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  Iglesiaortodoxa

Cursos Bíblicos 2012


Taller de Iconografía
San Nicolás

Viernes 18:00 Hrs.

 Sábado 16:00 Hrs.

$30.000. Mensuales.


Iglesia Ortodoxa de la Santísima Virgen María

Párroco: Padre Francisco Salvador

Av. Pedro de Valdivia 92

Providencia - Santiago - Chile

Teléfonos: 2317284 - 2320860

iglesia@iglesiaortodoxa.cl

Cada Domingo

11:00 Matutinos

12:00 Divina Liturgia

13:00 Escuela Dominical, para los Niños - Café comunitario, para los adultos

Cada Lunes

16:00 Visita Solidaria al Hogar de Niñas

Cada Miércoles

19:30 Divina Liturgia

20:30 Unción de los Enfermos

20:45 Curso Bíblico

Cada Viernes

18:00 taller de Iconografía

Cada Sábado

16:00 taller de Iconografía


Juan X
Nuevo Patriarca de Antioquía y todo el Oriente

MENSAJE DE NAVIDAD

Primeras Palabras:

Palabras del Patriarca electo Juan X (Yazigi)

"Sus Eminencias, hermanos y padres, venerables miembros del Santo Sínodo de Antioquía
Queridos todos:
¿Qué creen que puede pronunciar en un momento como este un hombre tomado por el Espíritu Santo en las manos de los Padres del Santo Sínodo de Antioquía para servir en esta posición?
No puedo olvidar el día en que fui ordenado Obispo. Tampoco olvido el
día en que fui designado Arzobispo, cuando postrado frente al Santo Altar, se me puso sobre la cabeza el libro de los Evangelios, esto es, la Palabra del Señor, y entonces el Patriarca y los demás Obispos invocaron al Espíritu Santo.
Este Evangelio, por sus oraciones y por su amor, está abierto sobre mi cabeza. Y me dice y me recuerda lo que el Señor le dijo al Apóstol Pedro: ¿Me amas? Él dijo que sí. Entonces, apacienta mis ovejas. Esto es lo que tengo sobre mi cabeza para ocupar este lugar. Tampoco me olvido de mi Señor que fue crucificado porque este servicio es una cruz. Padres y hermanos, pido sus súplicas y oraciones para estar juntos tomados de las manos para hacer de la Iglesia de Antioquia una digna Novia de Cristo.
A quienes conocemos son a nuestros jóvenes, nuestras jóvenes y nuestros niños. Lo que quiero decir y me dedicaré a esto en este bendito servicio en el que me han colocado, es pedir sus oraciones para que el Señor me fortalezca. Todos somos conscientes que nuestro pueblo es bueno y que servirlo es gratificante y llena de alegría nuestros corazones. Somos de este país. Nuestra tierra es parte de nosotros y nosotros somos parte de ella. Les pido que recordemos siempre la oración del Señor a Su Padre: “Que sean Uno como Tu y Yo somos uno”. Seamos uno en el pastoreo y el cuidado de nuestra gente; trabajemos en hacer de nuestra Iglesia la Iglesia resplandeciente vestida de blanco como Novia que de testimonio de nuestro Señor para que sea vista por la gente y glorifiquen al Padre que está en los cielos".


Su Beatitud Juan X (Yazigi) nació en 1955 en la ciudad de Latakia, Siria. Vivió y estudió en las escuelas de la ciudad, y se graduó de la Universidad de Teshreen con una Licenciatura en Ingeniería Civil.
 
Durante sus estudios, jugó un papel importante con los jóvenes líderes y la enseñanza de la música bizantina. Como joven en la Iglesia, su labor fue fructífera, ya que condujo a la creación de una escuela de música bizantina y muchos programas espirituales para jóvenes. Por la bendición de Dios, su trabajo condujo a un gran avivamiento espiritual entre su generación.

En 1978, Su Beatitud se graduó del  Instituto de Teología de San Juan de Damasco de la Universidad de Balamand, con una Licenciatura en Teología. En 1983 él ganó con alto Honor su doctorado en Liturgia en la Universidad de Tesalónica, Grecia.

Desde 1981, fue profesor de los cursos de Liturgia de la Universidad del Balamand. Durante los períodos de 1988-1991 y 2001-2005 se desempeñó como Decano del Instituto de Teología.

Además, fue nombrado abad del monasterio patriarcal de San Jorge Al Humayrah, Siria, en el período de 1993 - 2005 Su Beatitud fundó una comunidad monástica y una escuela de estudios eclesiásticos.
 
Su Eminencia también se convirtió en el abad del Monasterio patriarcal de Nuestra Señora del Balamand, en el Líbano, en los años 2001-2005. En la actualidad.

En 1995, el Santo Sínodo de Antioquía lo eligió como el obispo de Pyrgou, un área llamada en árabe Wadi An-Nasara o Al-Hosn. Se desempeñó en las parroquias hasta el 2008, cuando fue elegido metropolitano de Europa occidental y central.

Además de su cuidado pastoral en las parroquias, ha participado en numerosas actividades en todo el mundo en el ámbito ecuménico cristiano.

Ha participado en numerosas conferencias internacionales, en particular en Grecia, Italia, Suiza, Chipre, Estados Unidos de América, Rusia y el Reino Unido.

Su Beatitud es el autor de varios libros sobre teología, educación, música y liturgia.

Ha publicado una serie de estudios litúrgicos. Editó los libros litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa en árabe, y más concretamente los libros litúrgicos de los arzobispos, sacerdotes, diáconos.

Además, tradujo y escribió muchos artículos, y dio muchas conferencias en diferentes universidades, parroquias e institutos.

Fue elegido Patriarca por el Santo Sínodo, el 17 de diciembre de 2012.


MENSAJE DE NAVIDAD

Por Misericordia de Dios
Juan Décimo - Patriarca de la Iglesia Ortodoxa de Antioquía y todo Oriente
A Mis hermanos los pastores de la Santa Iglesia Antioquena
Y a mis hijos en todos los extremos de esta Sede Apostólica

Estas fiestas salvíficas llegan a nosotros en medio de acontecimientos que le ha tocado vivir a nuestra Iglesia Antioquena. En primer lugar, la pérdida de nuestro Padre el Patriarca Ignacio IV quien fue nuestro pastor con esmero y fidelidad por varias décadas. Su memoria permanecerá en nuestras mentes y corazones constantemente y será eterna junto a Dios a quien sirvió toda su vida. Además, nuestra Iglesia sufre de condiciones trágicas que experimenta nuestro pueblo como consecuencia de la violencia y el desorden que impera en la región.

La Gracia del Espíritu Santo quiso los hermanos del Santo Sínodo me elijan como sucesor de este pontificado mayor, aunque no me sienta digno del mismo, pero mi confianza en Dios y en ustedes, hermanos e hijos de mi Iglesia, me fortalece y me hace ver con esperanza el auxilio divino que me permitirá superar las adversidades y avanzar hacia un futuro mejor.

En medio de estos acontecimientos, ustedes han dejado en mi corazón la certeza de haber vivido este período como el pueblo de Dios Viviente y lo han demostrado con tres actitudes: con su sentimiento cuando expresaron sus condolencias por mi antecesor, con la oración, el ayuno y la esperanza durante el período anterior a la elección y, finalmente, con la alegría, el gozo y la paz que se manifestaron después de la elección. Todo esto me lleva a estar agradecido y orgulloso de ustedes y a mantener la ferviente esperanza en el cuerpo indiviso de nuestra Iglesia.

Y he aquí que el Niño viene a nosotros en un pesebre para morir por nosotros y para recordarnos que Él está con nosotros, que nos habla y que confía en nosotros para transmitir el mensaje de paz y amor que Él divulgó a cada uno de nosotros y a todo el mundo. Viene a nosotros humildemente, llamando a la puerta de nuestros corazones con cuidado como si quisiera nacer ahí. La Navidad no es sólo la conmemoración del nacimiento de Jesús en un pesebre de la Virgen Madre de Dios, sino que está llamado a ser la fiesta de su nacimiento en nosotros que sucederá si nos esforzamos por llegar a la pureza de la Virgen María. El nacimiento de Jesús en nosotros debe hacernos renovar nuestro compromiso con sus enseñanzas y nuestro esfuerzo por ser Su Iglesia sin mancha y sin debilidad, sino pura y resplandeciente con su Santo Espíritu. Así seremos conscientes de que la Iglesia de Cristo es nuestra madre y que los pastores y la feligresía están llamados a ser sus apóstoles invitando a sus hermanos en el mundo a la reconciliación y a la no violencia para que prevalezca la paz.

El mundo no se convencerá si no siente el amor en abundancia de los seguidores de Jesús y su servicio.
La Iglesia es nuestra madre. Cada uno de ustedes es importante y su lugar es único en ella. Ustedes tienen el derecho de reclamar a sus pastores por una buena pastoral; y el pastor, en todos los niveles de su ministerio, debe salir al encuentro de los fieles, escuchar sus problemas y esforzarse por ayudarles y por responder a sus preguntas existenciales.
Ustedes, quienes obedecen a la palabra de Dios y se esfuerzan insistentemente por identificarse con ella, también tienen el derecho a opinar y a proporcionar soluciones a los asuntos de la Iglesia, puesto que todos los hijos, junto al Señor de la familia, velan por el futuro de la familia.

Esta Navidad llega a nosotros cuando muchos de los hijos de nuestra Iglesia están desplazados, lejos de sus hogares y están sufriendo mucho. Tenemos el deber de hermanos de acogerlos y acompañarlos no solo con dinero y la asistencia material necesaria, sino también sirviéndolos con ternura y caridad.
Esta Navidad llega a nosotros cuando nuestro pueblo enfrenta muchos cambios y desafíos en un mundo que se vale cada vez menos de los conceptos tradicionales haciendo de la violencia y el deseo por el consumo y la posesión una nueva ley de vida. Los gastos excesivos que acompañan a esta fiesta, la fiesta del pobre de Belén, deben ser una advertencia a fin de concientizarnos de que hemos sometido nuestras vidas a leyes semejantes. Y así como nos hemos acostumbrado a ofrecer mutualmente regalos como los Reyes Magos lo hicieron con el Señor Jesús, expresemos también nuestro amor por el Niño Dios que viene a nosotros –tal como Él nos convoca- dando de comer al hambriento, visitando al enfermo, dando hospedaje al desamparado y ofreciendo todo lo que esté a nuestro alcance.
Esta navidad llega a nosotros cuando muchos en nuestros países se cuestionan su avenir.
Hermanos, el Niño del pesebre nos dice: No teman porque yo estoy con ustedes. No teman porque ustedes son hermanos llamados a la colaboración y a la asistencia mutua. No teman porque son el pueblo de estas tierras en las que Dios quiso desde antaño que se multipliquen. No teman porque aquí tienen muchos hermanos que viven según el amor y la buena convivencia.
No teman ni se ofusquen sino que reciban a todos con aprecio, alegría y confianza plena en su Dios que es el Dios del amor y quien es, Él mismo, amor. Sean instrumentos de la reconciliación y del diálogo profundo.
Celebramos esta Navidad con nuestros hermanos cristianos. Por ello rezamos para que Dios nos permita profundizar el diálogo con todos ellos y para que lleguemos a la unión que Dios espera y sin la cual no creerá el mundo que Jesús fue enviado por el Padre.
Celebremos también con nuestros hermanos musulmanes quienes reverencian a Cristo Señor, y confiesan su nacimiento virginal de María Virgen tal como Dios lo dispuso. Por lo tanto, los hacemos partícipes de nuestra fiesta si sabemos dialogar con ellos en el diálogo de la vida, la convivencia y el acuerdo sobre los conceptos que nos unen en nuestra religión y nuestro mundo.
Hermanos, postrémonos ante el Niño del pesebre que quiso habitar entre nosotros.
No me resta más que dirigirme a nuestros hijos que fijan sus miradas en nosotros desde todo el mundo, a nuestros hijos en el Golfo Árabe, en Europa, en Australia y en las Américas. Ustedes están en mi corazón desde que los conocí en mis viajes y los encontré en mi obra pastoral. Ustedes son realmente una expresión verdadera de la apostolicidad de Antioquia hoy en los países en los que viven. Su amor por Antioquía y su manera de vivir la fe me compromete hoy más que ayer a mancomunarnos en el servicio de la Iglesia y ofrecer un testimonio vivo de nuestra unidad y amor.
Así seremos testigos del Señor en el mundo y nuestra Iglesia Antioquena será fiel a su historia que resplandece con la luz de sus mártires y santos. No hay otro camino para nosotros que la santidad que todo lo hace posible.
Les envío mi bendición apostólica afirmando que llevo a cada uno de ustedes en mi corazón y pido a Dios que me haga su siervo fiel para ustedes y que trabajemos juntos para la gloria de Dios en el hombre que amó y en la Iglesia que lleva su Nombre en este mundo.
Emitido en la sede patriarcal de Damasco - Con fecha 20 de diciembre de 2012
   
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