I Corintios 15, 26).


 

EL ESPÍRITU SANTO

 

Y en el Espíritu Santo, Señor y Vivificador, que procede del Padre, que con el Padre y el Hijo es juntamente adorado y glorificado, que habló por los profetas.

 

El Espíritu Santo recibe el título de Señor al igual que  Dios el Padre y Cristo, Su Hijo. Es el Espíritu de Dios y el Espíritu de Cristo. El es Eterno, No Creado, y Divino; existiendo desde siempre con el Padre y el Hijo; perpetuamente adorado y glorificado con Ellos en la unidad de la Santa Trinidad.

 

Tal como el Hijo, nunca hubo un momento cuando el Espíritu Santo no existía. El Espíritu está antes de la creación. Él sale de Dios, como el Hijo, en una procesión eterna, fuera del tiempo. "Procede del Padre", en la eternidad de un movimiento divinamente instantáneo y perpetuo. (Juan 15, 26).

 

La Doctrina Ortodoxa confiesa que Dios el Padre es el origen y fuente eterna del Espíritu, tal como es fuente del Hijo. Sin embargo, la Iglesia afirma también que la manera de la revelación al Padre y de salida del Padre es diferente entre el Hijo y el Espíritu: el Hijo es engendrado, es nacido del Padre, y el Espíritu Santo procede del Padre. Muchos santos varones inspirados por Dios y con una verdadera experiencia de Su Vida Trinitaria han intentado explicar la distinción entre la “procesión” del Espíritu y la “generación” del Hijo. Para nosotros es suficiente reconocer que la diferencia entre las dos está en la distinción entre las personas divinas del Hijo y del Espíritu y sus acciones en relación al Padre, así como en su relación Uno al Otro, y con el Mundo. Es necesario además resaltar que todas las palabras y conceptos acerca de Dios y la divinidad incluyendo a los de "procesión" y "generación", solo tienen una importancia secundaria ante la visión mística de la Realidad Divina que ellos expresan. Dios puede ser mas o menos comprendido por el hombre puesto que Él ha deseado revelarse a Sí mismo. Sin embargo, la esencia de Su Existencia Trina permanece - y siempre permanecerá- esencialmente inconcebible a nuestras mentes e inexpresable a nuestros labios humanos, creados. Esto no quiere decir que hablar acerca de Dios no tenga sentido. Solo significa que las palabras son inadecuadas para La Realidad que tratan de expresar.

 

Acá conviene señalar que las Iglesias romanas y protestantes divergen de la Iglesia ortodoxa, en su exposición de la fe, agregando que el Espíritu Santo procede del Padre "y del Hijo" (Filioque) -una adición doctrinal que no es aceptable a la Ortodoxia ya que no se apoya en ninguna base escrituraria y es incompatible con la visión ortodoxa de Dios.

 

Con la afirmación de la divinidad del Espíritu Santo, y el deber de adorarlo y glorificarlo con el Padre y el Hijo, la Iglesia Ortodoxa afirma que la Realidad Divina, que se llama también la Deidad o la Divinidad en la Tradición Ortodoxa, es la Santísima Trinidad. (Véase parte III de este libro).

 

El Espíritu Santo es esencialmente Uno en Su existencia eterna con el Padre y el Hijo; y así, en cada acción de Dios hacia el mundo, el Espíritu Santo necesariamente participa. Así, en el relato de Génesis de la Creación está escrito: "El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas". (Génesis 1, 2). Es este Mismo Espíritu Quien es el "aliento de vida" para todas las cosas vivientes, particularmente para el hombre, creado a la imagen y semejanza de Dios. (Génesis 1,26; 2, 7). En hebreo el Espíritu es llamado el "viento" o el "soplo" de Yahvé. Es Él quien vivifica a todo, el "dador de vida" Quien mantiene y sostiene el universo en su existencia y su  vida:

 

“Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmo 104,29-30).

 

“El Espíritu de Dios me ha creado, y el soplo del Todopoderoso me animó”(Job 33,4)

 

También es el Espíritu Santo Quien inspira a los santos a hablar la palabra de Dios y hacer Su Voluntad Divina. Él “unge” los profetas, sacerdotes y reyes del Antiguo Testamento; y "en la plenitud de los tiempos" es este mismo Espíritu quien "desciende y permanece" con Jesús de Nazaret, haciéndolo el Mesías (Ungido) de Dios y lo manifiesta al mundo entero (Gálatas 4,4-7; Juan 1,32-34). Así, en el Nuevo Testamento en el momento de la primera “epifanía” (que literalmente significa manifestación) de Cristo como el Mesías – y Su bautismo por Juan en el Jordán - se revela el Espíritu Santo descendiendo y morando sobre Él "como una paloma" (Juan 1, 32; Lucas 3, 22. Véase también Mateo 3, 16 y Marcos 1, 9). Es importante resaltar, aquí como en el relato de la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, así como en otras partes de las Sagradas Escrituras, en que las palabras "como" y "semejante a" se usan para evitar una interpretación “física” incorrecta de los acontecimientos registrados cuando la Biblia misma está hablando de una forma totalmente simbólica y metafórica.

 

Jesús comienza su obra pública después de Su Bautismo, e inmediatamente cita a la profecía de Isaías en referencia al Mesías y aplicándosela a Él Mismo: "El Espíritu del Señor está sobre mí..." (Isaías 61, 1; Lucas 4, 18).

 

              Cada día de Su vida, Jesús está "lleno del Espíritu Santo":  predicando, enseñando, sanando, echando afuera los demonios; Él lleva a cabo todo signo y milagro por el poder del Espíritu Santo. (Lucas 4, 18-19). Está escrito que inclusive la ofrenda que hace de Sí a Dios en la cruz, Él la hace "mediante el Espíritu Eterno" (Hebreos 9,14). Y es mediante el mismo Espíritu Divino que Él mismo y todos los hombres junto a Él son resucitados de entre los muertos. (Ezequiel 37, 1-4).

 

En el día de Pentecostés, el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos de Cristo en la forma de "lenguas como de fuego" con un sonido "como un viento recio" (Hechos 2,1-4). Notamos nuevamente el uso de la palabra "como". La venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés es el cumplimiento final de la misión terrenal mesiánica de Cristo, el comienzo de la Iglesia Cristiana. Es el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento según la cual en el tiempo del Rey-Mesías, Dios “derramará Su Espíritu sobre toda carne" (Joel 2, 28; Jeremías 31 al 33; Isaías 11, 42, 44, 61). Es la condición de la Alianza última y eterna de paz y de misericordia perfectas (Ezequiel 34,15-16; Jeremías 31,31-33; Isaías 11,1-10; 42,1-9; 61,1-11).

 

La Iglesia Cristiana vive por el Espíritu Santo. Solamente el Espíritu Santo es la garantía del Reino de Dios sobre la tierra. Él es la única garantía que la vida divina, la verdad y el amor de Dios permanezcan con los hombres. Solamente el Espíritu Santo puede hacer que el hombre y el mundo cumplan la misión por la cual fueron creados por Dios. Todas las acciones de Dios hacia el hombre y el mundo -en la creación, la salvación y final glorificación- son del Padre, mediante el Hijo (Verbo) en el Espíritu Santo; y todas las capacidades del hombre para responder a Dios se hacen en el mismo Espíritu, por el mismo Hijo y al mismo Padre.

 

El Espíritu Santo es el Espíritu de la Vida.

 

"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" ( Romanos 8, 11).

 

El Espíritu Santo es el Espíritu de la Verdad.

 

"Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir".

(Juan 16, 13; véase también Juan 14, 24; Juan 15, 26).

 

El Espíritu Santo es el Espíritu de filiación divina.

 

"Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el Espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino habéis recibido el Espíritu de adopción, por el cual clamamos: Abba!, Padre!. El Espíritu mismo da testimonio de nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios".

(Romanos 8, 14-16; También Gálatas 4, 6)

 

El Espíritu Santo es la presencia personal del nuevo y eterno pacto entre Dios y el hombre, el sello y la garantía del Reino de Dios, el divino poder de Dios que habita en el hombre.

 

"... vosotros sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón... nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica".

(II Corintios 3, 2-6)

 

"¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?... porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es".

(I Corintios 3, 16-17)

 

"... por medio de él (Cristo) los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu".

(Efesios 2, 18-22; también I Pedro 2, 4-9)

 

En el Espíritu Santo los hombres tienen la posibilidad de recibir todo don de Dios, de participar en Su vida y naturaleza divina, de hacer lo que Cristo ha hecho practicando su "nuevo mandamiento" de amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado, "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado". (Romanos 5, 5).

 

"El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza;... los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna".

(Gálatas 5, 22-25; 6, 8)


 

IGLESIA

 

En la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

 

La palabra Iglesia designa a aquellos que son llamados a formar un pueblo particular para hacer o lograr algo particular. La Iglesia Cristiana es la asamblea de las personas escogidas por Dios, llamadas  a guardar Su palabra y hacer Su voluntad y Su trabajo en el mundo y en el Reino Celestial.

 

En la Sagradas Escrituras la Iglesia es llamada  Cuerpo de Cristo (Romanos 12; I Corintios 10,12; Colosenses 1) y la Esposa de Cristo (Efesios 5,22-33; Apocalipsis 21,2;22,17). También la Iglesia es comparada al Templo vivo de Dios (Efesios 2; I Pedro 2), y además es llamada "columna y baluarte de la Verdad". (I Timoteo 3, 15).

 

Iglesia Una

La Iglesia es Una, porque Dios es Uno, y porque también Cristo y el Espíritu Santo son Uno. Solamente puede haber una Iglesia, y no muchas. Y esta única Iglesia, ya que su unidad depende de Dios, de Cristo y del Espíritu, nunca puede estar fragmentada. Así, según la doctrina Ortodoxa, la Iglesia es indivisible; los hombres pueden estar dentro de la Iglesia o fuera de ella, pero no pueden dividirla.

 

Según la enseñanza Ortodoxa, la unidad de la Iglesia es la libre unidad del hombre libremente aceptada en la verdad y amor de Dios. No se logra o establece tal unidad por ninguna autoridad humana ni poder jurídico, sino por Dios solamente. En la medida en que los hombres están en la verdad y el amor de Dios, son miembros de la Iglesia.

 

Los Cristianos Ortodoxos creen que en la Iglesia Ortodoxa histórica, existe la plena posibilidad de participar totalmente en la Iglesia de Dios, y que únicamente los pecados y falsas elecciones humanas (herejías) separan los hombres de esta unidad. Los Ortodoxos sostienen que en los grupos cristianos no ortodoxos existen ciertos obstáculos formales que varían en los diferentes grupos, los cuales, si los hombres los aceptan y lo siguen, niegan su unidad perfecta con Dios y así destruirán la genuina unidad de la Iglesia (ejemplo: el papado de la Iglesia Romana).

 

Dentro de la Unidad de la Iglesia el hombre es lo que fue creado y puede crecer para toda la eternidad en la vida divina, en comunión con Dios por Cristo en el Espíritu Santo. Ni el tiempo ni el espacio tienen efecto sobre la Unidad de la Iglesia y no se limita tampoco a los que viven sobre la faz de la tierra. La unidad de la Iglesia es la unidad de la Santa Trinidad y de todos los que viven con Dios: los Santos ángeles, los justos que han muerto, y los que viven en la tierra según los mandamientos de Cristo y el poder del Espíritu Santo.

 

La Santa Iglesia

La Iglesia es Santa, porque Dios es Santo, porque Cristo es Santo, y el Espíritu Santo es Santo. La Santidad de la Iglesia proviene de Dios. Los miembros de la Iglesia son santos en cuanto viven en comunión con Dios.

 

En la Iglesia terrenal, los seres humanos participan en la Santidad de Dios. El pecado y error los separan de esta divina santidad tal como los separan de la unidad divina. De esta manera, los miembros terrestres y las instituciones de la Iglesia no se pueden identificar a la santidad de la Iglesia. La fe y la vida de la Iglesia en la tierra se expresa en sus enseñanzas, sus sacramentos, sus oficios, sus escrituras y sus santos que guardan la esencial unidad de la Iglesia, y que ciertamente se pueden afirmar como "santos" por la presencia y acción de Dios que está en ellos.

 

 

Iglesia Católica

La Iglesia también es “católica” por su relación a Dios, Cristo y el Espíritu Santo. La palabra católica significa pleno, completo, íntegro; que nada le falta. Solo Dios es realidad plena y total; es solamente en Dios que nada falta.

 

A veces la catolicidad de la Iglesia se entiende en términos de la universalidad de la Iglesia en el tiempo y espacio. Si bien es cierto que la Iglesia es universal - para todos los hombres en todo tiempo y lugar- esta universalidad no es el real significado de la palabra "católica" cuando se usa para definir la Iglesia. Esta palabra señala (desde las primeras décadas del siglo segundo) más una cualidad que una cantidad. Decir de la Iglesia que es  “católica” es definir cómo es, o sea, plena y completa, abarcando todo, y sin que le falte nada.

 

Aun antes de que la Iglesia se expandiera por toda la tierra, ya se definía como católica. La Iglesia de Jerusalén original, la de los Apóstoles, o bien esas primitivas Iglesias de ciudades como Antioquia, Efeso, Corinto, o Roma, eran católicas. Estas Iglesias eran católicas -tal como es cada una de las Iglesias Ortodoxas hoy- porque nada esencial les faltaba para ser la verdadera Iglesia de Cristo. Dios mismo se revela plenamente y está presente en cada Iglesia mediante Cristo y el Espíritu Santo, actuando en la comunidad local de creyentes con sus enseñanzas apostólicas, sus ministros (jerarquía) y sus sacramentos, no careciendo entonces de nada para participar plenamente en el Reino de Dios.

 

Entonces, creer en la “catolicidad” de la Iglesia es expresar la convicción de que la plenitud de Dios está presente en la Iglesia y que no carece de nada de la "vida abundante" que Cristo da al mundo en el Espíritu. (Juan 10, 10). Es confesar exactamente que la Iglesia es ciertamente "la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo". (Efesios 1, 23; también Colosenses 2, 10).

 

Iglesia Apostólica

La palabra apostólica describe lo que tiene una misión, lo que ha sido "enviado" para cumplir una tarea.

 

Cristo y el Espíritu Santo, ambos son “apostólicos”, pues ambos han sido enviados al mundo por el Padre. No solamente se dice en numerosas ocasiones en las Sagradas Escrituras que Cristo ha sido enviado por el Padre, y el Espíritu Santo enviado por el  Padre mediante Cristo, sino que además se ha dicho explícitamente que Cristo es el "apóstol ...de nuestra confesión". (Hebreos 3, 1).

 

Como Cristo fue enviado por el Padre, así también Cristo mismo eligió y envió Sus Apóstoles. "Como me envió el Padre, así también yo os envío... Recibid el Espíritu Santo. (Juan 20, 21-22), dice Cristo a Sus discípulos después de Su Resurrección. Así los Apóstoles salen al mundo, siendo ellos la primera fundación de la Iglesia Cristiana.

 

En este sentido, entonces, la Iglesia es llamada “apostólica”: primero porque está fundada sobre Cristo y el Espíritu Santo enviados por Dios y sobre los apóstoles enviados por Cristo, llenos del Espíritu Santo; y segundo, porque la Iglesia, en sus miembros terrenales, es enviada por Dios para dar testimonio de Su Reino, guardar Su palabra, hacer Su Voluntad y cumplir Su obra en el mundo.

 

Los Cristianos Ortodoxos creen en la Iglesia porque creen en Dios, Cristo y el Espíritu Santo. La Fe en la Iglesia es parte de la afirmación del Credo de los creyentes cristianos. La Iglesia misma es objeto de fe como la realidad divina del Reino de Dios otorgada a los hombres por Cristo contra la cual "las puertas del infierno no prevalecerán". (Mateo 16, 18).

 

La Iglesia y la fe en la Iglesia, es un elemento esencial de la doctrina y vida Cristiana. No puede haber una perfecta y plena comunión con Dios, en medio del mundo caído y pecaminoso, sin la Iglesia como una realidad divina, mística, sacramental y espiritual. La Iglesia es el don de Dios al mundo. Es el don de la salvación, del conocimiento e iluminación, del perdón de los pecados, de la victoria sobre las tinieblas y la muerte. Es el don de Comunión con Dios mediante Cristo y el Espíritu Santo. Este don es dado totalmente, de Una vez para siempre, sin ninguna reserva de parte de Dios. Permanece para siempre, hasta el fin de los siglos: invencible e indestructible. Los hombres pueden pecar y luchar contra la Iglesia, los creyentes pueden separarse de la Iglesia, pero la Iglesia misma, "columna y baluarte de la verdad" (I Timoteo 3, 15) permanece para siempre.

 

"... (Dios) sometió todas las cosas bajo sus pies (de Cristo) y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la Iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo".

"por medio de él... tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu".

 

"Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavado del agua por la palabra, a fin de presentársela a si mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha... Grade es este Misterio.. de Cristo y de la Iglesia".

Efesios 1, 22-23; 2, 18-22; 5, 25-32.

 

 

LOS SACRAMENTOS

 

Reconozco un solo bautismo para el perdón de los pecados.

 

La forma de entrar a la Iglesia Cristiana es por el Bautismo "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo". (Mateo 28, 19, la lectura del  Evangelio para el Oficio del Bautismo en la Iglesia Ortodoxa).

 

La Palabra Bautismo quiere decir inmersión o sumersión en agua. Fue practicado en el Antiguo Testamento e inclusive en algunas religiones paganas como una señal de muerte y renacimiento. Así, Juan Bautista bautizaba como signo de nueva vida y arrepentimiento que significa literalmente un cambio de mente, y también como signo de deseos y acciones preparatorias para la venida del Reino de Dios en Cristo.

 

En la Iglesia, el Bautismo significa muerte y renacimiento en Cristo. Es la experiencia personal de la Pascua de Resurrección ofrecida a cada ser humano, la real posibilidad de morir y "nacer de nuevo" (Juan 3, 3).

 

"No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados en Su Muerte?. Porque somos sepultados juntamente con El, para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos  por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. porque si fuimos plantados juntamente con El en la semejanza de Su Muerte, así también lo seremos en la de Su Resurrección".

Romanos 6, 3-5; Lectura del Oficio de Bautismo en la Iglesia Ortodoxa.

 

El bautismo es la fundamental experiencia Cristiana, la condición primera para la vida cristiana total. Todo lo que está en la Iglesia encuentra su origen y contexto en el bautismo pues todo lo que está en la Iglesia origina y vive por la Resurrección de Cristo. Así, después del Bautismo viene el "sello del don del Espíritu Santo", el Misterio (Sacramento) de la Crismación que es la experiencia personal de Pentecostés de cada hombre. Y la plenitud y cumplimiento de estos fundamentales misterios cristianos vienen en el Misterio de la Santa Comunión con Dios en la Divina Liturgia de la Iglesia.

 

Solamente las personas que están comprometidas con Cristo en la Iglesia Ortodoxa mediante el Bautismo y la Crismación pueden ofrecer y recibir la Santa Eucaristía. La Santa Eucaristía es la Santa Comunión. Como tal, no es solo un "medio de santificación" para creyentes individuales, o un medio por el cual un individuo pueda lograr "comunión" con Dios según su propia conciencia particular, creencias y prácticas. Es mas bien el acto abarcante de la santa Comunión de muchas personas que poseen la misma fe, la misma esperanza, el mismo bautismo. Es el acto corporativo de muchas personas que tiene una mente, un corazón, una boca al servicio del único Dios y Señor, en el único Cristo y el único Espíritu Santo.

 

Participar en la Santa Comunión en la Iglesia Ortodoxa es identificarse plenamente con todos los miembros de la fe Ortodoxa, vivos y muertos; es identificarse totalmente con todos los aspectos de la Iglesia Ortodoxa: Su historia, concilios, cánones, dogmas, disciplinas. Es "aceptar sobre si" la responsabilidad directa y concreta para todo lo relacionado con la tradición Ortodoxa y profesar responsabilidad en la vida diaria de la Iglesia Ortodoxa. Es decir delante de Dios y de los hombres que uno está dispuesto a ser juzgado, en el tiempo y en la eternidad, por lo que representa la Iglesia Ortodoxa en medio de la tierra.

 

Entrando a la Santa Comunión de la Iglesia Ortodoxa mediante el Bautismo y la Crismación, uno entonces vive conforme a la vida de la Iglesia en toda forma posible. Antes que nada uno es fiel a la doctrina y disciplina de la Iglesia por fiel comunión con la jerarquía de la Iglesia, que son aquellos miembros del Cuerpo, responsable sacramentalmente por las enseñanzas y practicas de la Iglesia; también a las imágenes sacramentales de la identidad y continuidad de la Iglesia en todo lugar y tiempo. Cuando uno entra en la comunidad del matrimonio, la unión de un hombre y una mujer para siempre según la enseñanza de Jesucristo, se santifica esta unión y se hace eterna y divina en el Misterio Sacramental de la Iglesia. Cuando uno esté enfermo y sufriendo, llama a "los presbíteros (sacerdotes) de la Iglesia" para que "oren por él, ungiéndole con aceite" en el misterio sacramental de la Santa Unción. (Santiago 5, 14) Cuando uno peca y se separa de la vida de la Iglesia, vuelve a la Santa Comunión de la comunidad divina mediante el Misterio Sacramental de la Confesión y arrepentimiento. Y cuando uno se muere, vuelve al creador en medio de la Iglesia, con las oraciones e intercesiones de los fieles hermanos y hermanas en Cristo y el Espíritu. Así la vida entera de la persona se vive dentro de y con la Iglesia como la nueva vida de plenitud en Dios Mismo, la Iglesia que es la presencia Mística del Reino de Dios que no es de este mundo. (Véase el Libro II, Vida Litúrgica y Oración en la Iglesia Ortodoxa).

 

La confesión de "un solo bautismo para la remisión de los pecados", entonces, es reconocer que por la resurrección de Cristo, la vida ofrecida a los seres humanos en la Iglesia  es una vida totalmente nueva.

 

"Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria".

Colosenses 3,  1-4

 

Así, en la Iglesia, toda la vida comienza en el nuevo nacimiento del bautismo, la "vida escondida con Cristo en Dios". En esta nueva vida están contenidos todos los misterios de la fe cristiana. Fluye por las aguas del bautismo todo lo que se encuentra en la Iglesia: la remisión de los pecados y la vida eterna.


 

LA VIDA ETERNA

 

Espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero.

 

La Iglesia Ortodoxa no cree meramente en la inmortalidad del alma, en la bondad y salvación final de una realidad únicamente espiritual. De acuerdo a las sagradas escrituras, los Cristianos Ortodoxos creen en la bondad del cuerpo humano y de toda la creación física y material. Así, en su fe en la resurrección y vida eterna, la Iglesia Ortodoxa no está a la espera de algún "otro mundo" en el que se encontraría la salvación, sino hacia este mismo mundo en el que estamos y que Dios tanto amó, mundo que será resucitado y glorificado por El, y lleno de Su Presencia Divina.

 

Al final de los siglos Dios se revelará y llenará toda la creación de Su presencia. Para aquellos que le aman eso será el Paraíso. Para los que le odian, eso será el Infierno. Y toda la creación física, junto con los justos, se regocijará y se alegrará en Su venida.

 

"Que el desierto y la sequedad se alegren; regocíjese la estepa y florezca como flor"

Isaías 35, 1

 

"Pues he aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán recordados los primeros ni vendrán a la memoria. Antes habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Pues he aquí que yo voy a crear a Jerusalén "regocijo", y a su pueblo "alegría".

Isaías 65,  17 al 18

 

Las visiones de los profetas y las de los apóstoles cristianos acerca de las cosas que han de venir son una y la misma:

 

"Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya. Y vi la ciudad Santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo. Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: "Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y El, Dios -con- ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado"

Apocalipsis 21, 1 al 4

 

Cuando el Reino de Dios llene toda la creación, todas las cosas serán renovadas. Este mundo nuevamente será aquel paraíso que había sido en su origen. Esta es la doctrina Ortodoxa en lo que toca al destino final del hombre y su universo.

 

A veces se argumenta, sin embargo, que este mundo será totalmente destruido y que Dios creará todo nuevo, "de la nada", por un nuevo acto de creación. Los que mantienen esta opinión, citan a textos tales como el de la Segunda Carta de San Pedro:

 

"Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán desechados, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas".

II Pedro 3, 10

 

Ya que la Biblia nunca habla de una "segunda creación" y porque la misma testimonia  sin cesar y sin desdecirse que Dios ama al mundo que ha creado y hace todo lo posible para salvarlo, nuestra Tradición Ortodoxa nunca interpreta tales textos de la Escritura como enseñando la real destrucción de la creación por Dios. Sino que entiende que tales textos hablan metafóricamente de la gran catástrofe que la creación debe soportar, incluyendo a los mismos justos, para que sea limpiada, purificada, perfeccionada y salvada. Ella enseña además que existe un "fuego eterno" para los impíos, un estado eterno de su destrucción. Pero de ningún modo esta “prueba por el fuego” que “consume a los impíos”, en la Tradición Ortodoxa se entiende en el sentido de que la creación está predestinada a la destrucción total, despreciada por el Dios de Amor quien la creó y llamó "muy buena", (Génesis 1, 31; también I Corintios 3, 13-15; Hebreos 12, 25-29; Isaías 66; Apocalipsis 20 al 22).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 3

 

LA SANTISIMA TRINIDAD


 

 

 

La doctrina de la Santísima Trinidad no es simplemente un "artículo de fe" que los hombres deben "crecer". No es simplemente un dogma que la Iglesia da a sus fieles y que deben aceptar tal cual. Ni tampoco la  doctrina de la Santísima Trinidad es una elaboración de sabios y de académicos, el resultado de especulaciones intelectuales y pensamientos filosóficos.

 

La doctrina de la Santísima Trinidad proviene de la experiencia profunda y personal que el hombre puede tener de Dios. Proviene del verdadero conocimiento vivido de aquellos que han llegado a conocer a Dios en la fe.

 

Lo escrito a continuación trata de mostrar lo esencial de los que Dios ha revelado de Si Mismo a los Santos de la Iglesia. Una cosa es entender las palabras y conceptos relativos a la Santa Trinidad; otra cosa es conocer la Realidad Viviente de Dios que está detrás de estas palabras y conceptos. Debemos trabajar y rezar para que podamos ir mas allá de cada palabra y concepto acerca de Dios, y llegar a conocerlo por nosotros mismos en una unión vivida con El: "El Padre mediante el Hijo en el Espíritu Santo". (Efesios 2:18-22).

 

 

LA SANTÍSIMA TRINIDAD REVELADA

 

En el Antiguo Testamento encontramos a Yahvé, el Único Señor y Dios, actuando en el mundo mediante Su Verbo y Su Espíritu. En el Nuevo Testamento el "Verbo se encarnó". (Juan 1:14). En Jesús de Nazareth, el Hijo-Unigénito de Dios se hace hombre. Y el Espíritu Santo, Quien mora en Jesús haciéndolo el Cristo, es derramado por Dios sobre toda carne. (Hechos 2:17).

 

Es imposible leer la Biblia o la historia de la Iglesia, sin impresionarse por las numerosas referencias a Dios el Padre, el Hijo (Verbo) de Dios y el Espíritu Santo. El relato del Nuevo Testamento y toda la vida de la Iglesia Ortodoxa son incomprensibles y sin sentido sin la afirmación constante de la existencia, de la interrelación, de la  interacción, así como la obra del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo hacia el hombre y el mundo.

 

 

 

 

DOCTRINAS FALSAS ACERCA DE LA TRINIDAD

 

La pregunta principal a que debe responder la Iglesia referente a Dios es con respecto a la relación entre el Padre, el Hijo

y el Espíritu Santo. Según la Tradición Ortodoxa, existen varias doctrinas erradas que se deben rechazar.

 

Primera doctrina errónea: es la que dice que solo el Padre es Dios y que el Hijo y el Espíritu Santo son criaturas, hechas "de la nada" como los ángeles, los hombres y el mundo. A esta doctrina la Iglesia responde que el Hijo y el Espíritu Santo no son criaturas, sino que son increados y divinos con el Padre, y que actúan con al Padre en la divina obra de crear todo lo que existe.

 

Otra doctrina falsa: es la que afirma que Dios en Si es Un Dios que simplemente aparece en diferentes formas al mundo: tan pronto como el Padre, luego como el Hijo y en otra oportunidad como el Espíritu Santo. Nuevamente responde la Iglesia que el Hijo y Verbo era "en el principio con Dios" (Juan 1:1-2) tal como el Espíritu Santo, y que los Tres son eternamente distintos. El Hijo es Dios eterno y el Espíritu es Dios eterno. El Hijo y el Espíritu no son meramente aspectos de Dios, sin una vida o existencia propias. Sería impensable, por ejemplo, sostener que cuando el Hijo se hace hombre y ora a su Padre, y actúa en obediencia a El, que todo fuera una ilusión sin nada de realidad, como una representación teatral divina delante del mundo, desprovista de verdad y de fundamento.

 

Tercera doctrina errada: Dios es Uno, y el Hijo y el Espíritu son simplemente nombres indicando  las relaciones que Dios tiene consigo Mismo. Así, se dice que el Pensamiento y la Palabra de Dios se llaman el Hijo, mientras que la Vida y la Acción de Dios se llaman el Espíritu; pero de hecho según esta doctrina, no hay el Hijo de Dios ni el Espíritu de Dios en tanto que "realidades en si". Ambos serian simples metáforas para meros aspectos de Dios. Nuevamente, sin embargo, en tal doctrina el Hijo y el Espíritu no tienen existencia ni vida propia. No son reales, sino ilusiones.

 

Otra doctrina falsa: es la que dice que el Padre es Un Dios; el Hijo es otro Dios, y el Espíritu Santo otro Dios más. A esto la Iglesia afirma que no pueden haber "tres dioses", ni ciertamente dioses que sean creados o hechos. Tampoco pueden haber "tres dioses", de los cuales el Padre sería el "mas grande" y los otros "inferiores". Pues sería una contradicción afirmar la existencia de más de un solo Dios o de la existencia de "grados en la divinidad", tampoco sería posible sostener esta teoría ni por la divina revelación ni por un razonamiento lógico.

 

Así, entonces, la Iglesia enseña que existe Un Solo Dios, pero que hay Tres que son Dios - el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo- unidos perfectamente y nunca divididos; pero tampoco confundidos uno con el otro y sin distinción propia. ¿Cómo entonces defiende la Iglesia su doctrina que Dios es Uno, y sin embargo Tres?.

 

 

UN DIOS, UN PADRE

 

En primer lugar, es la enseñanza de la Iglesia y su más profunda experiencia que Dios es uno  pues no existe mas que un solo Padre.

 

En la Biblia la palabra "Dios" con muy pocas excepciones, se usa para nombrar al Padre. Así, el Hijo es designado como el "Hijo de Dios" y el Espíritu como el "Espíritu de Dios". El Hijo nace del Padre, y el Espíritu procede del Padre - ambos en la misma acción eterna y sin tiempo del Ser del Padre.

 

Según esto entonces, el Hijo y el Espíritu son uno con Dios y de ninguna manera separados de El. Así, la Unidad Divina es dada del  Padre, con Su Hijo y Su Espíritu, distintos de El, pero sin embargo perfectamente unidos en El.

 

 

Un solo Dios: Una sola naturaleza divina, un solo ser divino

 

Lo que el Padre es, así también el Hijo y el Espíritu. Esta es la enseñanza de la Iglesia. El Hijo, nacido del padre, y el Espíritu, procediendo del Padre, comparten la naturaleza divina de Dios, siendo "de una misma esencia" con El (“consubstancial”).

 

Así, tal como el Padre es "inefable, inconcebible, invisible, incomprensible, siempre existente, y eternamente el mismo" (la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo), el Hijo y el Espíritu son exactamente iguales. Cada atributo de la divinidad que pertenece a Dios el Padre: vida, amor, sabiduría, verdad, bendición, gloria, santidad, poder, pureza, regocijo, alegría; pertenecen igualmente al Hijo y al Espíritu Santo. El ser, naturaleza, esencia, existencia y vida de Dios el Padre, del Hijo y del Espíritu Santo son absoluta e idénticamente uno y lo mismo.

 

 

 

Un solo Dios: una sola acción divina, una sola voluntad divina

Ya que el ser de la Santa Trinidad es uno, todo lo que quiere el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo también lo quieren. Lo que hace el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo también lo hacen. No existe ningún querer, no hay acción del Padre que no sea a la vez el querer y acción del Hijo y del Espíritu Santo.

 

En su mismo seno, en la eternidad, así como hacia el mundo, en la creación, revelación, encarnación, redención, santificación y glorificación - la voluntad y acción de la Trinidad son una: del Padre divino, mediante el Hijo divino, en el Espíritu divino. Cada acción de Dios es la acción de los Tres. Ninguna de las personas de la Trinidad actúa independientemente de los otros o aisladamente de los otros. La acción de cada uno es la acción de todos; la acción de todos es la acción de cada uno. Y la acción divina es esencialmente una.

 

Un solo Dios: Un solo conocimiento divino, un solo  amor divino

Ya que cada Persona de la Trinidad es una con las otras, cada una conoce la misma Verdad y ejerce el mismo Amor. El conocimiento de cada una es el conocimiento de todas; y el Amor de cada una es el Amor de todas.

 

Si consideramos a las tres en distinción, cada Persona de la Trinidad conoce y ama a las otras con tal perfección absoluta, con tal conocimiento y tal amor que no existe nada desconocido ni tampoco nada que no sea amado de cada una en las otras. Así también, si el conocimiento de los hombres como criaturas puede unir a los espíritus en completa unanimidad, y si el amor de los hombres como criaturas puede reunir los seres distintos en un solo corazón y un alma, y aun en una sola carne, cuan más perfecta y absolutamente más unificadora debe ser la unión cuando los que se conocen y los que se aman son eternos y divinos.

 

 

 

Las tres Personas Divinas

 

En la terminología ortodoxa, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se llaman las tres Personas Divinas. Aquí “Persona” indica simplemente el sujeto de existencia y vida, hipóstasis, en el lenguaje tradicional de la Iglesia.

 

Así como la existencia, la esencia o naturaleza de una realidad responde a la pregunta "¿qué?", la persona de esta realidad responde a la pregunta "¿cual?" o "¿quien?" Así, cuando preguntamos, "¿Que es Dios?", respondemos que Dios es lo divino, perfecto, eterno, absoluto... y cuando preguntamos "¿Quien es Dios?", respondemos que Dios es el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

 

Los santos de la Iglesia han explicado esta tri-unidad (unidad triple) de Dios ayudándose de un ejemplo tomado de la existencia terrenal. Vemos a tres hombres. "¿Que son?", preguntamos.Y respondemos: "Son seres humanos". Cada uno de ellos es un hombre, poseyendo la misma humanidad y la misma naturaleza humana que se puede definir como: creada, temporal, física, racional, etc. En “lo” que ellos son, los tres hombres son una sola y misma cosa, seres humanos. Pero en “quienes” son, son tres, cada uno siendo absolutamente único y distinto de los otros. Cada hombre, en su propia y única forma, es un hombre diferente. Un hombre no es el otro, aunque cada hombre sea también humano, con una y la misma naturaleza y forma humana.

 

Ahora hablando de Dios, del mismo modo podemos preguntar: "¿Que es El?". Y en respuesta decimos que es Dios, la perfección absoluta: "inefable, inconcebible, invisible, incomprensible, siempre existiendo y eternamente igual”. Entonces preguntamos, "¿Quien es El?", y respondemos que El es la Trinidad:  Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

En “quien” es Dios, existen tres Personas siendo cada una absolutamente única y distinta. Cada una no es la otra, aunque cada una sea divina, de la misma naturaleza y forma divina. Es por lo que, aún siendo uno en cuanto lo que son, el Padre, Hijo y Espíritu Santo no dejan de ser tres cuando se necesita responder a la pregunta “¿ quienes son?”. Y por razón de que y quienes son (es decir, personas divinas, no creadas),  Ellas son indivisibles y perfectamente unidas en su existencia sin tiempo, sin espacio, sin dimensión y sin forma, supra-substancial, tanto como en su divina unidad: vida, conocimiento, amor, bondad, poder, voluntad, acción, etc.

 

Así, según la Tradición Ortodoxa, es el misterio de Dios que sean Tres quienes son divinos; Tres que viven y actúan según la única y misma divina perfección, y no obstante cada uno según su personalidad distinta y su unicidad. Así se dice que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son cada uno divinos con la misma divinidad, pero cada uno de su propia forma divina. Y como la divinidad increada tiene tres sujetos divinos; así cada acción divina tiene tres divinos autores;  hay tres aspectos divinos a cada acción de Dios, pero esta acción permanece una.

 

Por lo tanto, descubrimos un Dios: el Padre Todopoderoso con su Único Hijo (Imagen y Verbo del Padre) y Su Único Espíritu Santo. Existe Un Solo Dios Viviente con Su Unica Perfecta Vida Divina, Quien es la persona del Hijo, con Su Único Espíritu de Vida. Hay un solo Dios Verdadero, con Su Divina y Unica Verdad, Quien es la persona del Hijo, con Su Único Espíritu de la Verdad. Existe Un Solo Dios sabio y amante  con Su Unica Sabiduría y Su Único Amor, Quien es la  persona del Hijo, con Su Único Espíritu de Sabiduría y de Amor. Los ejemplos podrían seguir indefinidamente: el Padre Divino personificando todos los aspectos de Su Divinidad en Su  Divino Hijo Único, Quien es animado en persona por Su Único Espíritu Divino. Veremos las implicaciones vivas de la Trinidad cuando examinaremos la actividad de Dios hacia el hombre y el mundo.

 

 

La Santa Trinidad en la Creación

 

Dios el Padre creó el mundo mediante el Hijo (Verbo - Palabra) en el Espíritu Santo. La Palabra de Dios está presente en todo lo que existe haciéndolo existir mediante el poder del Espíritu. También la doctrina Ortodoxa enseña que  el universo mismo es una revelación de Dios en la Palabra y el Espíritu. La Palabra está en todo lo que existe, siendo la causa de esta existencia, y el Espíritu está en todo lo que existe como el poder y la vida de esta existencia.

 

Todo esto es particularmente evidente en la criatura especial de Dios: el hombre. El hombre es creado a la imagen de Dios, y así lleva dentro de si la semejanza de Dios que es eterna y perfectamente expresada en el Divino Hijo de Dios, la Imagen Absoluta y No-Creada  del Padre. Así, el hombre es "lógico"; es decir, participa en el Logos de Dios (el Hijo y Verbo) y entonces es libre, consciente,  amante, reflejando en el nivel de criatura la naturaleza de Dios, la misma que  el Hijo No-Creado lo hace al nivel de la divinidad (ver 2Corintios 3,18).

 

El hombre también es "espiritual"; es el templo del Espíritu de Dios. El Soplo de  Vida de Dios es insuflado en el hombre de una forma  especial. Así, entre todas las criaturas, sólo el hombre tiene el poder de imitar a Dios y participar en Su Vida. EL hombre tiene la aptitud y la capacidad de llegar a ser Hijo de Dios, reflejando el Hijo Eterno, y reflejando la naturaleza divina, porque es inspirado por el Espíritu Santo de una forma única. Por esta razón un santo de la Iglesia ha dicho que para que el hombre sea hombre, debe tener el Espíritu de Dios en él. Es solamente entonces que puede cumplir su humanidad; únicamente entonces puede ser transformado en un verdadero Hijo de Dios, semejante al Unigénito.

 

Al nivel más fundamental de la creación, por lo tanto, vemos las dimensiones trinitarias del ser y de la acción de Dios: el Verbo y el Espíritu de Dios entran en el hombre y en el mundo para permitirles existir y llegar a ser lo que el Padre ha querido para su existencia.

 

 

La Santísima Trinidad en la Salvación

Con el fracaso del hombre de realizarse en su unicidad creada, Dios emprende la obra especial de la salvación. El Padre envía a su Hijo (Verbo-Palabra) y Su Espíritu con una nueva misión. El Verbo y el Espíritu llegan a los Santos del Antiguo Testamento para revelar el Padre y hacerlo conocer. El Verbo (Palabra) "se encarna" en cierta forma, en la Ley  (que en hebreo se llama "las Palabras") que es inspirada por el Espíritu. El Espíritu inspira a los profetas a proclamar la Palabra de Dios. Es así que la Ley y los Profetas son revelaciones de Dios en Su Palabra y en Su Espíritu. Son revelaciones parciales, "sombras" (como el Nuevo Testamento se refiere a ellos), prefigurando la revelación total del "cumplimiento de los tiempos" y preparando Su llegada (Gálatas 4,4).

 

Cuando llega el cumplimiento de los tiempos y el mundo está ya preparado, la Palabra y el Espíritu llegan nuevamente, no más por su sola acción y poder, sino que esta vez en sus propias personas, para habitar personalmente en el mundo.

 

El Verbo (Palabra) se encarna. El Hijo Unigénito nace comola persona humana de Jesús de Nazareth. Y el Espíritu Santo, que está en El y que es enviado por El, permite  a todos los hombres de llegar a ser también hijos del Padre, en un desarrollo eterno hacia Su perfección, creciendo siempre para alcanzar "al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo". (Efesios 4:13).

 

Así, en el Nuevo Testamento tenemos la plena epifanía de Dios, la completa manifestación de la Santísima Trinidad: el Padre mediante el Hijo en el Espíritu Santo, para nosotros; y nosotros en el Espíritu mediante el Hijo al Padre.

 

 

La Santísima Trinidad en la Iglesia

 

La vida de la Iglesia es la vida de los hombres en la Santa Trinidad. En la Iglesia, todos llegan a ser Uno en Cristo, todos se revisten de la humanidad deificada del Hijo de Dios. "Todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo". (Gálatas 3:27). La unidad de la Iglesia es la unidad de muchos en uno solo, el Único Cuerpo de Cristo, el único Templo Vivo de Dios, el único pueblo y familia de Dios.

 

Dentro del cuerpo uno, hay muchos miembros individuales. Muchas "piedras vivas" constituyen el templo vivo. Muchos hermanos y hermanas constituyen la familia única de la cual Dios es El Padre. La única diversidad de cada miembro del Cuerpo único de Cristo es garantizada por la presencia del Espíritu Santo. Cada persona única es inspirada por el Espíritu Santo para ser un verdadero ser humano, un verdadero Hijo de Dios según su propia y distinta manera. Así, como el Cuerpo de la Iglesia es Uno en Cristo, el Espíritu Santo único otorga a cada miembro la posibilidad de realizarse en Dios y así de llegar a ser uno con los demás en llamar Dios "Padre". (Véase I Corintios 12).

 

La Iglesia, entonces, como unidad perfecta de muchas personas en un organismo plenamente unido, es el reflejo de la Trinidad misma. Pues, la Iglesia, siendo constituida por muchas personas, únicas y diferentes, está llamada a ser un espíritu, un corazón, una alma y un cuerpo en la Verdad y el Amor Unicos de Dios. El llamado de la Iglesia de ser Una en todas las cosas es el prototipo de la vocación de toda la humanidad que fue creada originalmente por Dios como muchas personas en una naturaleza, destinadas por Dios para un crecimiento mas y mas perfecto en la libre unidad de la Verdad y el Amor, en la vida del Reino de Dios.

 

 

La Santa Trinidad en los Sacramentos

 

Los sacramentos de la Iglesia corresponden al carácter Trinitario de la vida de Dios y el hombre. Cada persona es bautizada por el Espíritu Santo en la humanidad única de Cristo. Siendo bautizada, a cada persona se le otorga "el  sello del don del Espíritu Santo" de Dios en la crismación, para llegar a ser un "cristo", es decir, un hijo de Dios ungido para vivir la vida de Cristo.

 

En el matrimonio la unión de dos en “una sola carne” hace que esta nueva unión sea un reflejo de la unidad de la Trinidad y de la unión de Cristo y la Iglesia. Pues la familia compuesta de muchas personas unidas en una sola verdad y un solo amor es ciertamente la manifestación de la familia del Reino de Dios, y de Dios mismo, la Santísima Trinidad.

 

En la penitencia, renovamos nuestra nueva vida como hijos del Padre mediante la gracia de Cristo por el poder del Espíritu Santo, siendo  perdonados y reunidos en la unidad de Dios en el seno de Su Iglesia.

 

En la Santa Unción el Espíritu unge al que sufre para sufrir y morir en Cristo, y así sea curado y acceda a la vida con el Padre para toda la eternidad.

 

El Sacerdocio, el ministerio de la Iglesia, es simplemente la manifestación concreta en la Iglesia de la presencia de Cristo por el mismo Espíritu Santo Quien hace accesible a todos los hombres la acción del Padre y el camino a la comunión eterna en El y con El.

 

Finalmente, el "misterio de los misterios", la Santa Eucaristía, es la experiencia real de todo el pueblo cristiano conducido a la comunión con Dios el Padre por el poder del Espíritu Santo mediante Cristo el Hijo, quien está supresente en la Palabra del Evangelio y en la Cena Pascual de Su Cuerpo y Sangre que se comen en memoria de El. El mismo movimiento de la Divina Liturgia - hacia el Padre mediante Cristo la Palabra y el Cordero, en el poder del Espíritu Santo - es el vivo símbolo sacramental de nuestro movimiento eterno  hacia Dios y en El, la Santísima Trinidad.

 

Inclusive la oración cristiana, alcanzada en la tercera persona de la Divinidad, es la revelación de la Trinidad. Si los hombres, inspirados por el Espíritu Santo, pueden llamar a Dios "Padre nuestro", es solamente porque el Hijo les ha enseñado y capacitado para hacerlo. Así también, la verdadera oración de los Cristianos no es el clamor de nuestras almas, desde su aislamiento terrestre, a un Dios lejano. Es la oración en nosotros del Divino Hijo de Dios dirigida a Su Padre, realizada en nosotros por el Espíritu Santo.

 

"Hemos recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: Abba, Padre!. El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios... pues nosotros no sabemos como pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros..."

Romanos 8:15-16, 26

 

 

La Santísima Trinidad en la Vida Cristiana

 

El nuevo mandamiento de la vida cristiana es "sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto". (Mateo 5:48). Es amar como Cristo mismo ha amado. "Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado". (Juan 15:12). Los hombres no pueden vivir la vida cristiana imitando la perfección de Dios sin la gracia del Espíritu Santo. Sin embargo, con el poder de Dios, lo que es imposible para los hombres llega a ser posible. "Porque todo es posible para Dios". (Marcos 10:27).

 

La vida Cristiana es la vida de Dios realizada en los hombres por el Espíritu de Cristo. Los hombres pueden vivir como Cristo ha vivido, haciendo las cosas que El hacia, llegando a ser hijos de Dios en El por el poder del Espíritu Santo. Así, una vez mas, la vida Cristiana es una vida Trinitaria.

 

Mediante el Espíritu Santo otorgado por Dios mediante Cristo, los hombres pueden compartir la vida, el amor, la verdad, la libertad, la bondad, la santidad, la sabiduría y el conocimiento de Dios mismo. Es esta convicción y esta experiencia que ha llevado a la Iglesia Ortodoxa ha afirmar que la esencia del cristianismo es "la adquisición del Espíritu Santo" y la "deificación" del hombre por la gracia de Dios, es lo que se llama "teosis".

 

Los Santos de la Iglesia son Unánimes en proclamar que la vida cristiana es la participación auténtica y perfectamente realista en la vida de la Santísima Trinidad. Es la vida de los hombres en camino de divinización. En los aspectos aun más pequeños de la vida diaria los cristianos están llamados a vivir la vida de Dios el Padre que les es comunicada por Cristo, el Hijo de Dios, y que se vuelve posible por el Espíritu Santo que vive  y actúa en ellos.

 

 

La Santísima Trinidad en la Vida Eterna

 

Al fin de los siglos, Cristo volverá en la gloria de Dios el Padre. El hará que sea conocido el Padre en toda la creación. El Espíritu Santo todo lo llenará y hará posible la unión de todo y de todos con Dios mediante Cristo para toda la eternidad. Nuevamente tenemos la presencia y acción de la Santísima Trinidad.

 

Lo que conocemos y experimentamos ahora en el mundo como miembros de la Iglesia será manifestado con poder en la vida del Reino que ha de venir. La esencia de la vida eterna es la vida de la Santísima Trinidad, la misma vida eterna que ya nos ha sido otorgada en el misterio de la fe.

 

"No vi santuario alguno en ella; porque el Señor, el Dios Todopoderoso, y el Cordero, es Su Santuario. Y la ciudad no necesita ni de sol ni de luna que la alumbren, porque la ilumina la gloria de Dios, y su lámpara es el Cordero...

El trono de Dios y del Cordero (Cristo estará en la ciudad y los siervos de Dios verán su rostro...

Y el Espíritu y la Novia (la Iglesia) dicen: "Ven".

Apocalipsis 21:22-23; 22:17

 

En la vida eterna del Reino de Dios, el Espíritu Santo llenará toda la creación: el padre mediante el Hijo en el Espíritu Santo. Todo hombre iluminado por Cristo en el Espíritu conocerá el Padre invisible. "Esta es la vida eterna: que te reconozcan a ti, el Único Dios Verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo" (Juan 17:3). Tal conocimiento es posible solamente por la morada del Espíritu Santo, "la plenitud del Aquel que todo lo llena en todo". (Efesios 1:23; 2:22).

 

"Venid, oh Pueblos!. Adoremos la Divinidad Tri-Personal, el Hijo en el Padre con el Espíritu santo.

Pues antes de todos los siglos el Padre dio a luz al Hijo, co-eterno y entronizado conjuntamente con El.

Y el Espíritu Santo estaba en el Padre, glorificado con el Hijo. Adorando Un Poder, una Esencia, una Divinidad, clamemos:

Oh Santo Dios quien hizo todas las cosas por el Hijo mediante la cooperación del Espíritu Santo!.

Oh Santo Poderoso mediante Quien conocemos el Padre y mediante quien llega el Espíritu Santo al mundo!.

Oh Santo Inmortal, el Espíritu, el Consolador, Quien procede del Padre y permanece en el Hijo!.

Oh Santísima Trinidad, Gloria a Tí!.

Víspera del Pentecostés

 

 

 


[1]Nota del Traductor: en Griego, se usa la expresión Omouglov (homousion), es co-esencial; en latin se usa consubstancial.

[2] Nota del Traductor: En las lenguas del Medio Oriente, como es el caso del arameo y tambien el hebreo, la palabra aj (hermano) tiene un significado diferente por ser más amplia y a veces a los sobrino.

[3]Nota del traductor: Existen avanzadas conversaciones en el dialogo ortodoxo con los No-Calcedónios.

[4]Nota del Traductor: Se llamaba "Studita" pues era el Monasterio Studion.

 

 

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